Un pueblo de la España Vaciada recupera su panadería una década después

Una pareja procedente de Buenos Aires ha decidido abandonar la gran ciudad para vivir y trabajar en el pequeño pueblo conquense de Tragacete

J.M.L. Cuenca

Marcelo Santín y Claudia Souza no han dudado en cambiar radicalmente de vida. Han pasado de vivir en Buenos Aires, ciudad de cerca de 3 millones de habitantes, a residir en Tragacete, un pequeño pueblo de la provincia de Cuenca de apenas 200 vecinos que es uno más de la larga lista de municipios de la España Vaciada.

Marcelo y Claudia se enteraron de que el ayuntamiento de Tragacete quería reabrir su panadería después de diez años a través del proyecto «Holapueblo», ideado por AlmaNatura e impulsado, entre otros, por el Grupo Red Eléctrica, IKEA, Correos y Reale Seguros. Una iniciativa que busca impulsar la repoblación de áreas rurales poniendo en contacto a los ayuntamientos con personas interesadas en emprender y vivir en los pequeños pueblos.

Esta pareja de argentinos recorrió los 10.140 kilómetros de distancia que separan Buenos Aires con Tragacete para asentarse en este pueblo de la Serranía Alta de Cuenca rodeado de atractivos parajes naturales y convertirse en sus panaderos. Para ello, el ayuntamiento les ha cedido el bar de la piscina municipal que ahora también funciona como horno y despacho de pan y repostería. «Llevábamos dos años trabajando de panaderos en Argentina y decidimos venir a España después de ponernos en contacto con la plataforma Holapueblo y estudiar lo que el pueblo nos podía ofrecer», explica Claudia, quien reconoce que su pareja es el maestro panadero.

Pan traidicional

«Hemos acondicionado el local de la piscina como cafetería y panadería y en verano dispondremos de una terraza», cuenta Claudia, que de momento vende barras, baguettes, medias lunas, tortitas con crema pastelera y cruasanes, aunque su deseo es especializarse en elaborar el pan y la bollería tradicionales de la comarca. Para ello han pedido la colaboración de los propios vecinos con el fin de que les enseñen las recetas autóctonas de Tragacete y poder elaborar el pan de San Miguel en las fiestas patronales que coinciden con el final del verano.

«Los clientes están contentos con el pan y la bollería que hacemos», afirma Claudia, que también ofrece a los vecinos bollería tradicional argentina como los alfajores marineros. El alcalde de Tragacete, Diego Yuste, ha recibido a esta pareja y a su hijo con los brazos abiertos. «Tragacete tiene un enclave natural perfecto, rodeado de naturaleza y con un río atravesando el municipio. Los vecinos conforman una comunidad muy unida y acogedora y apoyarán estos proyectos de emprendimiento», asegura el alcalde, quien reconoce que dejar la gran ciudad para marchar al pequeño pueblo «es un cambio complicado pero también necesario porque hay que probar este modo de vida y la persona que cambia de vida aquí se queda».