Una tripulación procedente de Gran Bretaña, en el aeropuerto de Madrid. / Efe

España suspende los vuelos desde Reino Unido

El Gobierno decide, de modo conjunto con Portugal, restringir las llegadas, salvo en el caso de los nacionales y residentes

IÑIGO GURRUCHAGA Corresponsal. Londres

España suspende desde hoy los vuelos de llegada procedentes de Reino Unido, salvo en el caso de residentes y ciudadanos nacionales, con el fin de atajar las consecuencias de la nueva cepa del Covid-19. El Gobierno de Pedro Sánchez adoptó ayer esta medida, de manera conjunta con Portugal, y se incorpora así a la senda abierta por una veintena de países -la mayoría europeos, pero también extracomunitarios- que han interrumpido el tráfico aéreo con las islas ante la amenaza de una variante del coronavirus con mayor capacidad de transmisión, aunque no más letal. El Ejecutivo también reforzará el control fronterizo con Gibraltar, donde las autoridades británicas notificaron ayer la existencia de un contagio por esta mutación.

España, al igual que su vecino portugués, esperó al resultado de la reunión de emergencia convocada a las once de la mañana por la Unión Europea para analizar la novedosa situación sanitaria. Su pretensión es que todos los líderes de la UE adoptasen una respuesta común.

Sin embargo, el comité terminó con la recomendación de que se eviten los viajes innecesarios y, a petición de los Estados miembros, la elaboración de unas «directrices» generales ante la nueva situación de la epidemia. No hubo, sin embargo, consenso sobre un posible cierre de las fronteras del espacio comunitario o la aplicación de unas restricciones de mutuo acuerdo, pese a que Países Bajos, Italia, Francia, Austria, Suecia, Bélgica, Alemania, Holanda, Estonia, Polonia y otra decena de territorios de la UE habían ya ordenado de manera unilateral la suspensión de los vuelos con origen en Reino Unido.

LAS CLAVES:

  • Una lista en aumento. El número de Estados miembros que limita el tráfico aéreo con las islas supera ya la quincena

  • Cambio de opinión. Boris Johnson y su equipo científico rebajan la alarma por la nueva variante del Covid-19

Paradójicamente, la cascada de 'cierres' coincide con un mensaje de calma enviado ayer por Londres. Los científicos británicos no han encontrado ninguna prueba de que la nueva variante del coronavirus agrave las consecuencias de la infección o tenga un efecto neutralizador de las vacunas. Boris Johnson expresó, por su parte, un deseo lleno de optimismo, confiado en que «la respuesta internacional está derrotando con firmeza a este virus, a pesar de que hayamos visto en esta pandemia que puede moverse rápidamente de un país a otro».

El comité científico que influyó en la decisión de aumentar las restricciones al movimiento en Londres, y en la región contigua de Kent, ha modificado su evaluación de la velocidad de crecimiento de la nueva variante, que estima ahora en un 50% superior a la de cepas anteriores, cuando la pasada semana creía, con «confianza moderada», que era un 70%. Hay un «indicio», según uno de los miembros del comité, Neil Ferguson, de que infecta con más facilidad a los niños que en el pasado. El cierre de las escuelas en las dos semanas de la vacación navideña producirá, según su predicción, un descenso en la transmisión de todas las variantes y medir las diferencias en el nivel de descenso ofrecerá un conocimiento más detallado sobre la evolución del virus.

El consenso de los investigadores es que el número de mutaciones que presenta en el código genético de la proteína que facilita la infección de las células humanas, 21, obliga a la investigación detallada, porque otras variantes han tenido uno o dos cambios. Algunos expertos afirmaron que la alarma nacional e internacional se debe más a la política y a los medios que a la realidad de la amenaza.

Aunque ha crecido la lista de países que han cerrado sus aeropuertos a los viajeros procedentes de Reino Unido, las cifras que miden la evolución de la pandemia no parecen revelar una alarma extraordinaria. Según el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades, en las dos últimas semanas el promedio de casos por 100.000 habitantes en suelo británico -348,2- era menor que en Italia, Alemania, Holanda y un largo número de países. Y el de muertes -8,9- no estaba tampoco entre los más altos en la UE.

No hubo un aumento de los decesos en Reino Unido en las semana del 13 al 20 de diciembre, según datos de su Servicio Nacional de Salud. Del 10 al 17 tampoco se produjo un incremento drástico de hospitalizaciones ni de ingresos en ventilación. Pero el viernes, a las 15.15 horas, el Gobierno recibió el informe del comité científico que estudiaba aspectos de la variante desde el día 11, informó a la Organización Mundial de la Salud y al día siguiente provocó una fuerte reacción anunciando restricciones navideñas.

Quienes conocen la vida en el 10 de Downing Street afirman que el ambiente en la oficina de Johnson es más cordial que el que existía cuando el 'gurú' Dominic Cummings reinaba. El secretario permanente del primer ministro, Simon Case, ha puesto desde entonces más orden, pero en su primera entrevista reconoce el choque que significa la complejidad de la tarea de un Gobierno que aborda al mismo tiempo el Covid y el Brexit.

Menor que el caos

Los preparativos de la marcha de la UE han ayudado, sin embargo, en la respuesta a la decisión del Gobierno francés de cerrar el paso a todas las mercancías acompañadas, procedentes de Reino Unido. Son el 20% de las importaciones y de las exportaciones, pero el transporte por carretera tiene un mayor impacto en los productos frescos. Los nueve atracaderos del Puerto de Dover estuvieron vacíos todo el día y no transitaron trenes con camiones por el Eurotúnel.

En su comparecencia pública tras una reunión del comité de emergencia, Johnson expresó la idea que ya había acuñado Duncan Buchanan, directivo de la Asociación de Transportistas de Reino Unido: «Los conductores de camiones tienen bajos niveles de infección porque tienen poca interacción con la comunidad. Tener a los conductores en aparcamientos o colas aumentará la expansión del virus en lugar de contenerla».

Según la Confederación Española de Transporte de Mercancías, «miles de conductores españoles están bloqueados sin sitio para aparcar ni para comer». El ministro británico de Transporte, Grant Shapps, afirmó, sin embargo, que la cola en la autopista que lleva a las terminales de tren y ferry era en la mañana de ayer de 500 camiones y que a la noche eran 170. Puertos relevantes para el comercio español, como el de Portsmouth, Londres o Plymouth, operaban con normalidad.

En ausencia de una actitud coordinada de la UE, Johnson habló con el presidente francés, Emmanuel Macron, y describió la conversación en términos joviales, quizás porque decidieron no hablar del Brexit, que habría motivado el bloqueo francés, según numerosos británicos. Entendieron sus «respectivas ansiedades», dijo Johnson, y analizaron métodos para reanudar el tráfico en el Canal de la Mancha.

Las nuevas restricciones han dejado a alguna familia con un pavo de tamaño excesivo para los familiares que ahora pueden visitarles y personas angustiadas de nuevo se han lanzado a acaparar alimentos o productos higiénicos. Los trastornos pueden ser notables para los camioneros que llevan productos frescos o se encuentran atrapados en tierra de nadie.

Y mientras la investigación sobre la variante y la estrategia adecuada para contener su extensión prosigue, queda una duda indescifrable. ¿Provocó Johnson-obligado a aumentar restricciones tras prometer previamente una Navidad relajada, porque sería «inhumano» recortarla- una estampida de londinenses el sábado, una alarma excesiva y el aislamiento de su país el domingo, con un anuncio mal medido?