Tres de las latas de 'Mierda de artista'. / B. Bani/Fondazione Piero Manzoni

¿Sabías que...?

El artista que enlató sus heces... o quizá no

El italiano Piero Manzoni pasó a la historia por su obra 'Mierda de artista', tan controvertida como recordada

Carlos Benito
CARLOS BENITO

En la fábrica del señor conde

'Mierda de artista', la obra más conocida del italiano Piero Manzoni, acaba de cumplir 60 años. Pero, pese a ese largo recorrido, una eternidad en un mundo tan volátil, conserva una vitalidad sorprendente: por ejemplo, es una de las contadas obras de arte contemporáneo que cuentan con su propia página web (www.merdadartista.org), que incluye sección para niños y enlaces donde se pueden adquirir camisetas o tazas con su imagen. Y, por supuesto, ha garantizado la aparición del nombre de Manzoni, que solo vivió 29 años, en todas las historias del arte del siglo XX. En el origen de 'Mierda de artista' se produjo una afortunada conjunción. Por un lado, estaba el propósito de Piero Manzoni de ironizar (bueno, el verbo quizá se quede un poco corto) acerca del mercado del arte. Por otro, estaban las críticas que su padre, el conde Egisto Manzoni, solía realizar de las ocurrencias de su hijo: «Tu arte es una mierda», le decía sin más rodeos. Y a esos dos factores se sumó la circunstancia providencial de que el aristocrático Egisto fuese propietario de una factoría de enlatado. La ecuación solo podía dar un resultado: en 1961, Piero Manzoni presentó la creación que habría de darle fama, una serie de noventa latas numeradas y con una etiqueta bien clara en cuatro idiomas. «Mierda de artista. Contenido neto: 30 gramos. Conservada al natural. Producida y enlatada en mayo de 1961».

Rayas, huevos duros y Umberto Eco

Al comienzo de su carrera, Manzoni era un artista más o menos convencional, pero no tardó en inflamarse de vanguardia y se convirtió en algo así como un escalón intermedio entre el dadá y el arte conceptual. Sus juguetonas ideas quizá no ofrezcan gran cosa desde una perspectiva visual, pero resultan muy entretenidas de contar: huevos cocidos sobre los que imprimía su huella dactilar (y que el público debía comerse en la propia galería), la serie 'Líneas de longitud excepcional' (es decir, rayas de hasta siete kilómetros dibujadas en rollos de papel, que después se encapsulaban en cilindros y que aspiraban a sumar la longitud del Ecuador), 'Respiración de artista' (globos inflados por él mismo y exhibidos sobre una peana de madera) o sus 'Esculturas vivientes' (en las que firmaba a personas como Umberto Eco y las designaba así como obras de arte). Pero 'Mierda de artista', una provocación que ya se anticipaba a los comentarios mediante el doble sentido de su título, ha acabado eclipsando al resto de su producción.

Manzoni, con una de las latas, en un entorno adecuado. / Helene Bagger

¿Y si resulta que solo contienen yeso?

Para tasar 'Mierda de artista', se equiparó el precio de los excrementos de Manzoni con el del oro. En aquel momento, treinta gramos del metal costaban alrededor de 40 dólares, así que las latas se vendían más o menos por ese importe. Podría parecer ridículo rascarse el bolsillo para comprar heces, pero al final se ha revelado como una excelente inversión: en 2007, la Tate Modern londinense adquirió una de las latas por 30.000 dólares; ese mismo año, otra se subastó por 108.000, y en 2016 se vendió una por 300.000. El oro se ha vuelto barato en comparación. Según la Fundación Piero Manzoni, hay en el mundo once museos que poseen al menos uno de los coquetos envases: el que más cerca nos pilla es el Centro Pompidou, en París, orgulloso propietario de la 'Mierda de artista' número 31. Hace algunos años, un amigo de Manzoni publicó en los periódicos que, en realidad, las latas no contienen deposiciones, sino solo treinta gramos de yeso, pero nadie está dispuesto a abrir una para comprobarlo, porque eso hundiría su cotización. Una excepción fue la obra del artista francés Bernard Bazile titulada 'Lata abierta de Piero Manzoni', que consistía precisamente en eso, en una 'Mierda de artista' pasada por el abrelatas, pero el hueco solo permitía ver que dentro había 'algo' envuelto en papel. Bazile también ha dedicado un libro entero a los dueños de alguna de las latas.

Vida y obra: sesenta páginas en blanco

Las estrategias artísticas de Manzoni le sobrevivieron. Cuando murió de un infarto, en 1963, un amigo firmó su certificado de defunción y lo convirtió así en obra de arte. Y su pieza póstuma 'Piero Manzoni: su vida y obra' es un elegante libro con 60 páginas traslúcidas... que están totalmente vacías.

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Italia, Arte