La doctora Alicia Martín posa antes de la entrevista en un pasillo del hospital Materno Infantil de Canarias. / COBER

«La maternidad ha sido muy castigada en la gestión de la covid»

La jefa del servicio de Ginecología y Obstetricia del hospital Materno Infantil, explica cómo dos plantas de hospitalización siguen destinadas al coronavirus y las mujeres que paren tienen que compartir habitaciones y ser separadas de sus hijos

Teresa Artiles
TERESA ARTILES Las Palmas de Gran Canaria

Está al frente del mayor servicio de Ginecología y Obstetricia del país, con unos 240 profesionales, que incluyen 61 especialistas en ginecología, 64 matronas, personal de enfermería, auxiliares y personal administrativo. Alicia Martín participa este miércoles en las jornadas sobre Mujer y Salud que se celebra en la Casa de Colón y habla en esta entrevista de la violencia obstétrica, la atención a las mujeres que dan a luz en el hospital grancanario, el baile de las hormonas o las operaciones a las que se someten las mujeres en sus genitales.

- ¿Hay conciencia sobre la violencia obstétrica o sigue siendo una práctica invisibilizada?

-Somos conscientes de la violencia obstétrica seguro desde que era residente y de eso hace ya 25 años. Siempre hemos abogado por un parto de baja intervención, de una exploración de la paciente en condiciones de mínima agresión. Yo no he visto nunca en este servicio el enema antes de un parto o rasurar a una paciente, prácticas que desgraciadamente en algunos ámbitos del país se siguen haciendo. Pero queda mucho por hacer. Las mujeres afortunadamente cada vez tenemos más que decir en qué y cómo queremos las cosas, esa visión pasiva del paciente ha cambiado. Es imposible dar una asistencia paternalista.

-¿Qué queda por hacer?

-Tenemos que caminar y trabajar intensamente en la humanización, porque cuando se profesionalizan los cuidados muchas veces te olvidas de que una paciente no es la de la cama 181 sino Juana Pérez. Y esos cambios cuesta implementarlos en un servicio grande. Trabajamos en esos pequeños gestos que hacen que los cambios sean grandes. Nuestras matronas ya tienen por ejemplo dos tesis sobre el miedo al parto, algo que no se tenía antes en cuenta.

-Sin embargo, entre sus compañeros de especialidad hay voces negacionistas de la violencia obstétrica.

-Es que hay resistencias a la autocrítica que genera tanto cambio en el ámbito profesional, que alguien que no es de tu ramo te lo diga de fuera. No es solo la violencia obstétrica, hay falta de humanización en la asistencia sanitaria. Hay grandes profesionales y una gran asistencia, pero creo que la sanidad pública deben seguir avanzando en este aspecto.

-En su área que se tenga en cuenta la opinión de las mujeres sobre cómo quieren ser tratadas supongo que es esencial.

-Es que su palabra es la que vale. Cada vez más la mujer va a tener un papel predominante en cómo y de qué van a ser tratadas. Tienen que saber qué se puede hacer por ellas y a costa de qué de sus vidas. Eso es un modelo nuevo y yo como mujer y profesional que llevo en esto el tiempo suficiente para ver los cambios he de decir que los ha habido pero nos queda mucho por hacer.

-La zona de hospitalización del Materno es vieja y con aspecto de abandono. ¿Eso no choca con una asistencia de calidad a las mujeres que vienen a parir?

-Nosotros tenemos unas encuestas de satisfacción excelentes que nos ha reportado por quinto año ser el mejor servicio de ginecología del país, porque las mujeres que son atendidas, que también ven el desconchón de la pared o la cuna de hace treinta años, ven a una enfermera o un auxiliar que se preocupa por cómo está. Ahora el hospital está dividido en una zona de alta modernización y recursos, como el área de paritorios o de consultas externas, y otra de hospitalización obsoleta que hace que la mujer se vaya con un recuerdo de una asistencia de calidad al nivel de cuidados pero se da cuenta de cómo están las taquillas, las duchas, las habitaciones, y eso empobrece los resultados a nivel de satisfacción global.

