Un brote con nueve casos prueba la facilidad del contagio intrafamiliar

26/05/2020

Una comida familiar en una casa tinerfeña propició que una persona asintomática transmitiera el virus entre sus parientes. Sanidad alerta de la necesidad de mantener la distancia y la higiene incluso en entornos de confianza

Los entornos donde hay más confianza son terreno abonado para la transmisión del covid-19. Esa es la raíz de un brote intrafamiliar detectado en Tenerife en el que una persona asintomática ha infectado a otros ocho parientes, muchos de los cuales vivían en el mismo edificio. «Donde hay cercanía y contacto puede haber más posibilidad de contagio. De ahí la importancia del mantenimiento de la distancia social, esos famosos dos metros de barrera», explicó el jefe del Servicio de Epidemiología y Prevención del Servicio Canario de la Salud, Domingo Núñez.

El 15 de mayo la familia reanudó sus almuerzos habituales que propiciaron que el virus se transmitiera entre hermanos y hermanas, de ahí pasara a sus parejas y siguiera circulando en forma ascendente, a padres y suegros, y descendiente, a hijos y nietos. Así, inicialmente la semana pasada se detectaron cinco positivos en esta familia y, tras un minucioso rastreo de movimientos y contactos, el número de personas diagnosticadas se elevó a nueve. «Estoy convencido de que el brote en este ambiente familiar ya está controlado y cribado. Se les ha hecho la prueba a todos los contactos y ha habido personas negativas. Además, se les está haciendo un seguimiento y, tras catorce días, se les volverá a realizar una prueba a los positivos para comprobar que se han negativizado», abunda Núñez.

«Si no lo sabes y el virus se te ha metido dentro de casa va a encontrar más facilidades para la transmisión. Esta es la primera lección que nos enseña este brote familiar», comenta el epidemiólogo convencido de que en muchas reuniones familiares las medidas de seguridad no se cumplen a menos que haya algún caso identificado o sospechoso.

Por ello, Núñez recuerda la necesidad de no bajar la guardia en esta segunda fase de relajación del estado de alarma. «El virus, de forma mucho más limitada, sigue estando y si se le presentan las condiciones adecuadas va a aprovecharlas», sostiene el experto que insiste en la necesidad mantener la distancia física, el uso de mascarillas y el lavado frecuente de manos. «Todavía hay que rematar bien la jugada para llegar a la nueva normalidad», dice.

«La tendencia natural, cuando te vuelves a encontrar con algunas personas, es darles un abrazo, pero no procede. Es una tendencia emotiva natural y propia del ser humano, pero de momento hay que saludarse manteniendo la distancia. No se sabe dónde puede estar el virus», añade Núñez, que detalla que la mayoría de las personas que han sido diagnosticadas del virus en los últimos días son asintomáticas detectadas en cribados.

La entrada de Canarias en la fase 1, que permitió los encuentros sociales y la apertura de terrazas y comercios, no se ha acusado en la curva epidemiológica. Entre el lunes 18 y el domingo 24 de mayo, se registraron 28 contagios, cuatro muertes y se concedieron 190 altas. Mientras que la semana anterior, la novena del estado de alarma, se contabilizaron 34 contagios, cuatro muertes y 146 altas.

Los casos activos hasta ayer ascendían a 360 personas, lo que retrotrae la epidemia a valores próximos a los del 19 de marzo, cuando había 368 personas diagnosticadas y el virus había causado siete muertes en las islas.

Ayer, sin embargo, la epidemia se cobró una vida más y ya son 158 las personas fallecidas por coronavirus en Canarias, si bien el Ministerio de Sanidad ha rebajado la cifra a 150 y el Gobierno canario aún desconoce el criterio aplicado. De estas muertes, 111 se localizaron en Tenerife, 39 en Gran Canaria, cinco en Lanzarote y tres en La Palma.

Dos diagnosticadas elevaron la cifra de contagios a 2.324 personas en las islas y ya son 1.806 las altas concedidas, 44 ayer.

Los hospitales canarios atienden a 41 personas infectadas de las cuales doce están en la UCI.