Sanitarios del hospital Monte San Isidro de León usaron bolsas de basura para protegerse de la covid-19. / r. c.

Cuando los equipos de protección eran bolsas de basura

Poco se sabe de la gran reserva estratégica de este tipo de elementos anunciada por el Gobierno en julio de 2020 y en la que se iban a invertir más de 2.500 millones de euros

A. SOTO / M. SÁIZ-PARDO Madrid

Ha sido una de las imágenes de la pandemia. En lo peor de la primera ola, allá por finales de marzo y principios de abril, los sanitarios españoles tuvieron que luchar contra el coronavirus pertrechados de bolsas de basura, guantes de fregar y gafas de buceo. Como en tantas otras ocasiones durante esta emergencia sanitaria, una mezcla de imprevisión y fatalidad dejó a los hospitales sin equipos de protección, precisamente el bien más preciado. La consecuencia fue dramática: más de 125.000 profesionales contagiados, alrededor del 20% del total de los sanitarios de España.

En el mercado del material de protección, China ejerce en la práctica un monopolio. Cuando el gigante asiático se confinó por el virus, las fábricas de equipos de protección cerraron, en un momento en que se disparaba la demanda nacional e internacional. China dejaba de producir y a la vez, acaparaba, y la venta de material se convirtió en un «mercado persa», una definición que hizo fortuna.

Pero aun así, las comunidades autónomas, que llevaban años realizando las compras, se movieron al principio con cierta solvencia. En enero y febrero, pagaban más caro, pero conseguían mascarillas y respiradores. La situación se complicó cuando el 11 de marzo el Gobierno publicó un decreto de centralización de las compras. Aunque no lo explicitaba, las comunidades entendieron que el ministerio se iba a encargar de la adquisición del material y muchas de ellas suspendieron sus pedidos por miedo a que Sanidad los confiscase cuando hubieran llegado a las fronteras nacionales. Y aquí todo terminó de torcerse.

El fiasco de las compras

La cesión de las competencias sanitarias en España ha vaciado el ministerio y el organismo encargado de las compras, Ingesa, no tenía músculo ni experiencia para comprar material en el exterior, tras décadas en las que había dejado de realizar esa función. Todo ello unido a la jungla en que se convirtió el mercado en China propició el desabastecimiento de las primeras semanas, y no únicamente en los hospitales.

La población en general se lanzó a las farmacias buscando mascarillas, pese a las recomendaciones en sentido contrario del Ministerio de Sanidad. Unas recomendaciones que el director de Emergencias, Fernando Simón, rectificó a principios de mayo, con un argumento que enfadó a mucha gente. Simón había dicho que no eran necesarias las mascarillas porque no había suficientes unidades disponibles. En realidad, no es que no hicieran falta, es que desde el 21 de mayo su uso es obligatorio en España.

Tras el desastre de las primeras semanas, el entonces ministro de Sanidad, Salvador Illa, anunció el 25 de febrero una primera gran compra de material en China por valor de 432 millones. En julio, el ministerio anunció el proyecto de creación de una gran reserva estratégica de elementos de protección en la que está previsto invertir más de 2.500 millones de euros. Pero poco se sabe de esta iniciativa y de hecho, aunque ya no existen problemas de abastecimiento de material sanitario, las comunidades han vuelto a realizar sus propias compras de material al margen del Gobierno central.