Vincular las microalgas a los vertidos fue una «posverdad»

20/04/2018

Las opiniones estuvieron por encima de las certezas. A modo de «reflexión social», el profesor de la ULPGC Javier Arístegui desgranó ayer en una conferencia cómo se fabricó «una posverdad» con la polémica suscitada el pasado verano en las islas por la proliferación de las aglomeraciones masivas o blooms de la cianobacteria Trichodesmium, las ya famosas microalgas.

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Historia de microalgas y vertidos, fabricando una posverdad. El título de la charla del catedrático de Ecología de la ULPGC y miembro del Instituto Universitario de Oceanografía y Cambio Global (IOCAG) no deja lugar a dudas. El científico, director del informe sobre el fenómeno del año pasado, inusual porque se mantuvo meses, considera que de forma consciente o inconsciente algunos medios de comunicación y dirigentes políticos insistieron en argumentos no ciertos para alimentar una polémica sobre un fenómeno natural que afecta a todo el Atlántico subtropical y que irá en aumento por el incremento de la temperatura del mar. «Hay que dar información veraz a la sociedad», señala.

Un océano más caliente, los aportes del polvo sahariano y la ausencia de vientos favorece la formación de las hileras de cianobacterias agrupadas en mar abierto, que las corrientes arrastran a las costas, donde llegan muriendo, ya en fase terminal. Esto es a ciencia cierta. No lo es, «en absoluto», afirmar que los vertidos causaron o propiciaron la multiplicación de la cianobacteria o dar por constatada su toxicidad para el ser humano –se llegó a vincular con el cáncer– . Y a veces estas opiniones tienen detrás a científicos. «En esto, y me in cluyo, debemos hacer una autocrítica todos. El verano pasado se creó una alarma social innecesaria, incluso hubo una plataforma y manifestaciones en Tenerife contra las microalgas, que es» –ironiza Arístegui– «como echarse a la calle contra las tormentas». El científico, que impartió su conferencia en el Poema del Mar en un ciclo de la Sociedad Atlántica de Oceanógrafos, explica que lejos de ser una especie invasora, Trichodesmium habita en aguas canarias desde hace muchos años. «No son perjudiciales, incluso son beneficiosas porque fertilizan el mar», dice. En su charla puso imágenes de bancos de sardinas o ballenas comiendo en los blooms «por todo el alimento que se asocia a ellos».

Javier Arístegui y Mar Benavides, dos de los tres científicos que elaboraron el informe sobre la proliferación de microalgas de 2017, realizaron en septiembre un experimento al sur de Gran Canaria para saber si la cianobacteria se activaba con vertidos. Cogieron muestras de aguas contaminadas y limpias e hicieron interactuar Trichodesmium en ellas. Ahora están redactando el trabajo para su publicación científica, pero ya avanza Arístegui que no hubo «ninguna diferencia» en el comportamiento de la microalga. Posverdad descartada.

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