La planificación sanitaria con perspectiva de género sale barata

23/06/2018

La economista de la salud Anna Mompart reclama más atención hacia las diferencias entre hombres y mujeres para que el sistema de salud sea «más eficiente, más barato y más justo».

Si hombres y mujeres tienen necesidades diferentes, las intervenciones para unos y otros tienen que ser distintas para alcanzar el máximo grado de salud posible», explicó ayer la economista de la salud Anna Mompart. De ahí, dijo la experta, que sea necesario introducir la perspectiva de género en la planificación sanitaria. Algo que, además, reduciría los costes. «Sería más barato porque si haces una intervención que solo mejora la salud de los hombres y no la de las mujeres, pero la has hecho para toda la población, estás tirando el dinero. En cambio, si la haces diferente entre hombres y mujeres el dinero repercutirá más efectivamente en la salud de ambos, será más eficiente y también más justo. Desde planificación no solo hemos de mirar lo que es más barato, sino lo que es más justo socialmente», afirmó.

Mompart, que trabaja en el Departament de Salut de la Generalitat de Catalunya, junto a otras cinco economistas, se planteó «hacer una guía» para introducir la perspectiva de género en la planificación sanitaria. «Nos dimos cuenta de que los modelos teóricos y los propósitos eran muchos, pero no habíamos visto todavía que efectivamente se introdujera la perspectiva de género». Tal vez, apunta, porque «el abordaje es tan difícil que la gente se asustaba». Por eso decidieron elaborar una guía, «un instrumento para facilitar la tarea».

Para Mompart, «introducir la perspectiva de género significa ser conscientes de que vivimos en una sociedad heteropatriarcal y esto quiere decir que los comportamientos de hombres y mujeres son diferentes porque hay un constructo cultural que así lo hace. Además, este constructo margina a la mujer en el trabajo remunerado y en la repartición de las tareas domésticas. Pero especialmente en este punto, porque las mujeres se han incorporado al trabajo remunerado y, en cambio, los hombres no han incorporado entre sus responsabilidades el trabajo de las tareas domésticas y de cuidados de personas mayores, de personas discapacitadas o de hijos. Esta doble jornada laboral de las mujeres y las responsabilidades asumidas hacen que no puedan dedicar tiempo a ellas mismas y esta falta de tiempo repercute en su estado de salud y tiene consecuencias a lo largo de la vida».

A juicio de Mompart, cuando Sanidad planea una intervención «no se piensa en que el objetivo debe ser garantizar los resultados de forma equitativa. Dar la oportunidad de llegar al sistema sanitario no es suficiente si luego el sistema no te trata de manera diferente», apunta la experta.

En su estudio analizan las «variables subyacentes» que provocan que la salud de hombres y mujeres requieran «intervenciones diferentes». La economista pone un ejemplo con la mortalidad innecesariamente prematura y sanitariamente evitable. «Hay unas causas de muerte que son las que se podrían reducir como el VIH, el tumor maligno de pulmón, los suicidios, los homicidios... Son enfermedades realmente masculinas. Si actuamos ahí reducimos la mortalidad de los hombres, pero entre las mujeres no hemos hecho nada. Debería incorporarse la violencia machista o las enfermedades que tienen que ver con comportamientos alimentarios», añade.

Anna Mompart, que presentó ayer su estudio en el marco de la 38ª Jornadas de Economía de la Salud en la capital grancanaria, señaló que «todo el mundo dice que quiere hacer», en referencia a implementar la perspectiva de género en la planificación sanitaria. Pero, en realidad, señaló «decir que los hombres utilizan más los servicios sanitarios que las mujeres no es tener perspectiva de género». Hay que «reducir la brecha de salud entre hombres y mujeres», dijo.