Borrar
Joaquín Díaz, en una de las salas de la Fundación que lleva su nombre, en Urueña. FIDEL RASO
«A los políticos solo les interesa la tradición si le pueden buscar una aplicación»
Joaquín Díaz | Folclorista

«A los políticos solo les interesa la tradición si le pueden buscar una aplicación»

«No me asusta la España vacía; me asusta la España llena de gente que vive en un sitio porque no le queda otro remedio y no puede gozar de sus ventajas», advierte en cuanto al éxodo del campo a la ciudad

Sábado, 8 de mayo 2021, 23:30

Necesitas ser registrado para acceder a esta funcionalidad.

Opciones para compartir

Joaquín Díaz (Zamora, 1947) ha dedicado más de medio siglo a estudiar la cultura tradicional y el folclore. Entre 1967 y 1974 dio numerosos conciertos, muchos de ellos en colegios mayores de todo el país. Desde entonces ha grabado casi un centenar de discos, ha publicado numerosos trabajos y es reconocido como la gran autoridad en la materia, sobre todo en ámbitos como la llamada 'literatura de cordel' (un género paralelo al romance y las coplas de ciegos, que transmitían episodios de todo tipo) y el cancionero sefardí. Creó el Centro Etnográfico de Urueña, hoy convertido en la Fundación que lleva su nombre. En un caserón de hace tres siglos, en el centro de este pueblo amurallado, convertido en Villa del Libro, recuerda cómo nunca se sintió pionero de nada pero muchos se lo dicen porque fue el primero en cantar en TVE 'Blowing in the wind' así como canciones en euskera, catalán y gallego. «No era un mérito especial. Si veía un romance en alguna de esas lenguas y me gustaba, quería cantarlo», explica con una sonrisa. En su despacho de la Fundación, en la que se conservan miles de libros y grabaciones musicales en todos los soportes, habla sobre la tradición y el folclore.

- ¿Qué nos aporta la tradición en el mundo en el que lo de ayer ya es viejo?

- La tradición es la vía más natural y casi genética de transmisión de conocimientos. Que serán prácticos o inútiles, pero son conocimientos. La tradición te enseña a hablar y a partir de ahí va todo lo demás. Antes, en casa, la madre o la abuela te contaban cuentos. Ahora todo es más artificial: te llega por escrito, o por gente que cuenta cosas en un escenario o un vídeo.

- Hablaba de conocimientos útiles o inútiles.

- Sí. La ética, por ejemplo, la recibes de tus padres y lo que te dicen que es bueno. La tradición es algo intemporal que nos sirve si sabemos aplicarla a nuestra vida. Es la capacidad de evolucionar lo que le da fuerza.

- ¿También en un tiempo en el que adoramos a la tecnología como a un nuevo dios?

- Para alguien familiarizado con la tradición, la tecnología ayuda. Es el medio para conservar y difundir, pero la comunicación y el trato entre la gente no desaparecen por ello.

Tradición y Universidad

- Pensamos que la globalización ha hecho que cualquier cosa circule por el mundo, pero el estudio de los romances medievales demuestra cómo ya entonces la gente se movía de un sitio a otro y llevaba sus canciones, relatos y costumbres.

- Eso es algo que yo he visto en muchos pueblos de difícil acceso, cuando viajaba buscando romances. En la época de las grandes nevadas, los arrieros sabían llegar a cualquier rincón con sus mulas. Hoy, en esos mismos lugares, si nieva, no se puede pasar con un 'land rover'. Para que veamos cómo circulaba antes la información.

- Ahora todo puede registrarse y distribuirse sin límite, pero también está a punto de desaparecer la última generación que ha conservado ese patrimonio oral de canciones y relatos.

- Sí, así es. Aunque el aprecio por la tradición había empezado a desaparecer antes. Aquí hemos contabilizado los archivos (cada canción, cada cuento) y tenemos unos 250.000. Con más recursos podríamos estar cerca de los dos millones.

- Recorrió pueblos remotos en busca de todo eso, como antes lo hicieron Kodaly, Falla, García Lorca y tantos otros. ¿Queda hoy alguien que lo siga haciendo?

- Sí, incluso con más intensidad que antes. Le diré algo: yo lo que siento es no haber preguntado por qué la gente elegía las cosas que me contaba. Porque de todas las canciones o cuentos que sabían, me contaban algunos. El repertorio lo elige cada uno según su mentalidad. Recuerdo a una mujer que me cantaba llorando el romance 'Sufrir callando', que se refiere a malos tratos. Posiblemente lloraba porque era su caso. Todos necesitamos hablar sobre lo que estamos preguntándonos. La tradición es un catálogo de respuestas a lo que nos preguntamos en la vida.

- Suele decir que la tradición está en movimiento y eso descoloca al mundo académico, que lo quiere todo estático. ¿Qué hacer entonces? Porque puede que el mundo académico sea el único que atienda a las tradiciones en un futuro próximo.

- Creo que el mundo académico debe reflexionar para aplicar otros métodos de estudio a la tradición oral. Los que usan con frecuencia no sirven para algo que está en movimiento, y la tradición lo está. Se ve cuando encuentras el mismo romance que va variando de unos lugares a otros, o de unas épocas a otras.

- ¿Y los políticos? ¿Les interesa la tradición, este patrimonio inmaterial, o la usan solo con afán identitario?

