Marin Eugen , el pistolero de Tarragona. / e. c. / Vídeo: Atlas

Muere el pistolero de Tarragona tras recibir la eutanasia

El pasado 14 de diciembre, irrumpió a tiros en la empresa donde trabajaba y más tarde se atrincheró en una masía y protagonizó una huida y un tiroteo de película con la Policía catalana

CRISTIAN REINO Barcelona

Eugen Marin Sabau, exvigilante de seguridad que en diciembre del año pasado disparó contra cuatro personas y más tarde fue abatido por la Policía catalana, ha muerto este martes por voluntad propia y acompañado por sus familiares, en el consorcio hospitalario de Terrassa, a donde ha sido trasladado esta mañana del hospital penitenciario.

Tetrapléjico, sin una pierna y con dolores crónicos, solicitó la eutanasia, tras un largo proceso legal y de recursos judiciales. Eugen se ha convertido en el primer preso en España que muere por eutanasia, sin haber sido juzgado de los delitos que se le imputaban: cuatro intentos de homicidio, atentado a la autoridad y tenencia ilícita de armas. Le esperaban muchos años de cárcel, postrado en una cama, y decidió acabar con su vida, acogiéndose a la ley de eutanasia, aprobada el año pasado en España.

Ha recibido un cóctel de medicamentos. Los primeros le han sedado, los siguientes le han parado el corazón para siempre. Desde diciembre estaba en prisión preventiva. Los responsables médicos aprobaron la eutanasia, que intentaron frenar los abogados de uno de los mossos contra el que disparó. Recurrieron a instancias españolas y europeas, pero todos los tribunales han desestimado las impugnaciones y han concluido que no podían detener el proceso, a pesar de que el acusado ya nunca será juzgado. La jueza que tumbó todos los recursos afirmó que la decisión última «corresponde a los médicos» y a la Comisión de Garantía y Evaluación. La magistrada descartó además un conflicto entre el derecho a la integridad física y moral, el derecho a la dignidad, el derecho a la libertad y a la autonomía personal de quien decide poner fin a su vida, frente al «derecho a un juicio justo» por parte de las víctimas. Tenía 45 años. De origen rumano. Llevaba 20 años viviendo en la provincia de Tarragona. Trabajaba como vigilante de seguridad en la empresa Securitas Direct. Era aficionado a las armas, en su vertiente deportiva.

El pasado 14 de diciembre, irrumpió a tiros en la empresa donde trabajaba y más tarde se atrincheró en una masía y protagonizó una huida y un tiroteo de película con la Policía catalana. En el suceso resultaron heridos tres empleados de la empresa de seguridad y dos agentes de los Mossos, durante su huida. En el tiroteo en la masía, Marin Eugen fue abatido y conducido en estado crítico en un helicóptero al hospital. Actuó por «rencor» hacia sus excompañeros por una cuestión laboral. Se sentía maltratado por el hecho de ser rumano. Por sed de venganza, cogió su arsenal, se tomó la justicia por su mano y se lió a tiros contra sus antiguos compañeros de trabajo y luego se enfrentó atrincherado contra los Mossos. Antes, había mandado un correo electrónico a sus jefes: «Felices fiestas cabrones. Ladrones y racistas».

No ha manifestado en momento alguno su arrepentimiento por los hechos ni ha solicitado perdón a las víctimas, según señalaba una magistrada de Tarragona, que denegó ayer su puesta en libertad, solicitada por su abogada, para morir en otro centro hospitalario. Su abogado Gerard Amigó ha denunciado este martes en Rac 1 que la actuación de los Mossos «fue desproporcionada», pues pensaba entregarse. «No fumaba ni bebía, por eso podrá donar sus órganos«, ha confirmado su letrado.