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Fran Ramírez e Isa Navarro en uno de los nuevos escenarios de su vida con Margarita. COBER

Canarias necesita familias de acogida: «La felicidad está en dar»

200 niños y niñas menores de seis años bajo la tutela del Gobierno canario aguardan por un hogar temporal

Carmen Delia Aranda

Las Palmas de Gran Canaria

Domingo, 28 de enero 2024, 01:00

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Cada vez hay menos personas dispuestas a abrir sus corazones y sus casas de forma temporal a los menores en desamparo tutelados por el Gobierno de Canarias mientras la situación de sus progenitores se encauza hasta que recuperen la patria potestad y puedan criarlos con garantías.

En 2022 eran 210 las familias del archipiélago que acogían a menores en esta situación. A día de hoy, hay 225 chicos y chicas acogidos de forma temporal en 191 familias ajenas, 93 en la provincia de Las Palmas y 98 en la de Santa Cruz de Tenerife. «Ahora mismo no hay un banco de familias de acogida ajena al que acudir. Estamos trabajando para que se vuelva a potenciar», señala la directora general de Protección a la Infancia y las Familias del Gobierno de Canarias, Sandra Rodríguez, que calcula que hay alrededor de 200 menores de menos de seis años en desamparo en casas cuna o en centros de atención al menor que, preferentemente, deberían estar en acogidos en una familia ajena o en casa de uno de sus parientes.

Margarita -nombre ficticio- estuvo en esa situación solo dos horas, el tiempo que pasó desde que la Dirección de Protección a la Infancia y Familias asumió su tutela hasta que la llevaron a casa de Isa Navarro y Francisco Ramírez. Ellos son una de las 191 familias voluntarias del programa de acogimiento familiar.

Tras trabajar durante cuatro años en proyectos educativos y de construcción en una aldea perdida en Bolivia, sabían lo gratificante que resulta dar. Además, alguna vez se habían planteado adoptar a un niño, una decisión que se fue aplazando por circunstancias vitales, relatan.

Un gran paso con una llamada

Tras la pandemia salieron de vacaciones y encontraron a una familia; una madre y su hija que acogían a niños. «Me fijé y pensé: estos niños no son de ella. Y un día di el paso y le pregunté. Ellas me explicaron el programa y me quedé maravillada porque se desmontaron muchas ideas que tenía. Pensaba que era complicado y tedioso, pero es un proceso muy sencillo. Terminaron las vacaciones y dimos el paso: llamamos al 012 y les dije que estaba interesada en el programa de acogimiento ajeno temporal. Así de sencillo», afirma Navarro.

Aunque en realidad, no lo fue tanto. Pasados cuatro meses de una entrevista inicial, los llamaron para hacer un curso que duró dos meses, en enero y febrero de 2021.

«Estuvo muy bien. Te orientan con casos prácticos de lo que puede pasar, cosas a las que te puedes enfrentar a diario con una niña, dan pautas de cómo tratar ciertos asuntos y de cómo hablarle», comenta Ramírez.

En esa formación, además de resolver dudas y derribar miedos, los preparan psicológicamente. «Pensé, indistintamente de que nos den la idoneidad o no, me encantaría que todo el mundo pasara por esta formación», comenta Navarro. Y es que, aunque para conducir hay que pasar un examen, para tener un hijo no se requiere ninguna formación.

Además, los técnicos del Gobierno regional evaluaron su situación socioeconómica y visitaron su casa para inspeccionarla.

Luego, realizaron un segundo curso de la mano de Aldeas Infantiles, organización que supervisa al núcleo familiar a través de una psicóloga, una trabajadora social y una cuidadora. «Te acompañan durante todo el proceso», subraya Navarro. «Nos hicieron una serie de pruebas a distancia, unos exámenes tipo test y, por último, un test psicológico presencial».

