Un camino a la inclusión cambiando «la dependencia por independencia»

09/07/2018

La asociación Asinladi lleva casi una década trabajando en Tenerife para que los jóvenes con discapacidad intelectual no se queden en un limbo al acabar la escolarización reglada a los 31 años

Óscar está preparando «oposiciones para la administración». Vive de manera «casi independiente» y está «aprendiendo a cocinar». No se le da mal, asegura. Yanira también aspira a independizarse algún día, pero primero, dice, tiene que encontrar un trabajo. Romen es un deportista nato. La carrera que recuerda con más orgullo es la Sansilvestre nocturna de La Laguna, en la que pilló podio y medalla. Guiovani está empeñado en trabajar. «Me estoy formando para eso», dice convencido.

Yanira, Óscar, Romen y Giovanni, pero también Carmelo, Alba, Mikel, Cathaysa, Cristo, Abraham y Edu quieren una vida como la del resto de chicos de su edad. Ellos son once -los del aula de la trabajadora social Reyes Martín- de los 39 que día tras día trabajan para tener un proyecto de vida autónoma y, si es posible, un trabajo. Oyéndolos y viendo la ilusión que ponen en todo lo que hacen es fácil olvidarse de que sus capacidades intelectuales son diferentes, de que todo les cuesta muchísimo más que al resto.

«Parece fácil, pero nunca se da nada por aprendido, hay que insistir día tras día», asegura Beny Cordero, presidenta de la Asociación para la Inclusión Social y Laboral de Personas con Diferentes Capacidades Intelectuales (Asinladi), que lleva una década trabajando en Tenerife en proyectos de vida autónoma y de inserción laboral real para personas con discapacidad intelectual.

Cordero empezó a luchar por su hijo hace casi 20 años. Primero logró que se lo integrara en el aula, que estuviera con el resto de niños, no en un aula Enclave, y ahora lucha para que a estos jóvenes, que han acabado la escolarización reglada [máximo a los 21 años] «no se les aparque» en centros pensados para dependientes. «Hay que cambiar la dependencia por la independencia; así se logra la inclusión», asegura.

«No se trata de que vayan a vivir a un piso tutelado, se trata de que sepan manejarse en su entorno, coger una guagua, hacer la compra y pagarla; que antes de llegar al tranvía crucen la calle con seguridad; que majen su tiempo», explica, convencida de que la autonomía es «fundamental» para luego trabajar de manera individualizada en la inclusión laboral, primero acompañada y luego ya de manera ordinaria.

Asinladi «avanza» con ayuda de la administración, pero Cordero asegura que es poca y no les da para completar los proyecto formativos. «Con una propina de lo que se dedica a dependencia tendríamos recursos suficientes», asegura. La administración, dice, «se tiene que involucrar, de verdad, en la inclusión laboral».

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