Dos mujeres que utilizan mascarilla conversan en el centro de Madrid. / EP

Sanidad y las comunidades acuerdan enfriar el debate sobre el fin de las mascarillas

Se muestran unánimes en no abordar cambios hasta ver cómo evoluciona la gripe y saber si Delta sigue neutralizando otras variantes

MELCHOR SÁIZ-PARDO y ÁLVARO SOTO Madrid

No habrá esta vez voces discordantes ni pelea política. En el seno de la Comisión de Salud Pública existe un acuerdo unánime en que todavía no es el momento de abordar el fin de las mascarillas en los espacios interiores o en el exterior cuando no se pueda guardar la distancia de 1,5 metros. Y eso a pesar de que España es el Estado de la Unión Europea con mejores datos de incidencia y de que también está en la actualidad entre los países del mundo con menos transmisión del SARS-CoV-2.

El Ministerio de Sanidad ha arrancado en los últimos días en diferentes contactos informales el compromiso de todas las consejerías de posponer el debate sobre la abolición total de los tapabocas a la espera de ver cómo evoluciona el virus en esta nueva etapa con cerca del 90% de la población mayor de 12 años vacunadas y, sobre todo, conocer hasta dónde llegan este otoño/invierno los virus respiratorios y, en particular, la gripe.

Sanidad lleva una semana volcada en despejar cualquier duda de que en sus planes cercanos, a diferencia de lo que sí ocurre en otros gobiernos europeos, no está el de modificar por el momento ni una coma de la Ley 2/2021 de 'medidas urgentes de prevención, contención y coordinación para hacer frente a la crisis sanitaria'. Se trata de la normativa que, desde la reforma del pasado junio, fija como «obligatorio» el uso de mascarilla entre los mayores de seis años «en cualquier espacio cerrado de uso público o que se encuentre abierto al público» y en cualquier «espacio al aire libre en no resulte posible mantener una distancia mínima de 1,5 metros entre las mismas, salvo grupos de convivientes», amén de en los transportes públicos.

Según explican diversas fuentes de Sanidad y de las autonomías, no solo hay consenso en enfriar ese debate, sino también en no fijar una fecha concreta para estudiar el fin de las mascarillas. La propia Carolina Darias tuvo que desmentir el pasado miércoles tras el Consejo Interterritorial que la intención de su departamento sea abordar este asunto con la llegada de la primavera. En Sanidad insisten en que podría ser después, pero también antes, dependiendo de las circunstancias.

La primera prueba -y en esto también han coincidido todos responsables de las consejerías y de Sanidad- es superar la amenaza de una posible convergencia de varios virus respiratorios, como el coronavirus, la gripe y el virus respiratorio sincitial (VRS), que es el que provoca la mayoría de las bronquiolitis entre los niños. Los expertos de Salud Pública admiten que desconocen cómo será el otoño y el invierno después de que el pasado año desaparecieran prácticamente los casos de influenza precisamente por el uso masivo de la mascarilla.

«Respuesta masiva»

No obstante, en la Ponencia de Vacunas confían en que este año haya una «respuesta masiva» a la campaña de vacunación de la gripe entre los más mayores. Incluso esperan superar el 90% de inoculados entre las franjas de mayores de 70 años, ya que esta temporada la inyección contra la influenza va a ser simultánea a la del tercer pinchazo contra la covid, que comienza el 25 de octubre.

Pero no solo es la gripe la que va a retrasar cualquier decisión sobre el fin de los tapabocas. En el Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias (CCAES) consideran clave conocer si la variante Delta va a ser capaz de seguir neutralizando la entrada de nuevas cepas que puedan provocar repuntes. Esta denominada 'mutación india', que irrumpió en mayo en España y que en las últimas secuenciaciones está detrás de más del 98% de los casos, ha borrado del mapa al resto de cepas, incluida la británica, la Alfa, que llegó a ser predominante la pasada primavera.

Ese poder de Delta para colonizar todo el espectro de variantes -explican desde el CCAES- podría ser un factor para acelerar la retirada de las mascarillas si impide, como hasta ahora, que se instalen nuevas cepas más contagiosas.

Pero lo cierto es que los técnicos de Sanidad están especialmente preocupados por la alta incidencia acumulada (IA) en países con fuerte vínculos (Reino Unido se mueve en más de 700 casos, Estados Unidos en más de 400 o Rumanía en cerca 900, frente a los menos de 40 de España). Esos altos niveles de transmisión -recuerdan- son el «caldo de cultivo ideal» para la aparición de nuevas variantes, que podrían escapar a la predominancia de Delta, provocando nuevos rebrotes de envergadura en una población ya sin «protección mecánica» (mascarillas).