¿Qué tiene que ver la deforestación con la covid-19?

El 70% de las epidemias surge al destruir los hábitats naturales

Isabel Ibáñez
ISABEL IBÁÑEZ

No acabamos de entender qué tiene que ver una cosa con la otra porque a priori resulta difícil ligar la deforestación que sufre la Amazonía con el covid-19 que ha acabado con la vida de 2,5 millones de personas en todo el mundo, entre otros muchos desastres provocados. Y no es que la pérdida de biodiversidad, es decir, la desaparición de especies animales no tenga importancia en sí misma, sino que el ser humano parece necesitar una amenaza directa a su propia especie para asumir su responsabilidad y tomar decisiones que frenen la crisis climática en la que estamos envueltos, una catástrofe para la que no habrá vuelta atrás ni mascarillas de las que quejarse. A veces ni eso es suficiente.

La OMS asegura que el 70% de los brotes epidémicos registrados en el mundo, ya sea el causado por el actual coronavirus, por el ébola o incluso el sida, tiene su origen en la pérdida de biodiversidad provocada en gran parte por la deforestación, es decir, la destrucción de hábitats naturales como selvas y bosques que supone, a su vez, la extinción de especies o el desequilibrio entre ellas.

Lo explica Fernando Valladares, profesor del Museo Nacional de Ciencias Naturales, perteneciente al Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC): «El ejemplo de la Amazonía parece que queda lejano, aunque vale cualquier ecosistema que esté siendo destruido en cualquier parte del mundo. Pero un trabajador de una actividad forestal en el Amazonas que haya estado en contacto con una especie animal infectada con un virus puede estar en Europa en cuestión de horas, eso es la globalización. Porque cuando degradas o quitas a las especies animales su hábitat, puedes extinguirlas o alterar el equilibrio que rige entre ellas y que cumple funciones muy importantes. Imaginemos a roedores o aves que ven desaparecer a sus depredadores porque el bosque donde viven se ha talado. Y que empiezan a proliferar, con los patógenos que pueden portar y ser peligrosos para el hombre. Mantener saludables los ecosistemas nos asegura que las poblaciones de especies potencialmente 'peligrosas' para nosotros se mantienen reguladas de manera natural».

El hecho de entrar en contacto con especies nuevas, por ejemplo las que viven prácticamente aisladas en las junglas y a las que se accede al deforestar, aumenta las posibilidades de que nos pasen virus nuevos y de riesgo. También al trasladar especies exóticas para venderlas como comida o mascotas en mercados como el de Wuhan, en China, donde pudo empezar la actual pandemia. Explica Valladares cómo esos animales que se cazan y se transportan en jaulas, pasando varios días encerrados y sin apenas comida, «acaban tan estresados que su sistema inmune empieza a fallar y enferman. Los virus que se mantenían a raya se desarrollan y pueden transmitirse al hombre. No es lo mismo un murciélago o cualquier otro animal feliz con los virus a raya que uno estresado que te llevas a casa como mascota y que se convierte en una bomba de patógenos».

Tres estados de biodiversidad

En un primer estado, la biodiversidad funciona de tal modo que cuantas más especies diferentes haya en un hábitat, mejor –vertebrados, invertebrados, grandes animales, pequeños, de sangre fría o caliente...– compitiendo todas entre sí, coexistiendo, comiéndose las unas a otras y también transmitiéndose los virus entre ellas, dificultando que estos pasen al hombre. En un segundo plano, es importante la biodiversidad a un nivel más fino, la que tiene que ver con un mismo grupo de animales, como las aves, por ejemplo, huésped natural del virus del Nilo Occidental transmitido a través de la picadura de mosquito y que mató a siete personas en Andalucía el año pasado. «Las especies similares entre sí –explica Valladares– como las diversas aves que comparten ese patógeno, al ser al mismo tiempo distintas –estorninos, tordos, gorriones, patos...– llevan diferente concentración o carga del virus, con lo que este se diluye entre todas ellas, la prevalencia de la enfermedad baja y el resultado neto es que el riesgo de que pase al ser humano desciende».

Y, en tercer lugar, existe una biodiversidad aún más fina que es la genética, dentro de una misma especie: «Cuando estamos ante un grupo de individuos iguales o parecidos, como sucede en las granjas de pollos o de cerdos, donde todos descienden de un número pequeño de ejemplares, la diversidad genética es muy pequeña y ahí los virus entran y encuentran pocas barreras y mucha facilidad para transmitirse».

Todo esto indica que cuanta más biodiversidad exista, mejor para el ser humano. Valladares lo argumenta con un ejemplo práctico: «Funciona como cuando a una máquina empiezas a quitarle piezas. Un coche sin retrovisor sigue funcionando, pero si sigues suprimiendo partes irá a peor, igual se va a la derecha, o va frenado. Hasta que desaparezcan el volante o las ruedas. La deforestación que causa pérdida de biodiversidad promoverá más zoonosis (enfermedades que se originan al pasar un virus de un animal al ser humano); de hecho, cada vez son más habituales y provocarán más peligros».

Enfermedades por zoonosis (paso de un virus animal al ser humano)

  • Sida: En un primer momento, y como ocurre con la actual pandemia de covid-19, también se habló de que había sido creado en un laboratorio. Posteriores investigaciones demostraron que había partido de los chimpacés y que pasó al ser humano alrededor de 1930, al entrar en contacto la sangre infectada de los monos con heridas y cortes de los hombres durante las cacerías.

  • Ébola: El huésped natural del virus del ébola es un murciélago frugívoro. Pasa a los humanos por contacto con sus órganos, sangre, secreciones..., pero también desde chimpancés, gorilas, monos, antílopes y puercoespines infectados.

  • Virus del Nilo Occidental: El principal huésped del virus del Nilo Occidental son las aves. Los mosquitos lo propagan a otras aves, al ser humano y a los equinos.

  • Dengue, zika y malaria: Estos virus, que tienen como huésped natural a los primates, se transmiten a los humanos a través de la picadura de mosquitos.

  • SARS: Originario de murciélagos, pasó a civetas y, por su consumo, al hombre.

  • Hantavirus: Surge en roedores y se transmite al humano cuando inhala el polvo de sus heces.

  • Covid-19: Viene de murciélagos y no se sabe cómo pasó a los humanos, aunque en un principio se habló de los pangolines.