En la primera línea para frenar contagios

Rastrear los contactos de los casos positivos de covid-19 es una de las estrategias más efectivas para evitar que el virus se extienda. En Canarias desde el 10 de marzo se activaron los protocolos de seguimiento a través de Atención Primaria en Tenerife y con un grupo de 30 sanitarios en Gran Canaria. Algunos de ellos cuentan en este reportaje cómo es su trabajo.

Luisa del Rosario
LUISA DEL ROSARIO

Luisa del Rosario González Las Palmas de Gran Canaria

El 31 de enero el Instituto Carlos III confirmó que un turista alemán alojado en La Gomera había dado positivo en coronavirus. Era el primer contagiado con el que arrancaba la lista de pacientes en España. Desde que se tuvo la sospecha -había estado en contacto con otro infectado en Alemania– se le aisló tanto a él como a sus acompañantes. Un mes después la Consejería canaria de Sanidad ponía en cuarentena a las 1.000 personas alojadas en un hotel de Adeje, en Tenerife. Detectar los contactos estrechos de un positivo es una de las piezas fundamentales para atajar la cadena de contagios. Algo que la OMS pidió en 2017 cuando la crisis del ébola y llamó a crear equipos de rastreadores ( contact tracing). El caso del hotel activó este servicio en Tenerife, que optó por un seguimiento desde atención primaria apoyado por un grupo de 15 personas que se encarga de la labores de rastreo. Y la detección del primer caso en Gran Canaria, una turista italiana de visita en Agüimes, impulsó el de esta isla el 10 de marzo. Ese día un grupo de unas 30 personas, entre médicos y médicas, personal de enfermería y de administración, se instaló en la Biblioteca Pública del Estado, en la capital isleña, y desde allí hacen el seguimiento y detección de los contactos estrechos de un positivo.

Lo fundamental es averiguar quién ha estado a menos de dos metros de una persona contagiada durante más de 15 minuto. Una vez localizada se le pide que se aísle y guarde cuarentena porque se convierte en un posible caso. De esta manera se corta el contacto con otras personas y con ello que el virus se siga trasmitiendo. Las personas que se ocupan del rastreo hacen seguimiento de esos casos sospechosos. «Preguntamos por si tienen síntomas, por cuestiones de salud», explica la enfermera Elsa Rodríguez, una de las rastreadoras de Gran Canaria. Pero no es un cuestionario de a, b, c y d. «Tratamos aspectos biológicos, psicológicos. Nos hemos encontrado con muchas situaciones de abordaje», señala Samuel Aguiar, también rastreador. Para que todo funcione tiene que haber «confianza», y eso es lo que logran quienes hacen este seguimiento porque estar aislado y solo «es duro», coinciden ambos. Los pacientes pasan por «fases», pero en general, añaden, todo el mundo lo comprende y cumple. El seguimiento diario «les ayuda», señalan. También los rastreadores sufren estrés. «Es una situación nueva y cambiante», reconoce Aguiar. Pero esto es un «trabajo de todos», y apelan a la «responsabilidaddad» de la ciudadanía.