El fiscal de Las Palmas interesa la pena máxima para una mujer que acabó con la vida de un menor de 10 años.

Piden por primera vez prisión permanente

10/02/2018

Por vez primera, la Fiscalía de Las Palmas ha interesado para un acusado la pena de prisión permanente revisable, una condena que mantiene al reo en prisión hasta una vez cumplida una parte de la condena que oscila entre 25 y 35 años. La encausada es una mujer de nacionalidad china que presuntamente mató a su hijastro de 10 años en 2016.

Se trata de una medida judicial que ha generado bastante polémica desde que fuese puesta en vigor el 30 de marzo de 2015, y que solo se ha aplicado en España en una ocasión. Fue en el caso de David Oubel, el llamado parricida de Moraña, al que condenaron por haber matado a sus hijas de cuatro y nueve años con una sierra radial eléctrica y un cuchillo de cocina.

En Tenerife ya se dio un caso

En esta ocasión, ha sido el fiscal Miguel Pallarés el que ha interesado esta pena por primera vez en la provincia de Las Palmas para N. L., una mujer de nacionalidad china acusada de haber matado a su hijastro de 10 años en su domicilio de la capital grancanaria el 8 de mayo de 2016. El representante del Ministerio Fiscal considera en su escrito que N. L. es la autora de un delito de asesinato, con la concurrencia de un agravante de abuso de superioridad, y la circunstancia mixta de parentesco, además de que la víctima era menor de 16 años. Por estas circunstancias, interesa para la acusada una pena de prisión permanente revisable, la inhabilitación absoluta, 30 años de prohibición de aproximación a menos de 500 metros y comunicación con la madre del menor fallecido y la privación de la patria potestad respecto de su hijo. En cuanto a la responsabilidad civil, Miguel Pallarés pide una indemnización para la acusada de 120.000 euros. Es una petición de pena única en la provincia de Las Palmas pero no en Canarias, puesto que la Fiscalía de Santa Cruz de Tenerife solicitó la imposición de la prisión permanente revisable para S. D. G. a finales de enero, el presunto asesino de un anciano, abuelo de una menor que fue su pareja durante un corto espacio de tiempo. Según el acusador, el encausado entró en la vivienda donde vivía el anciano y lo empujó cayendo de espaldas al suelo en el pasillo. Allí se aprovechó de su imposibilidad para defenderse o huir y, conociendo la enfermedad y discapacidad que sufría, le asestó, al menos según la autopsia, 37 puñaladas que le causaron la muerte.

Solo hay un condenado en España con esta medida

Hay que recordar que la pena de prisión permanente revisable, aprobada en la Ley Orgánica 1/2015, está pendiente de una posible derogación tras la iniciativa llevada adelante por el PNV en el Congreso de los Diputados y que cuenta con el respaldo de la oposición, que la considera una «cadena perpetua encubierta». Mientras, hoy el Gobierno presentará una iniciativa para ampliar los supuestos en los que se aplica dicha condena.

Un crimen atroz que tiene dos acusados.

Según el relato de los hechos que consta en el escrito del Ministerio Fiscal, la principal acusada N. L. convivía con su pareja R. H., un hijo de este último –la víctima– y otro que tuvieron en común. Durante esta convivencia, la acusada golpeó en numerosas ocasiones a la víctima produciéndole distintas lesiones como quemaduras de cigarrillos en ambas piernas, fracturas de costillas, fracturas en masas laterales de S 1 y S2, fractura en la tibia izquierda. No consta para la Fiscalía que en ninguno de estos casos el menor hubiese recibido asistencia médica. Tales heridas fueron advertidas por el padre del menor, que era consciente de los hechos y por lo que está imputado por un delito de comisión por omisión.

El escrito añade que, la tarde del 8 de mayo de 2016, la denunciada estando en su domicilio, molesta con el menor tras una discusión, le dio reiterados golpes con la mano durante 40 minutos. Posteriormente lo duchó con agua fría y, tras hablar con él y en vista de que supuestamente no le gustó lo que le dijo, golpeó al niño con un palo de madera de 25 centímetros de largo con una punta metálica. El niño, al intentar defenderse, causó una pequeña herida a la agresora en su mano que la enfureció más y fue por ello por lo que golpeó de manera reiterada al menor por todo el cuerpo, incluidos los testículos. El niño quedó mal herido en la cama y, tras una dolorosa agonía, falleció minutos después tras un schock traumático e hipovolémico.