Efecto antioxidante y antiinflamatorio del ejercicio físico

«La pérdida gradual de la reserva funcional al envejecer se asocia a hábitos de vida sedentarios y al incremento de diversos factores de riesgo con aumento de los niveles circulantes de marcadores inflamatorios y oxidativos».

Todos escuchamos con frecuencia como una recomendación médica básica en diferentes especialidades la realización de ejercicio físico adaptado a las capacidades y posibilidades de cada persona por sus múltiples beneficios sobre la salud, pero el efecto antioxidante y antiinflamatorio del mismo es menos conocido por lo que en base a tan importante aspecto de la necesaria actividad física diaria al envejecer estructuramos el artículo de hoy.

El envejecimiento debe ser visto como un proceso normal del ciclo vital que se caracteriza por una pérdida progresiva de la reserva funcional, tanto a nivel molecular como celular y sistémico afectando la capacidad fisiológica de mantener el importante equilibrio interno del organismo y los fenómenos de autorregulación conocido como homeostasis, lo que conlleva cambios a nivel físico, fisiológico, psicológico, cognitivo y social.

Durante el envejecimiento se va produciendo gradualmente una disminución de la aptitud física, constatándose un descenso de la fuerza y resistencia muscular, lo que puede generar dificultades en la realización de las actividades instrumentales y algunas básicas de la vida diaria que generan pérdida de autonomía.

Si bien las causas de discapacidad física son multifactoriales, factores como el deterioro de la fuerza y potencia muscular contribuyen a la aparición de discapacidad.

El tejido muscular sufre cambios estructurales y fisiológicos durante el envejecimiento, lo que conlleva una disminución tanto en el tamaño como en el número de fibras, proceso que deriva en una lenta pero progresiva atrofia que se estima en aproximadamente un 1% de pérdida al año a partir de la cuarta década de la vida y que se acelera de manera galopante a partir de los 80 años de edad.

Este proceso se denomina sarcopenia, que se caracteriza por una serie de alteraciones metabólicas relacionadas con una disminución en la densidad y función mitocondrial repercutiendo en la capacidad funcional y energética del músculo esquelético.

Sumado a lo anterior se observa una alteración en la composición y distribución del tejido adiposo desde los miembros y depósitos subcutáneos a zonas viscerales y ectópicas evidenciándose una relación entre este proceso con el deterioro de la fuerza y la capacidad funcional en adultos mayores.

Las modificaciones a nivel oxidativo-inflamatorio afectan el funcionamiento de varios tipos de proteínas, conduciendo a un deterioro fisiológico.

Existen claras evidencias que la obesidad, la redistribución del tejido adiposo, las alteraciones metabólicas, el sedentarismo y la sarcopenia se convierten en factores clave en el aumento de estados oxidativos-inflamatorios.

El proceso inflamatorio es una respuesta normal ante infecciones o traumas a través del cual se producen y liberan distintos mediadores tales como citoquinas.

Un aumento crónico leve o moderado en la concentración de esos marcadores inflamatorios induce al conocido estado de inflamación crónica de bajo grado, ampliamente asociado a enfermedades inflamatorias relacionadas con la edad avanzada como la aterosclerosis, demencia, obesidad, diabetes mellitus, sarcopenia y enfermedades cardiovasculares entre otras.

Existen claras evidencias que demuestran que el incremento de hábitos de vida sedentarios asociados al envejecimiento contribuyen a la aparición de problemas de salud de diversa índole y alteraciones metabólicas, como el desarrollo de la resistencia a la insulina, diversos factores de riesgo vascular e incluso en recientes estudios se ha añadido deterioro cognitivo.

El desarrollo de estos cuadros clínicos está relacionado con la aparición de enfermedades crónicas frecuentes en el envejecimiento como patologías cardiovasculares, diabetes mellitus tipo II y deterioro cognitivo que puede preceder a la demencia.

Como base causal de un elevado porcentaje de las enfermedades crónicas que con elevada frecuencia padecen los adultos mayores están el aumento de marcadores inflamatorios periféricos circulantes y la producción de especies reactivas de oxigeno, lo cual puede favorecer un desequilibrio en el estado de oxirreducción.

La evidencia científica acumulada a lo largo de las últimas décadas apoya que mantener en el tiempo estilos de vida saludables, entre los que ocupa un papel fundamental el ejercicio físico disminuyen significativamente la prevalencia de enfermedades crónicas incluyendo la demencia en este grupo de la población cada vez mayor.

Lo anterior es debido a la modulación antiinflamatoria y antioxidante que el ejercicio físico de moderada intensidad y duración ejerce.

Ya en el año 1956 el Dr. Hartman describió que la producción de radicales libres derivados del metabolismo aeróbico contribuye al proceso de envejecimiento a través de un aumento del estrés oxidativo.

Se ha demostrado en diversos estudios la efectividad del ejercicio físico aeróbico y de resistencia basado en el fortalecimiento muscular en la mejora y mantención de la salud y calidad de vida en la población adulta.

Se puede apreciar una relación directa entre la mejora de la capacidad aeróbica y de la fuerza muscular con la independencia funcional de los mayores.

El ejercicio físico se presenta como una potente herramienta antioxidante y antiinflamatoria la cual contribuye a la disminución de biomarcadores asociados al estrés oxidativo e inflamación, incrementando la respuesta antioxidante y antiinflamatoria durante el envejecimiento.

Datos prácticos a tener en cuenta

El estrés oxidativo juega un papel importante no solo como causa del envejecimiento normal, sino también por estar implicado en la patogénesis de procesos degenerativos que aumentan al envejecer.

Durante el proceso de envejecimiento se produce un deterioro de la capacidad funcional.

Se estima que aproximadamente el 42% de los mayores de 65 años tiene limitaciones para la realización y desarrollo de actividades de la vida diaria, lo que produce un deterioro de su autonomía e independencia.

El incremento y la infiltración del tejido adiposo en el músculo esquelético se relacionan con el desarrollo de alteraciones en la función metabólica, aumentando el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares e insulinoresistencia.

Durante el envejecimiento se produce un deterioro significativo de la síntesis de importantes enzimas antioxidantes.

Está demostrado que el incremento en los niveles de actividad física es una intervención muy efectiva orientada a la mejora de la salud en la población mayor de 65 años.