Jonathan López: «Seguimos en shock»

17/04/2019

Un tinerfeño residente en París vio en directo la devastación que ocasionaron las llamas en la catedral parisina y aún ayer seguía conmocionado. «No soy parisino, ni francés, soy canario pero lloré como un parisino más», afirma

Veinticuatro horas después de ver cómo las llamas arrasaban con el techo de la catedral de Notre Dame, en la capital francesa, el tinerfeño Jonathan López seguía ayer conmocionado por lo vivido. Sin duda, ha sido una de las experiencias más intensas vividas en los tres años que lleva residiendo en París desde que se mudó para trabajar para Hermes Internacional. «Caminé por la zona esta mañana [la mañana de ayer para el lector] y vi incluso a la gente recogiendo trozos de madera y ceniza de las que cayeron para guardarlas como recuerdo. Seguimos en shock», explica. Ayer, la capital francesa amanecía totalmente conmocionada y devastada por lo acontecido desde las 18.30 horas del lunes, cuando comenzó el fatídico incendio, hasta bien entrada la madrugada de ayer.

«Hoy [ayer para el lector] ha sido una verdadera locura porque hay muchos metros que pasan por la zona, por Saint Michel, ha estado todo bloqueado y va a seguir así porque el perímetro está cercado y siguen trabajando en la zona. Los bomberos estuvieron hasta las 03.30 horas. He estado despierto toda la noche por la conmoción del momento. El sentimiento que se vive es de pena. Ya de por sí los parisinos son muy serios, pero hoy se siente la pena», explica.

Dentro de lo peor, los bomberos evitaron que la estructura de la catedral terminase colapsando por el efecto de las intensas llamaradas y se pudo poner a buen resguardo las obras de arte y el patrimonio histórico y cultural que alberga Notre Dame. «Por suerte se han salvado la fachada y muchísimas obras de su interior», subraya.

El destino o la mera coincidencia quiso que Jonathan se encontrase en la tarde del lunes a escasos metros del lugar del incendio, por lo que vivió en primera mano en el que ha sido un momento trágico para el patrimonio histórico no solo de Francia sino del mundo.

«Estaba en el hospital a 50 metros de Notre Dame, y que es el primer hospital que existió en París, esperando mi cita con el médico. De repente sonó una alarma, algo extraño, pensamos que era un simulacro o algo parecido. Al momento llegó la Policía y comenzó a evacuarnos. Cuando salimos vi una gran humareda pero no las llamaradas. Cuando vi que era en el tejado en la catedral creí que era un atentado, sinceramente, sobre todo por la forma de evacuar de la Policía. En ese momento entramos en pánico», recuerda.

En el lugar se mezclaron turistas, parisinos y residentes en la capital francesa, todos con el denominador común de la conmoción y la desolación por lo que estaban viendo y viviendo a escasos metros. «Me di una vuelta por detrás y vi que comenzaban a acordonar todo la zona y fue entonces cuando vi las llamaradas, grandes llamaradas, desde la zona trasera yendo hacia la zona delantera y ese olor a fuego. La gente entró en una tristeza impresionante y preguntándose dónde estaban los bomberos. Por suerte llegaron a los diez minutos, fue algo muy rápido», relata.

«Al ver cómo avanzaban las llamas sin remedio, las escenas de dolor y pánico recorrieron toda la zona. «La gente entró en pánico porque no podíamos hacer nada. No es una catedral como una iglesia más o una escultura, es el símbolo de París: los parisinos tienen mucho arraigo y vínculo con Notre Dame», continúa.