-¿Y cómo ha afectado a esa asistencia la crisis de la covid? Hay dos plantas que se han restado a hospitalización.

-Ha empeorado todos nuestros indicadores de calidad. Aunque trabajamos en unas instalaciones muy antiguas, hasta la aparición del coronavirus teníamos tres plantas de hospitalización, una destinada a embarazos de alto riesgo y patología quirúrgica y dos a la maternidad, y ofrecíamos, a pesar de que el mobiliario tenía 30 años, hospitalización individual a más del 80% de mujeres. Tener un hijo es un momento único y no recuperable. Antes de la covid ofrecíamos lo que llamamos alojamiento conjunto, y ahora obligatoriamente el niño que precisa cuidados especiales ingresa en neonatologia y se separa físicamente de la madre. Los primeros días del recién nacido son imprescindibles para su vínculo, no solo por la lactancia sino por el desarrollo emocional. Y a todas esas mujeres que desde el 5 de agosto desde el 2021 hasta hoy le hemos privado de estar con sus hijos no le podemos reparar el daño. Por eso necesitamos una solución a corto plazo.

-¿Es casualidad que la afectada en la gestión de la crisis sea un área de hospitalización dirigida a las mujeres?

-No puedo responder a eso, pero la maternidad con todo lo que eso ocupa ha sido muy castigada en nuestra provincia en la crisis del coronavirus. Ahora afortunadamente estamos en un buen momento epidemiológico y continuamos sin recuperar el área de hospitalización que nos es imprescindible para subir los indicadores de calidad. Desde agosto del año pasado ha desaparecido la hospitalización individual. Atendemos una media de 12 a 14 partos diarios, con una hospitalización que ahora es de 32 camas y en momentos de picos con la planta llena las mujeres con sus recién nacidos van a un sitio que no está destinado a la maternidad y la hostilidad es mayor porque la ponemos con otra paciente con problemas de otra índole, y la asistencia se ve mermada, no en la calidad de los cuidados, insisto, porque esto se puede llevar a cabo porque todos los que trabajan aquí suplen con corazón y profesionalidad las deficiencias que hay.

-Su ponencia en las jornadas de hoy habla del baile de las hormonas. ¿Qué quiere contar?

-Quiero abordar las dudas que tengo como ginecóloga y como mujer, hablar de adónde estamos yendo, qué queremos conseguir. Quiero que no nos segreguen por esto, que no nos suponga un coste de oportunidad. Somos neurotransmisores y claro que nos define un cambio hormonal, ¿y qué?

- ¿Hablar de menopausia sigue siendo tabú y un tema cargado de estereotipos?

-De la menopausia se ha hablado mucho. No es solo un tabú hablar de la menopausia, también por ejemplo de patologías que tienen que ver con los genitales externos o internos de la mujer. La incontinencia urinaria femenina parece normal y los varones parece que no tienen nunca, no sale ningún señor en un anuncio como lo hizo Concha Velasco diciendo que tú puedes seguir siendo mujer aunque te pongas una compresa de incontinencia. El varón tiene una imagen social que eso lo impide. La sexualidad intrínseca de la mujer sigue siendo también un tema completamente tabú, como la masturbación o si te gusta más o menos tener relaciones sexuales con tu pareja, todavía a día de hoy son temas que para tratarlos con la mujer necesitas tener cierto grado de cercanía.

-¿Qué opina de los tratamientos de rejuvenecimiento vaginal?

-Es un ejemplo claro de la utilización de la mujer como nicho de mercado. Recibo todos los días a mujeres que se ponen ácido hialurónico en los labios mayores, se hacen una liposucción en el monte de venus, se recortan los labios y se hacen un aro blanco en la entrada de la vagina sin preguntarse cómo les va a afectar en la sexualidad, en la masturbación o en las relaciones con penetración. Lo mejor que te puede pasar es que no te sirva para nada. El cine porno ha creado muchas falsas expectativas y por primera vez estamos viendo disfunciones sexuales en personas muy jóvenes porque se crean una expectativas de la sexualidad que no se corresponden con la realidad. El cambio está en nosotras para decir que no a esa visión de muñecas al servicio de la sexualidad de otros.