Ángel Sodano junto al Papa Francisco / Efe

Muere el cardenal Sodano, factótum del pontificado de Juan Pablo II

Fallecido en Roma a los 94 años tras contagiarse de covid, el purpurado italiano fue acusado de encubrimiento de abusos

DARÍO MENOR Corresponsal en Roma

El cardenal Angelo Sodano, uno de los hombres más poderosos de la Iglesia católica durante el pontificado de san Juan Pablo II, pues ocupó desde 1991 hasta 2006 el cargo de Secretario de Estado, el 'número dos' de la jerarquía vaticana, falleció este viernes en un hospital de Roma a los 94 años de edad. Aunque sufría varias patologías previas, su estado de salud se deterioró en las últimas semanas tras contagiarse de covid-19. Este purpurado italiano, al que el Papa Francisco aceptó en 2019 su renuncia como decano del Colegio Cardenalicio, una responsabilidad prestigiosa entre los eclesiásticos aunque con poco poder efectivo, también ejerció como Secretario de Estado durante el primer año de pontificado de Benedicto XVI.

Además de en la Curia romana, Sodano desempeñó una larga carrera como diplomático vaticano en el exterior, destacando en particular los años que pasó en Chile como nuncio apostólico. Fue nombrado en 1977 'embajador' del Papa en la nación austral, donde permaneció durante más de una década, un período marcado por el régimen dictatorial de Augusto Pinochet. Sodano hizo y deshizo a su antojo en la Iglesia local durante aquella época e incluso logró que Juan Pablo II viajara al país en 1987, una visita que Pinochet aprovechó para tratar de legitimarse. Al año siguiente el Papa polaco lo llamó a Roma para que ocupara puestos de responsabilidad en la Curia romana, convirtiéndose así en Secretario para las Relaciones con los Estados, un cargo equivalente al de 'ministro de Exteriores' en otros países. En 1991 llegaría la confirmación de que gozaba de la máxima confianza de Karol Wojtyla al ser elegido como Secretario de Estado.

Sodano es uno de los máximos exponentes de la época en la que la jerarquía eclesiástica prefería negar, encubrir o mirar hacia otro lado cuando aparecían denuncias de posibles casos de abusos sexuales a menores cometidos por eclesiásticos. Fruto de aquel ambiente fueron los numerosos casos que se produjeron durante su período como nuncio en Santiago de Chile y que no saldrían a la luz hasta tres décadas después, durante el pontificado de Francisco. El chileno Juan Carlos Cruz, miembro de la Pontificia Comisión para la Protección de Menores y víctima de un sacerdote pederasta, consideró en un mensaje publicado en las redes sociales que Sodano era «un hombre que hizo tanto daño a tantas personas y encubrió años de abusos en Chile y el mundo».

El propio purpurado italiano se retrató en su postura frente a esta lacra al considerar en 2010 que se trataba de «chismorreos» que trataban de «golpear» a la Iglesia, palabras que fueron muy criticadas por las asociaciones de víctimas e incluso por otros jerarcas de la Iglesia. El también cardenal Christoph Schönborn, arzobispo de Viena, le acusó de haber insultado con esa declaración a los supervivientes de abusos, además de haber encubierto a un sacerdote pederasta de Viena.

En el telegrama enviado a la hermana de Sodano con motivo de su muerte, Francisco no mencionó aquellos sucesos, limitándose a elogiar su figura y sus dotes diplomáticas. El Vaticano, de hecho, considera que con su mediación fue uno de los artífices de que no estallara una guerra entre Chile y Argentina por la disputa territorial en el Canal de Beagle a finales de los años 70 del siglo pasado. «El fallecimiento del cardenal Angelo Sodano suscita en mi alma sentimientos de gratitud al Señor por el don de este estimado hombre de Iglesia, que vivió su sacerdocio con generosidad», escribió Jorge Mario Bergoglio, considerando que el finado tuvo una «dedicación ejemplar en todos los cargos» que desempeñó y que fue «un hombre eclesialmente disciplinado y un pastor amable».

Con la muerte de Sodano, el Colegio cardenalicio queda formado por 208 cardenales, de los cuales 117 son electores y 91 no electores, por haber superado los 80 años de edad y no poder participar en la eventual elección de un nuevo obispo de Roma. Se espera que el Pontífice convoque un consistorio para la creación de nuevos purpurados después del verano.