El mercado 'marginalista' y la energía nuclear a precio cero

Según la disponibilidad de energía eléctrica, cada día se recurre primero a las fuentes más baratas -por lo general, las más sostenibles- y se termina con la más cara

S. .G

Construir una central nuclear resulta muy caro -entre 8.000 y 10.000 millones de euros-, pero «el coste de la electricidad que produce es competitivo», sostiene Ignacio Araluce. El en otro tiempo director de Almaraz afirma que «podríamos vender esta energía a 58-60 euros el megavatio/hora -y eso incluyendo los impuestos-, muy por debajo de las tarifas que se manejan ahora (el viernes se situaba en 216). Evidentemente, si no fuera por este recurso el precio del mercado sería mucho más alto».

El mercado mayorista europeo es 'marginalista' y en él confluyen las ofertas de venta del ciclo combinado, plantas nucleares o productores de energía solar, y las de compra que lanzan las compañías eléctricas que son por lo general quienes luego lo comercializan.

Según la disponibilidad de energía eléctrica, cada día se recurre primero a las fuentes más baratas -por lo general, las más sostenibles- y se termina con la más cara, que es la que fija el precio final de todas (de ahí lo de marginalista). Se da la paradoja de que puedes acabar vendiendo más caro de lo que ofertaste y que la ganancia sea mayor.

«En estos momentos, el precio marginal lo están fijando el gas natural (a veces también la hidráulica), que ha subido muchísimo en los mercados internacionales y que debe hacer frente a los derechos de emisión de CO2 estipulados por la UE, derechos que han pasado en sólo unos años de 5 euros por tonelada a cerca de 60», explica Araluce.

Sin flexibilidad

Quien genera la electricidad está obligado a ofertar en función de su coste de oportunidad, es decir, los gastos a los que debería hacer frente de no producir energía en el momento para el que se oferta, y el ingreso alternativo al que renuncia (lo que ganaría de poder vender carbón, petróleo o derechos de emisión de CO2).

Sin embargo, las centrales nucleares ofertan la energía siempre a precio cero y lo hacen así porque están produciendo constantemente, no pueden parar o arrancar cuando quieren. «Carecemos de esa flexibilidad. Si oferta y demanda casaran por debajo de nuestra tarifa, tendríamos que parar y eso es precisamente lo que esta industria no se puede permitir el lujo de hacer».