El papa Francisco atiende las preguntas de los periodistas en el avión de regreso a Roma. / EFE

«Algunos dicen que estoy a un paso de la herejía», reconoce el Papa

En el vuelo de regreso a Roma, Francisco confiesa que el viaje a Irak ha supuesto «revivir» tras «estos meses de encierro» por la pandemia, en los que se sintió «un poco preso»

DARÍO MENOR Corresponsal Roma

Los tres días que el Papa Francisco ha pasado en Irak han supuesto para él «revivir» tras «estos meses de encierro» motivados por la pandemia, en los que se sintió «un poco preso». En el vuelo con el que regresó este lunes a Roma desde Bagdad, el Pontífice ofreció un balance muy positivo de su viaje a la nación árabe, donde trató de impulsar la reconciliación nacional tras décadas de guerra y mantuvo un significativo encuentro con el gran ayatolá Ali al-Sistani, máxima autoridad religiosa para los chiíes iraquíes, la comunidad religiosa más numerosa del país.

«Sentí el deber de hacer esta peregrinación de fe y de penitencia, y de ir a ver a un grande, a un sabio, a un hombre de Dios: solo escuchándolo se puede percibir esto», dijo Jorge Mario Bergoglio sobre Al-Sistani, reconociendo eso sí que no todos en la Iglesia católica están de acuerdo con su apuesta por el diálogo religioso. «Hay algunas críticas: que el Papa no es valiente, que es un inconsciente que está dando pasos contra la doctrina católica, que está a un paso de la herejía, hay riesgos».

Defendió esta decisión, como el encuentro que mantuvo hace dos años en Abu Dabi con el imán de Al-Azhar, figura de referencia para los suníes, asegurando que no se trata de «un capricho» y que sigue la línea del Concilio Vaticano II. Les recordó además a los críticos que «el camino de la fraternidad es importante».

Al hablar de cómo le impresionó recorrer las ruinas de Mosul, devastada en la guerra contra el Estado Islámico, volvió a pedir el fin de la venta de armas y confesó su conmoción ante el testimonio de perdón de los supervivientes de la barbarie yihadista. También recordó su encuentro del domingo en Erbil con el padre de Alan Kurdi, el niño de tres años que apareció muerto en 2015 en una playa de Turquía tras ahogarse cuando trataba de llegar a Europa con su familia. «Es un símbolo que va más allá de un niño muerto en la migración, un símbolo de civilizaciones que mueren, que no pueden sobrevivir, un símbolo de humanidad», dijo, reivindicando el «derecho a emigrar».

El país árabe contaba con unos cuatro millones de cristianos en 1947 y antes de la caída de Sadam Husein en 2003 ya había bajado a 1,4 millones. Pero el gran éxodo se produjo con la campaña del Estado Islámico, entre 2014 y 2017, que redujo la cifra de cristianos a los 300.000 actuales.

Cansancio

En su conversación con los periodistas que le acompañaban en el avión, Francisco adelantó cuáles podrían ser algunos de sus próximos viajes. Comentó que está barajando una visita a Líbano, un país «muy generoso a la hora de acoger a los refugiados», así como una breve escapada a Hungría para participar en la misa de clausura del Congreso Eucarístico Internacional que se celebra en Budapest el próximo mes de septiembre.

También abrió la puerta a un posible viaje a Argentina, Uruguay y el sur de Brasil y pidió que «no haya fantasías de 'patriofobia'»: . Finalmente reconoció que en su visita a Irak se cansó «mucho más que en las otras». «Los 84 años no vienen solos, es una consecuencia... pero veremos».