Las caras «invisibles» que hacen que un hospital haga frente al Covid-19

Un centro hospitalario es como una ciudad amurallada, para que todo funcione necesita una plantilla engrasada que va más allá del personal sanitario y también se han tenido que enfrentar al coronavirus

Luisa del Rosario
LUISA DEL ROSARIO

La cara más visible de los hospitales es el personal médico, desde especialistas a estudiantes, la plantilla de enfermería y farmacia. Pero un centro hospitalario es una ciudad entre cuatro paredes, pues necesita la colaboración de muchos esfuerzos para que la maquinaria funcione. Los servicios de limpieza, el personal de cocina, celadores o la administración que se encargue del extraordinario papeleo que se genera son parte del equipo y no actores secundarios. Pero para parte de la ciudadanía pueden pasar desapercibidos en estos momentos en los que cada día se sale al balcón a aplaudir a los sanitarios. Estas son algunas de las otras caras que necesitan los hospitales pues sin ellos y ellas no llegaríamos a un box o una cama o su estancia en el centro sería una tortura.

Angélica Calero es informadora en el Hospital del Sur. Ella es la primera persona que atiende a un paciente. «Nosotras filtramos, respondemos a las dudas informando», comenta. El papeleo del ingreso, un alta o la ubicación de los pacientes y gestión de la información sobre ellos es tarea de la plantilla de auxiliares administrativos. Es el caso de Juan Francisco Delgado.

Moverse por un hospital no es sencillo. Todos los pasillos parecen iguales y el laberinto de puertas requiere tiempo para descifrarlo. Octavio Sánchez domina cada ruta posible del Complejo Hospitalario Universitario Insular Materno Infantil (CHUIMI), en Gran Canaria. Sánchez es celador, esa persona que sube y baja a los pacientes. Los que tiran de las camillas hasta llegar a las salas de pruebas o los que, como en esta crisis sanitaria, llevan las muestras para detectar coronavirus de un centro a otro para su análisis.

La comida que se sirve en los hospitales tampoco se hace sola, ni llega por arte de magia a la bandeja y aparece en las habitaciones. Las personas que ingresan en los hospitales comen, y al menos las que pasan por el Hospital de La Candelaria, en Tenerife, desayunan, almuerzan, meriendan y cenan gracias a equipos como en el que está Julia Díaz. Ella es pinche de cocina en ese hospital. Colabora en las tareas de la cocina y de su limpieza. También del reparto que se hacen en los carros que suben a las plantas y en la limpieza de esos utensilios después.

Un hospital requiere, además, una limpieza extrema. Y no basta con pasar la fregona a la habitación de un paciente con coronavirus. También hay que recoger la basura, los «restos». Esos pañuelos, pañales, gasas, jeringas... De ello se encarga gente como Marcos Izquierdo.

Ninguno de ellos ha estado en la «primera línea» contra el coronavirus. Pero sin estos profesionales nadie podría enfrentarse a una pandemia como la que estamos pasando. Sin estos trabajos la atención sanitaria siquiera sería posible.

También entre el resto del personal.

En Canarias se han detectado cerca de 500 contagios entre el personal sanitario. También se cuenta con cerca de medio centenar de farmacéuticos y farmacéuticas. A la falta de material de protección individual se suma el contacto estrecho con los pacientes, lo que explica, al menos en parte, el alto numero de profesionales contagiados. Sin embargo en esas cifras globales no se distingue al personal «no sanitario». Octavio Sánchez señala que al menos hay 12 celadores y ocho auxiliares administrativos contagiados por Covid-19. Para ellos, señala Sánchez, no existe la oportunidad de quedarse en hoteles como los que se han ofrecido al personal sanitario, por lo que se sienten ninguneados. «Parece que nosotros (los no sanitarios) somos inmunes y no tenemos derecho a acogernos a esas medidas». Pero ellos también tienen familias y temen contagiarlas. «Con 1.200 euros al mes no te puedes pagar otra casa para no ir a la tuya», añade.