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Nueve trucos para regar las plantas sin ahogarlas

Vigile aspectos como las macetas, la época del año o el horario

Elena Martín López
ELENA MARTÍN LÓPEZ Madrid

Hay quien tiene tan poca mano con las plantas que termina optando por comprarlas de plástico. Es cierto, no es tan fácil como parece. Quizás por eso están tan de moda los cactus, que sobreviven incluso aunque llevemos meses sin regarlos, aunque eso «no significa que no sufran la sequía o que no agradezcan que los reguemos más a menudo», advierte Óscar Aranda, biólogo, jardinero y escritor.

Él nos da unos sencillos trucos para regar correctamente. De modo que, si usted es de los que todavía no ha desistido de intentar dominar el arte de la jardinería, no dude en aplicarlos y verá sus macetas rebosar de vida.

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Mejor de barro

Las macetas

Cuando compramos una planta, la maceta que trae consigo suele ser de plástico y tener muchos orificios en la base. «Es un tipo de recipiente muy práctico para los viveros, donde se hacen riegos muy abundantes, porque permite que la planta no se encharque y crezca más rápido para su venta, pero no es el lugar idóneo para que viva de forma permanente», explica Aranda.

Por ello, una vez en casa, el jardinero recomienda el trasplante a una maceta algo más grande que la original. Idealmente, de barro, material que permite que la tierra se oxigene mejor, a diferencia de los tiestos de plástico o de cerámica. Un truco útil es poner dos dedos de grava en el fondo, y encima la tierra, para que sirva de drenaje.

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Siempre húmeda

La tierra

El tipo de sustrato también influye a la hora de regar. El que sostiene la planta cuando la compramos no es suficiente, pues «es extremadamente permeable y no retiene prácticamente el agua», afirma Aranda.

Para elegir la tierra, el biólogo recuerda que «los sacos que venden en las tiendas de todo a cien son baratos pero no suelen ser de buena calidad. «Vale la pena ir a un centro especializado donde te puedan indicar cuál es el sustrato ideal según qué plantas vayas a trasplantar (verdes, con flor, cactus, orquídeas…)».

La tierra también nos ayuda a saber si estamos regando de forma adecuada. «Hay plantas más resistentes a la deshidratación, como el ficus o los geranios, que no sufren tanto la sequía, pero lo mejor es que el terreno conserve siempre algo de humedad (¡ojo! no que esté empapado), porque el agua no solo alimenta a las plantas, también permite que en la tierra vivan microorganismos que ayudan a las planta a asimilar nutrientes».

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Más o menos delicadas

El tipo de planta

Es interesante informarnos sobre la planta que vamos a mantener antes de regarla, porque no todas necesitan la misma dedicación. Por ejemplo, las begonias o las petunias son delicadas y se deshidratan rápido, por lo que necesitan más riego. Por su parte, las plantas crasas (cactus, aloe vera, jade…) soportan mejor la sequía.

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Tiempo y orientación

El lugar donde vivimos

Las condiciones meteorológicas de Andalucía no son las mismas que las del País Vasco, así que el riego también varía en función del lugar donde vivimos. «En el Mediterráneo, la radiación solar reseca más la tierra que en el norte de España, donde esta es más rica y suave porque llueve más», señala el especialista.

Además, debemos tener en cuenta la orientación de nuestra casa, pues no es lo mismo que dé al norte, donde es probable que las plantas no reciban casi luz, a que dé al este, donde recibirán luz durante toda la mañana, por ejemplo.

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Mejor con regadera

El agua y las herramientas

La zona también determina la calidad del agua. Para regar, se recomienda el agua con acidez neutra. «El agua con un pH superior a 8, común en el Mediterráneo, no es tan buena porque forma manchas en las hojas y provoca que las plantas pierdan brillo, lo que dificulta la absorción de la luz», cuenta Aranda. «Lo ideal en estos casos es que reguemos sin mojar el follaje», agrega.

¿La herramienta perfecta para hacerlo? Una buena regadera o, si lo hacemos con manguera, mejor con un cabezal que proyecte el agua en forma de lluvia y no de chorro, porque «la caída de las gotas es menos agresiva y no desplaza la tierra», afirma.

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En verano crecen

La estación del año

El verano, además de la época del año de más calor, es la etapa de crecimiento de las plantas, por lo que necesitan más agua. «Con regar un par de veces por semana las macetas pequeñas a las que les da mucho el sol sería suficiente», sugiere Aranda. «De cara al otoño y el invierno se debe regar menos y distanciar más los riegos, porque la planta ya no necesita tanta energía para crecer».

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Después de atardecer

El horario

En cuanto a la hora, «lo ideal es regar temprano, o después del atardecer, y evitar las horas de sol, porque los rayos solares hacen un efecto lupa al atravesar las gotas de agua que quedan suspendidas en las hojas y pueden quemarlas», alerta. «Aparte de que gran parte del agua se evapora y es un gasto enorme, así que no compensa». Un caso especial es el del césped, que es preferible regarlo por la noche.

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Pérdida de humedad

Tras la poda

Tras la siega o la poda, es imprescindible regar, porque cuando cortamos las plantas estas pierden humedad. Sobre esta práctica, Aranda indica que hay que tener cuidado de no podar en exceso y siempre dejar alguna rama sin tocar, porque son las hojas las que producen la energía y si las cortamos todas hacemos que la planta se esfuerce hasta el límite para sacar nuevos brotes. La poda no debe hacerse tampoco en las horas centrales del día.

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Hojas secas y caídas

Los avisos

Cuando a una planta le falta agua nos avisa. Primero, mostrando la tierra seca; luego, la punta de las hojas amarillenta o marchita; después, con la caída de las flores y, en una fase más avanzada, con la caída de las hojas.

Para intentar revertir una situación de grave deshidratación, Aranda da la posibilidad de sumergir la planta en un cubo lleno de agua hasta la mitad. «Cuando la planta deje de burbujear estará suficientemente mojada y podremos devolverla a su sitio».