Enfermedad respiratoria

Calima invernal, la más dañina

08/12/2017

Durante los meses de invierno es más frecuente la presencia de viento y, por lo tanto, de calima llegada desde el continente africano. El polvo sahariano circula a ras del mar por lo que, en general, es «más dañino para la salud de toda la población y, en concreto, para los afectados de enfermedades respiratorias que sufren una importante agudización de sus procesos».

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La calima molesta, asfixia y agobia más en invierno que en verano a los enfermos respiratorios, aunque parezca lo contrario. La frecuencia de polvo en suspensión en verano afecta menos a la salud debido a que los vientos alisios viajan a miles de metros de altura provocando una mayor circulación del viento del noreste que limpia la atmósfera. En cambio, en los meses de invierno, con la bajada de las temperaturas, es más frecuente la presencia de viento lo que se traduce en una mayor presencia de calima llegada desde el continente africano, polvo sahariano que circula a ras del mar, explica Sergio Rodríguez, científico del Centro de Investigación Atmosférica de Izaña, en Tenerife.

Las partículas con menos de diez micras son las que penetran en el organismo por las vías aéreas

No obstante, lo que no es cuestionable es que las personas afectadas de enfermedades respiratorias, bien sea alergia, asma y enfermedad crónica obstructiva, sufren exacerbaciones cuando llega alguna de las dos estaciones de la calima, indistintamente, que sea verano o invierno, matiza Rodríguez.

El científico señala que incluso si no padecemos alguna patología «la nariz, los ojos se nos puede irritar un poco y alguna dificultad para respirar. por los componentes del polvo, que proviene sobre todo del este de Argelia, norte de Mauritania y del Sáhara occidental, formados de aluminosilicatos –mineral que contiene óxido de aluminio y sílice– arcilla, yeso, calcita y otros minerales procedentes de depósitos de fluviales de antiguos lagos africanos, sedimentos que se fueron secando y que los levanta y transporta el viento. También trae partículas microscópicas de bacterias, polen, hongos y algo de contaminantes emitidos en gran parte por las industrias de Marruecos, Argelia y Túnez, añade.

El transporte de estos materiales no se produce siempre a la misma altura, lo que conlleva diferencias en el impacto que tienen estos episodios de calimas en cada isla y de ahí, las dos estaciones de calima.

En este sentido, matiza que las partículas de menos de diez micras (PM10) son las que penetran en el organismo por las vías aéreas, y las que tienen un tamaño de 2,5 micras, las llegan al pulmón y entran en el riego sanguíneo y las que se les achaca afecciones cardiacas (PM2.5). Según la Organización Mundial de la Salud no debemos estar expuestos a más 50 miligramos por metro cúbico y en Canarias durante los periodos de calima estamos expuestos diez veces por encima», apunta el científico.

El equipo de científicos del Centro de Investigación Atmosférica de Izaña en Tenerife trabaja, en la actualidad, en investigaciones que relacionan en este fenómeno metereológico y afecciones respiratorias, enfermedades cardiovasculares y epidemiología.

No es el año con más episodios

Sergio Rodríguez llama la atención en que este año «no ha sido el año que más episodios de calima ha sufrido Canarias», a pesar de que la persistencia del fenómeno metereológico, sobre todo, en los útimos meses, «haga pensar así a la población». En el pasado hubo imágenes Las islas han registrado todos los meses de este 2017 al menos un episodio de entrada de polvo en suspensión, concretamente de partículas PM10. Marzo y abril lideran el ranking con cuatro episodios de calima cada uno, el más largo fue de 10 días en junio.

Prevenir es la clave cuando viene el polvo

Cada individuo responde de forma diferente a la presencia del polvo que llega por el aire desde el continente africano. «Es algo imprevisible y depende de cada uno. De hecho, muchos sienten su llegada varios días antes de que se produzca; otros, en cambio, sufren más las consecuencias varios días después de que comience a aminorar su fuerza», explica Teresa Carrillo, alergóloga del Hospital Universitario de Gran Canaria Doctor Negrín. Por ello es importante la «prevención» que deben tomar los afectados de enfermedades respiratorias. «Tener a mano siempre su medicación para responder mejor ante la calima» es claver para evitar crisis graves. Carrillo es coautora junto a científicos de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), la Universidad de Londres (Gran Bretaña) y del Instituto de Investigación del Desierto DRI (Reno, EE.UU.) de una investigación, publicada en la revista especializada International Journal of Enviromental Health Research. en el que indagan sobre los efectos y el impacto del polvo sahariano en pacientes alérgicos del norte de Gran Canaria. Destacan que las condiciones ambientales, como la mayor humedad o la reducción de la temperatura invernal, afecta significativamente a los grupos de enfermedades respiratorias de la población.