Álvaro Déniz, de rojo, junto a Rayco García. / C7

«Me las he visto muy mal, con las olas pasándome por encima del barco»

Dos marineros de la isla reflexionan sobre los peligros a los que se exponen cuando salen a mar. La tragedia del Pitanxo no pilla tan lejos

Gaumet Florido
GAUMET FLORIDO San Bartolomé de Tirajana

Viven del mar. Le deben mucho, pero saben que no le pueden dar la espalda. Nunca. Ni fiarse en exceso. «Más de una vez me las he visto muy mal, con las olas pasándome por encima del barco». Álvaro Déniz sale a pescar desde hace cuatro años y cuando se entera de tragedias como la producida en Terranova por el Villa de Pitanxo, se ve de alguna manera reflejado. «Te pone otra vez los pies en la tierra, te recuerda que no te puedes fiar porque ninguno de nosotros está libre de sufrir una desgracia así». Máxime en casos como éste, cuando uno de los desaparecidos toca tan de cerca, Manuel Navarro, el biólogo marino hijo de Las Palmas de Gran Canaria que figura entre los desaparecidos por este naufragio en las frías aguas de Canadá.

Déniz es el presidente de la cofradía de pescadores de Castillo del Romeral, en San Bartolomé de Tirajana, que agrupa a 17 embarcaciones y unos 30 marineros o más. Su barco se llama Adoney y no le dice que no a ningún tipo de pesca, desde atunes de 400 kilos a pescados pequeños. Eso sí, lo tiene claro. «No todo es trabajar, así que cuando estoy en tierra y veo que el mar está muy malo, no me la juego, hay que tener mucha precaución». Cuenta que se ayuda de aplicaciones para estar informado al momento de las incidencias meteorológicas. Así y todo, admite que no siempre lo puedes evitar, como le pudo pasar al pesquero gallego. «De repente te sorprende en mitad de la campaña, o de regreso a tierra; el mar y el tiempo son imprevisibles».

También reconoce que, por fortuna, las costas canarias son bastante más tranquilas. Los tramos de litoral más peligrosos, a juicio de Ricardo Ortega, presidente de la cofradía de pescadores de Arguineguín, en Mogán, son los que están entre la Punta del Descojonado y La Aldea y entre el Faro de Maspalomas y Castillo del Romeral. «Cuando se mete viento de fuerza 4 o 5 no hay quien navegue, más vale que no te coja», apunta Ricardo Ortega, todo un veterano, con casi 50 años de faena en el mar. «Pero no puede compararse con lo que puedes vivir en mares como ese de Terranova, allí las olas son como casas». No en vano, el Pitanxo es bastante más grande que las embarcaciones que utilizan estos dos pescadores y, sin embargo, no resistió el embate del mar.

Por fortuna, Ortega nunca se ha visto envuelto en un incidente tan grave. Tampoco Déniz, aunque este último recuerda que no hace mucho un marinero de su barco naufragó entre Gran Canaria y Fuerteventura y se pasó 10 horas en una balsa hasta que pudieron rescatarlo. Todo acabó bien. No fue así en el caso más cercano que recuerda Ortega, cuando un miembro del histórico linaje de los Farías de San Cristóbal, aunque trasladados a Arguineguín, perdió la vida en un desgraciado accidente mientras pescaba merluza.

«Cuando ves cosas como la del barco gallego te recuerda el peligro que corremos, por eso en cuanto veo mala mar, me doy la vuelta, yo no me arriesgo», afirma Ortega, que no oculta su tremenda pena por el final que ha podido tener el joven Navarro. Ve muy difícil que puedan recuoerar su cuerpo. «Es muy triste».