Después de superar todo este proceso -ralentizado por la pandemia- los declararon idóneos para atender a una criatura en desamparo. «A partir de ese momento es cuando te pueden llamar en cualquier momento para acoger a un niño», comenta Navarro.

Transformación

A ellos tardaron en llamarles un año y medio. Margarita llegó a su casa con 3 años y medio y una pesada mochila de traumas que ellos se encargan de descargar. «Apenas dormía, estaba las 24 horas en estado de alerta, esperando a que se reprodujera en nuestra casa o entre nosotros algo de lo se producía en la suya...», explica Ramírez.

Gracias a los cursos, sabían identificar en su conducta las huellas de sus vivencias previas, pero todo fue mejorando con el paso de los días. «Al mes y medio, ya era capaz de dormir y empezó a disfrutar del silencio, de la paz, de la ausencia de gritos, de que había comida suficiente, de que no nos vamos a pelear...», relata Navarro a la que se le ilumina la cara cuando cuenta que, cuando llegó, Margarita caminaba mal y se caía por falta de práctica. Ahora, a punto de cumplir cinco años, corre con ganas. «Hoy día, vete a cogerla», dice risueña.

El Gobierno canario les da una ayuda de 20 euros diarios por cuidar a la niña en casa. Una cantidad insuficiente pero la gratificación diaria que reciben les hace sentirse compensados. «Recibimos abrazos, cariños y ver el rápido progreso de la niña. Ha hecho un cambio radical de un año a otro», sostiene Navarro.

«Hasta físicamente se nota. Ha cambiado su piel, su pelo, su forma de hablar. A la niña se la ve feliz. Ella dice que esta es su casa», comenta su pareja, que trabaja de tornero y, ocasionalmente, imparte cursos de soldadura.

Medida temporal

Sin embargo, hasta la niña sabe que la medida es temporal y la intentan preparar para ese momento. Eso es lo deseable y por eso mantiene el contacto con su madre, sus hermanos -también acogidos en otras familias- y otros parientes a través de visitas.

«Nosotros facilitamos que esos encuentros sucedan por su bienestar», explica Navarro que cuenta con orgullo la fórmula encontrada por la pequeña para darles encaje en su vida. «Nunca le dije soy mamá. Lo tenía clarísimo. Nunca le iba a decir eso, pero hay algunos niños que deciden que tú eres su madre. Es peligroso porque hay que tener claro que el acogimiento es temporal. Pero ella, un día, al ver llegar a Fran, dijo: ya llegó titi. Esa era la figura que escogió para nosotros. A partir de ahí somos sus titis», cuenta satisfecha con la solución de la niña.

El futuro de esta familia es impredecible, porque, inicialmente, la acogida es de dos años. Se puede prorrogar, incluso hasta la mayoría de edad, pero el objetivo es que la menor vuelva a su origen si cambian las circunstancias. «Todo depende del progreso de su familia», aclara Ramírez sobre el trabajo que realiza el Gobierno canario con la familia extensa de la niña para reconducir la situación que obligó a asumir su tutela.

También los preparan para ese momento; la despedida. «Le coges afecto, cariño, los quieres... Pero en el curso que nos dieron, desde el primer día, nos hicieron mucho hincapié en que es temporal para prepararte psicológicamente. El día que se tenga que ir, si llega el caso, tampoco se irá de hoy para mañana, sino paulatinamente», comenta Ramírez sobre una cuestión que no debe convertirse en un nuevo trauma.

Actualmente, en Canarias hay 1.734 menores en desamparo. De ellos, 743 están acogidos por sus tíos, abuelos u otros parientes y 225 en familias de acogida ajenas, como Isa Navarro y Fran Ramírez.

«Animo a todas aquellas personas que están en disposición y con el deseo de ayudar a que den el paso. Un sabio dijo que hay más felicidad en dar que en recibir, y los menores están esperando eso, que haya personas que den el paso», dice Ramírez deseando que las 200 criaturas de menos de seis años internadas en centros recuperen la sonrisa junto a una familia.

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