Fotos de dos perros con las orejas mutiladas. / GUARDIA CIVIL/POLICÍA LOCAL DE SAN MATEO

Mutilación estética canina: «Dueños y criadores saben que estas prácticas están prohibidas»

El Seprona interpuso 40 denuncias en una exhibición de perros celebrada en San Mateo al detectar ejemplares con las orejas cortadas

Carmen Delia Aranda
CARMEN DELIA ARANDA Las Palmas de Gran Canaria

En España está prohibido cortarle las orejas a los perros por meras razones estéticas desde el 1 de febrero de 2018. Sin embargo, los cánones de belleza canina no han cambiado desde entonces y se sigue valorando esta mutilación animal, en especial en algunas razas de perros de presa. Por ello, no es raro que agentes del Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil (Seprona) interpusieran durante una exhibición canina celebrada en junio en San Mateo 40 denuncias contra los propietarios de 37 perros de raza american bully que, aparentemente, habían sido mutilados.

Esta práctica está penada por la Ley salvo que se practique por prescripción veterinaria por alguna patología que afecte al pabellón auditivo del animal o para evitar el riesgo de que ejemplares de ciertas razas de orejas largas se enganchen en el desarrollo de su trabajo, explica el presidente del Comité Deontológico del Colegio Oficial de Veterinarios de Las Palmas, Manuel Zumbado.

«Desde la entrada en vigor del Convenio del Consejo de Europa sobre protección de animales de compañía, los criadores y propietarios de estos animales -rottweiler, pitbull, dóberman o american bully -saben que estos actos están totalmente prohibidos, salvo que se demuestre que se ha llevado a cabo por motivos de tipo médico», explica el veterinario.

    Además, añade el experto en cuestiones éticas ligadas al ejercicio de la medicina veterinaria, la entrada en vigor de este documento fue muy sonada en el país. « España firmó este convenio 30 años después de su aparición. El Estado se lo tomó con calma», apostilla sobre la ratificación del documento elaborado por el Consejo Europeo en 1987.

    La norma es aún más conocida entre los veterinarios . «El profesional sabe perfectamente que el código deontológico prohíbe realizar mutilaciones por meras razones estéticas y sin prescripción médica», aclara Zumbado que recuerda que esta práctica también está sancionada por el Colegio Oficial de Veterinarios. En el caso de que estas intervenciones ilegales no las hagan veterinarios, se incurre, además, en maltrato animal.

    También razones meramente estéticas empujan a propietarios de ejemplares de ciertas razas caninas a cortarles el rabo. «A la hora de la verdad, privar a un animal de una zona de su organismo no tiene sentido, solo estético, y quizá sea contraproducente», afirma el veterinario.

    « Las sociedades caninas imponen un canon. En algunas casos, las razas han sido creadas a lo largo del tiempo afinándolas para realizar algún tipo de función; como los perros de guarda del ganado. En este caso, este canon solo responde a criterios estéticos», lamenta Zumbado.

    Eliminar de los estilismos caninos estas mutilaciones es otra de las vías para luchar contra esta práctica. En algunas comunidades, como en Andalucía, pretendían cambiar estos cánones prohibiendo la participación en los certámenes caninos de los animales mutilados, relata el veterinario.

    Por otra parte, Zumbado explica que la identificación de los autores de la intervención es muy complicada porque, «cuando se detectan las mutilaciones, los dueños dicen que compraron al animal fuera».

    «Ya es hora de eliminar esa excusa. Si se sabe que un animal no puede estar mutilado, no compre ese animal», sostiene el experto.

    Gatos amputados

    Los gatos domésticos sufren otra práctica ilegal que elimina una parte esencial de su fisiología, las uñas. «La oniquectomía, la extirpación de las garras de los gatos para que no arañen, es un acto de maltrato. El corte de orejas está prohibido, pero podemos tener la discusión sobre si hay o no maltrato. Si no se toman medidas para que la intervención sea correcta es una barbaridad. Se hacen cosas que no responden a criterios científicos ni veterinarios», reconoce Zumbado.