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Década del envejecimiento saludable decretada por la OMS

La vida transcurre por etapas que van condicionando nuestra forma de pensar actuar y de vivir por lo que favorecer el reto de cumplir años con la mayor calidad de vida posible manteniendo la autonomía y funcionalidad es el objetivo a cumplir en un mundo cada día más envejecido

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha declarado como la Década del Envejecimiento Saludable desde diciembre del 2020 hasta el año 2030 como una concienciación global para aunar esfuerzos de toda la sociedad ante el envejecimiento de la población a nivel mundial con las implicaciones que esto tiene en aspectos sanitarios, sociales y económicos para los que hay que estar cada día más preparados.

El llamamiento incluye a gobiernos, profesionales sanitarios, instituciones académicas, medios de comunicación y a la sociedad civil en su conjunto para emprender una acción concreta, coordinada y efectiva para promover la calidad de vida de las personas mayores, sus familiares, cuidadores y de la comunidad en que viven fomentando una visión positiva del envejecimiento.

La población envejece en todo el mundo con más rapidez que en otros tiempos y se precisan medidas y actitudes diferentes adaptadas a esta situación, estamos asistiendo al envejecimiento del envejecimiento, el grupo de los mayores de 80 años es el que más crece lo que nos enfrenta a nuevos escenarios. Un buen comienzo es transmitir una adecuada información por parte de médicos especialistas implicados desde sus diferentes especialidades en la atención a este sector de la población por lo que es de agradecer a los participantes su colaboración desinteresada en la confección de esta primera separata basada en la Década del Envejecimiento Saludable.

En la medida que ha ido avanzando la investigación sobre el envejecimiento humano y la medicina preventiva empleando los avances tecnológicos en este campo se han ido precisando los conceptos de envejecimiento normal y envejecimiento con éxito.

Se ha demostrado que los cambios fisiológicos relacionados sólo con el paso del tiempo y no con enfermedades concretas pueden definirse a día de hoy con creciente precisión, son menos llamativos y de menos magnitud de lo que se creía.

La población envejece en todo el mundo con más rapidez que en otros tiempos y se precisan medidas y actitudes diferentes

Hoy en día se considera que los cambios están relacionados con el envejecimiento solo si reúnen las siguientes características: Universal-Deletéreo-Progresivo-Intrínseco-Irreversible.

El primer aspecto que se pudiera definir como crucial, al valorar cualquier problema que surja en un adulto mayor consiste en diferenciar con la máxima precisión posible la enfermedad del envejecimiento normal.

La predisposición de algunos adultos mayores a que estímulos de baja intensidad produzcan enfermedad y discapacidad se conoce en la clínica como fragilidad y es más frecuente en la medida que avanza la edad.

La fragilidad no es una enfermedad pero si condiciona un manejo más cuidadoso de cualquier problema clínico en los mayores que la padecen.

En las enfermedades de los mayores sucede un hecho diferencial importante, puede fracasar en primer lugar lo más vulnerable, aquel órgano o sistema con menor reserva fisiológica para responder al estimulo agresivo, por lo que la enfermedad puede manifestarse por un órgano lejano al que sufre el proceso patológico.Un claro ejemplo es una infección urinaria, frecuente entre la población mayor, puede tardar más en producir los síntomas locales de la infección como ardor o dolor al orinar que en deteriorar la situación mental generando confusión, desorientación o caídas.

No sólo el hecho de enfermar tiene características distintas en las personas mayores, también varia significativamente la actitud del propio paciente mayor al afrontar la enfermedad a lo que se suma la actitud de la sociedad incluyendo la familia, cuidadores informales e incluso profesionales sanitarios ante los mayores enfermos.

La actitud de una persona mayor ante una enfermedad determinada se ve influida por aspectos de consideración social de la enfermedad como puede ser la tardanza en comunicar una incontinencia de esfínteres o éticos como cuando tarda en acudir al sistema sanitario por no sobrecargar a los familiares porque están trabajando.

Otro tema frecuente son los psicológicos, como puede ser que el miedo a volver a caer tras una caída genere una inmovilidad grave, enmascarar los síntomas de un cuadro depresivo o la valoración que el propio adulto mayor haga de su propia enfermedad o de los síntomas que le produce.

Cada uno de estos factores tiene una influencia diferente en cada persona, por lo que el afrontamiento de la enfermedad es extremadamente individual, se basa en la experiencia previa y en la biografía de salud.

Tanto la actitud como el momento elegido para acudir al sistema sanitario en busca de ayuda depende de la gravedad percibida de cada enfermedad por parte del paciente, del grado de disfunción que le produce y de la existencia de causas alternativas como las enfermedades ya existentes para explicar los síntomas nuevos.

Con frecuencia los mayores acuden más tarde y en situación más grave al sistema sanitario que los adultos más jóvenes.

Al margen de la edad, cuanto antes se detecte una nueva enfermedad y se realice la intervención oportuna mejor pronóstico tendrá.

Datos prácticos

  • Urge generar acciones prácticas y objetivas que impliquen a gobiernos y organismos internacionales centradas en favorecer el envejecimiento exitoso y saludable, pensar que hay más de mil millones de personas mayores de 60 años en el mundo.

  • Se debe evitar la sinrazón de confundir envejecimiento con enfermedad, que puede retrasar el importante diagnóstico y adecuado tratamiento que favorezcan mantener la funcionalidad al margen de la edad cronológica.

  • El envejecimiento fisiológico hace que la persona sufra una pérdida de la reserva funcional que es la que permite enfrentarse con éxito a situaciones de estrés como las infecciones o las alteraciones metabólicas.

  • Estímulos de baja intensidad como una infección vírica que en jóvenes no producirían enfermedad relevante si pueden causarla en los mayores.

  • En el adulto mayor las enfermedades asientan sobre un organismo envejecido que ha sufrido los cambios inevitables ligados al envejecimiento y por las distintas enfermedades y agresiones sufridas a lo largo de muchos años de vida.

  • Es un hecho que el adulto mayor, como el niño es diferente del paciente más joven, las manifestaciones clínicas, los signos y síntomas varían mucho con la edad.

  • Se puede envejecer sin padecer una demencia o una cardiopatía, ante nuevas manifestaciones clínicas siempre hay que buscar una explicación que la justifique.

  • Los mismos instrumentos diagnósticos y medios terapéuticos se utilizan en los mayores de forma diferente, en ocasiones razonablemente y en otras discriminatoria.

  • Los mayores son el grupo más heterogéneo de la población, no hay nada más diferente a una persona de 80 años que otra de esa misma edad, incluso familiares.

  • Definir a un adulto mayor solo por la edad cronológica es una simplificación inaceptable y sin base científica alguna a día de hoy.