Una ambulancia frente al centro de salud de La Lila, desde donde acudieron el martes al céntrico hotel tras el aviso. / M. Rojas

El suicidio de una mujer en Oviedo reaviva el debate de la eutanasia

La joven dejó grabado un mensaje para eximir a los amigos que la acompañaron en el momento de su muerte

ALBERTO ARCE Oviedo

Hacía cuatro años que le habían detectado una grave enfermedad neurodegenerativa que, poco a poco, fue lastrando su bienestar hasta que comenzó a valorar lo peor. Era ingeniera de profesión titulada por la Universidad de Gales, le gustaba la música de los años ochenta, tenía novio, vivía en Cangas del Narcea (Asturias) y apenas contaba con 35 años cuando decidió, finalmente, quitarse la vida para ahorrarse varios años de sufrimiento a causa del ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica).

Lo hizo el anteayer y según sus propias normas: reservó una suite de lujo en uno de los mejores establecimientos hoteleros de la ciudad, acudió junto a dos de sus amigos para que la acompañasen en sus últimos momentos y, finalmente, ingirió un bote de barbitúricos, lo que le causó la muerte. Grabó un vídeo y dejó una carta escrita para eximirles y manifestar su deseo de morir en estas circunstancias. Esa es la historia, al menos según las primeras averiguaciones de la Jefatura Superior de Policía de Asturias, de Sara Fernández-Llamazares, la leonesa hallada muerta en la madrugada del martes en un céntrico hotel de Oviedo y que ha traído consigo el inicio de unas investigaciones por un presunto caso de suicidio asistido. Su sufrimiento era tan grande que no pudo esperar a la aplicación de la Ley de Eutanasia, según dejó escrito.

Ella misma y otro hombre, de 70 años, reservaron la habitación durante la jornada del lunes. «La mejor de todo el establecimiento», aseguraron después, en declaraciones a El Comercio, fuentes cercanas. Se registraron el martes por la tarde con normalidad y portaban una maleta. Ella entró por su propio pie y subió a la habitación. Nadie observó «ningún indicio» que hiciera prever el desenlace. Los servicios funerarios sacaron el cadáver a las ocho de la mañana del día siguiente. El personal del hotel solo tuvo noticia de lo sucedido cuando vieron entrar a los uniformados y a los técnicos de la ambulancia de La Lila que acudieron tras recibir el aviso.

Acompañada

El médico forense, en ese sentido, determinó la hora del fallecimiento a las cinco de la madrugada, varias horas después de haber consumido las pastillas. Los agentes, avisados por uno de sus dos acompañantes, no tardaron mucho en llegar y la encontraron allí, tendida sobre la cama junto a un bote de medicamentos utilizados para la interrupción voluntaria de la vida, un sobre y una tarjeta de vídeo con imágenes de los momentos anteriores. Ya no pudieron hacer nada por salvarla. Lo dejó todo grabado para reivindicar su caso ante la sociedad y la justicia, supuestamente, y para demostrar que sus acompañantes no habían tenido nada que ver con su muerte.

Al principio, desde la Policía Nacional valoraron el caso como un suicidio «en circunstancias extrañas». Estas, que había más personas en la habitación donde se había producido. Tras interrogar a sus dos acompañantes, estos aseguraron a los efectivos que se encontraban allí para asistir a su amiga en sus últimos momentos y que todos ellos formaban parte de la delegación en Asturias de la asociación Derecho a Morir Dignamente (DMD), la organización que defiende la aplicación de la eutanasia y del suicidio asistido, y que promueve el «derecho de toda persona a disponer con libertad de su cuerpo y de su vida, y a elegir libre y legalmente el momento y los medios para finalizarla», según sus estatutos. Fuentes de la entidad, por su parte, corroboraron más tarde la versión.

En sus domicilios

Relataron las dificultades de la fallecida para la vida diaria por culpa de la enfermedad, apenas salía de casa, y sus constantes visitas a neurólogos de toda la geografía nacional. Se negó a continuar de esa forma, anclada a una dolencia que terminaría, más tarde o más temprano, acabando con su vida, y la finalizó ella misma. Tras las preguntas, mientras los funcionarios de la brigada de la Policía Científica terminaban de recabar todas las pistas en la habitación, una pareja acompañó a los amigos de la fallecida hasta el lugar donde habían aparcado el coche. «Desde allí se fueron a sus casas», explicaron fuentes cercanas.