- Ni les interesa ni saben de qué va. Les interesa solo si le pueden buscar una aplicación. El nacionalismo, cualquiera, es una forma de buscar una identidad, basada en orígenes antiquísimos... y eso suele ser mentira. Si el nacionalismo persiguiera solo una identidad unida al lenguaje, el lugar, la música... eso estaría bien. Pero pretender que eres más antiguo, o más guapo, no es más que dar un significado a la existencia de mugas, de límites.

- Usted ha denunciado también que, en busca de elementos identitarios, se han borrado algunas tradiciones en beneficio de otras. ¿Por qué?

- La identidad no quiere decir siempre igualdad. La Renaixença catalana, por ejemplo, busca una guía fácil para ser catalán en poco tiempo. En ese camino, desaparecen formas de la sardana, y queda solo una en aras de la igualdad. Les convenía unificar y la pena es que en ese intento de unificación se eliminaron muchas formas que en realidad eran más identitarias, como la jota en el ámbito de Cataluña.

- ¿El folclore corre el riesgo de ser utilizado con fines políticos?

- Ese riesgo, y otro, aún peor. La Unesco se ha inventado una fórmula para proteger el patrimonio inmaterial, que a veces es también material. El problema es que lo inmaterial va cambiando y si se fija de una cierta manera, como a veces está sucediendo, termina siendo arqueología, que es lo que nunca ha sido.

- Ha acusado al nacionalismo, empezando por el español, de ser muy mentiroso sobre las tradiciones.

- La cultura oficial usa la propaganda para hacer esas manifestaciones, y la influencia de las academias para desmentirla no es como en los siglos XVIII y XIX. Mire, en el siglo XIX aún se mantenían algunas invenciones históricas de la época de los Reyes Católicos, porque interesaba al poder. Los niños sabían cuatro cosas, muchas sacadas de las cartillas de la catedral de Valladolid, que fue el libro más vendido, con unos cien millones de ejemplares. Tenían el monopolio de la impresión de esa cartilla y con los beneficios pagaban las obras de la catedral.

- Que no llegó a terminarse.

- Quizá tendrían que haber vendido más... (se ríe). La cultura era muy elemental.

Volver al campo

- Me gustaría preguntarle por la vuelta de la gente al campo. Parece que el coronavirus empuja a algunos, pero llegan con su estilo de vida urbano. ¿Qué opina?

- Cuando las cosas evolucionan, no se sabe a dónde van. No me asusta la España vacía, me asusta la España llena de gente que vive donde no le gusta porque no tiene otro remedio y no goza de ninguna de sus ventajas. La gente de los pueblos vive bien salvo cuando les quitan el ayuntamiento y les dejan sin recursos. Y quienes llegan ahora a vivir al campo usan medios y tecnología avanzados, pero también suelen interesarse por conocer los lugares. Lo estoy viendo aquí.

- ¿Le gusta el concepto mismo de España vacía?

- Me parece algo excesivo. En el siglo XIX había en el campo más gente de la que podía vivir en él. Por eso, los más listos, o eso creían, se fueron a las ciudades como antes se habían ido a América. Y tampoco esa España está vacía del todo. Hay más gente de la que creemos que está convencida de es posible una vida más humana y cercana a un ideal. Otra cosa es que quienes primero se han ido de los pueblos son las autoridades. Ya sabe: esos lugares donde no hay cura y ni siquiera el alcalde vive allí. Y así no se defiende la vida en común. Así que cuando eso pasa cómo no van a marcharse los vecinos a continuación.

- Con el abandono del campo se están perdiendo tradiciones, también palabras.

- Ese es justo el tema de una exposición sobre Delibes que he montado aquí, en Urueña. Él usa en sus novelas muchas palabras que escuchaba en el campo. Y cuanto más preciso es el lenguaje, más facilidad para la comunicación, pero si ambas partes lo conocen, claro. Desde el diccionario de Covarrubias hay muchas palabras que ya no se usan. Se siguen perdiendo y se perderán muchas más. Delibes es capaz en sus novelas de ponerlas en boca de la gente que vive en el campo.

- Antes en el campo convivían gentes de religiones diversas y compartían un sentido de pertenencia. Ahora que la religión ya es menos relevante a esos efectos no paramos de buscar elementos diferenciadores.

- Está en nuestros genes. Necesitamos una muga. Antes había una religión oficial y la otra, la de judíos y moriscos, no salía de casa. Estamos buscando siempre la diferencia, y a veces la confrontación. Ahora porque la Humanidad está cabreada con lo que pasa, pero siempre hay algún motivo. El siglo XX fue el de las grandes guerras, y el XXI será el de las pandemias. Hay que adaptarse.

- Ha investigado mucho sobre los romances de ciego, que llevaban las historias de un sitio a otro. ¿Quién hace eso en tiempo de instagram, tik tok, twitter y whatsapp?

- La Prensa en su sentido amplio. Las noticias más truculentas, que eran las que contaban los ciegos, nos siguen interesando. La lucha de los periódicos en el siglo XIX era defender que ellos contaban la verdad y los ciegos mentían. Pero los ciegos hacían creíbles sus mentiras y muchas veces ganaban. Eso pasa ahora. O tienes un criterio o te envuelven con cosas que parecen creíbles pero no son verdad.

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios