Manifestación de repulsa en Basauri (Vizcaya) contra el asesinato de Samuel Luiz. / LUIS TEJIDO / EFE

Solo una de cada diez víctimas de homofobia denuncia

La mayor visibilidad y los discursos de odio de la ultraderecha son causa de una violencia en ascenso contra el colectivo LGTBI

Antonio Paniagua
ANTONIO PANIAGUA Madrid

A Iván le asaltaron hace cinco años saliendo del autobús dos antiguos compañeros de colegio y le tacharon de «maricón». Quienes le atacaron eran los mismos que se burlaban de él por su orientación sexual, cuando ni siquiera él mismo la tenía decidida. «Les pregunté qué tenían en mi contra. Uno me agarró por los brazos y el otro me dio un puñetazo en el oído. Tuve suerte de que no me dejaran sordo, porque el que me pegó había recibido clases de boxeo y sabía dónde había que dar», cuenta Iván, que en el momento de la agresión tenía 27 años.

El lugar del golpe no era casual. Un año antes ya le habían advertido en Facebook de que le «iban a pitar los oídos». La víctima abandonó el pueblo donde vivía, en la comarca del Aljarafe (Sevilla), y cuando va a visitar a sus padres y amigas va con miedo de encontrarse con sus agresores. El juez que resolvió en primera instancia el caso no percibió agravante de homofobia, por lo que su abogado recurrió la sentencia. Al final le dieron la razón, pero el matón fue condenado al pago de una indemnización de 1.600 euros, de los que solo abonó 200 porque fue declarado insolvente. Ahora trabaja en Mercadona, pero Iván (nombre ficticio) no tiene ganas de continuar con su litigio.

«Tuve que pagar yo el abogado y el chico que me agredió sigue paseándose por el pueblo y hace su vida normal y corriente. Una de las veces me lo encontré y me lanzó una mirada de odio. Sufro secuelas psicológicas, lo que está confirmado por un psicólogo de la Seguridad Social, pero tampoco lo entendió así el juez en su sentencia», relata.

Casos como el de Iván ilustran que la homofobia sigue siendo un problema arraigado en España. La brutal paliza que se tradujo en la muerte de Samuel Luiz, que recibió patadas de una turba a lo largo de 150 metros y que también fue tildado de «maricón», certifica que queda mucho por hacer para erradicar este tipo de violencia.

Según el último informe sobre la evolución de los delitos de odio en España del Ministerio de Interior, en 2019 se registraron 1.706 delitos de esa naturaleza. De ellos, 278 fueron tuvieron como motivo principal la orientación sexual e identidad de género, lo que representa un 16,3%.

Para Ignacio Paredero, secretario de Organización de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais y Transexuales (FELGTB), la LGTBIfobia es una tendencia en ascenso que se refleja en los últimos años. No en vano, entre 2016 y 2019 los delitos de odio por motivos de orientación sexual crecieron un 23%, un fenómeno que ratifican otros estudios de observatorios autonómicos.

Día del Orgullo

Según Paredero, la federación ha observado que según se acerca el Día del Orgullo LGTBI, las agresiones proliferan. Es el inconveniente que comporta a veces la visibilidad. Pero, además, los discursos de la ultraderecha no son intranscendentes, sino que generan consecuencias. «Cuando se señala a un colectivo, se atribuye la pederastia a la educación en diversidad sexual, o se afirma que el Orgullo es una 'caricatura denigrante', cosa que dijo Rocío Monasterio, se siembra algo que quien tenga prejuicios va a naturalizar», alega el secretario de Organización de la FELGTB.

De acuerdo con datos de la organización, entre el 80% y el 90% de las víctimas de casos de LGTBIfobia declinan presentar denuncia ante los tribunales. Uno de las razones, según Paredero, es que los jueces suelen adolecer de una deficiente formación para abordar este tipo de delitos de odio, lo que también sucede en los casos de violencia de género. «Apenas una de cada diez agresiones se denuncia. Es muy difícil que en una sentencia se aplique el agravante de odio a la diversidad sexual. El juez considera que los insultos y actitudes homófobas forman parte consustancial de una bronca o un conflicto». La desconfianza hacia las fuerzas y cuerpos de seguridad, el miedo a represalias y el temor a no ser creído determinan el fenómeno de las infradenuncias.

Los transexuales, pese a ser el grupo más reducido de todo el colectivo LGTBI, son las víctimas más vulnerables y las que más agresiones concitan, después de los gais. Según datos de una encuesta de la FELGTB realizada entre personas trans, más del 40% había sufrido amenazas o maltrato psicológico en 2018. Cosa muy distinta es que todo eso se traduzca en denuncia. De los 971 delitos de odio que la federación identificó ese mismo año a través de centros policiales, organismos públicos o entidades LGTBI, solo el 16% se había cometido contra personas trans.

Iván, cuyos atacantes pertenecían a una hermandad, no tuvo otra salida que el destierro. Omite el nombre de su pueblo para evitar revanchas.