La enigmática ballena que vino a la orilla

05/04/2020

Los especialistas creen que se trata de una ballena franca por los indicios que se deducen de las fotos y los vídeos tomados. Si fuera así, sería la cuarta vez que se tiene constancia de su presencia en las islas desde que hay registros. La restricción del tráfico marítimo hace que los cetáceos se acerquen a la costa

Un soplo, el modo de sumergirse y el hecho de que no se le aprecia la aleta han generado una gran expectación entre la comunidad científica isleña en estos días de confinamiento. La captura en vídeo de la irrupción de un gran cetáceo en La Palma, a pocos metros de la costa, no resulta definitiva para identificar al animal, pero los especialistas se aventuran a decir que parece tratarse de una ballena franca septentrional (Eubalena glacialis), una especie muy poco frecuente por estas latitudes.

De hecho, desde que se tienen registros, solo se ha podido constatar su presencia en tres ocasiones, como explica el presidente de la Sociedad para el Estudio de los Cetáceos en el Archipiélago Canario (Secac), Vidal Martín. «En 1974 o 1975 fueron avistados una hembra con un ballenato en la avenida marítima», expuso, «y en los años 90 se vieron otros ejemplares en el sur de Tenerife y en La Gomera».

La ballena franca tenía una población constante cerca de Canarias, en la zona de Mauritania, pero la pesca ballenera la diezmó. En el Atlántico norte, la colonia principal se encuentra ahora en la costa oeste de Estados Unidos, pero allí está muy amenazada por la alta mortandad derivada de las colisiones con embarcaciones y por la interacción con redes de pesca.

Fue David Martín el que grabó a la ballena de La Palma. «Lo que me impresionó fue el lomo, que era inmenso», explica, «luego sacó un gran chorro de agua y se sumergió». Ocurrió el pasado 29 de marzo, cuando Martín iba, con la autorización pertinente, a su trabajo en la empresa Pley Publicidad, que estos días se está dedicando a hacer protectores faciales para los sanitarios que luchan contra el coronavirus. Estaba a pocos metros de la orilla, en la playa de Bajamar, en la entrada sur de Santa Cruz de La Palma.

El cetáceo estuvo nadando por el interior del espigón en el que atracan los cruceros. «Había visto ballenas más lejos, pero nunca tan cerca de la orilla», reconoció.

Precisamente las restricciones impuestas al tráfico marítimo entre las islas están propiciando, entre otras causas, que los cetáceos se arrimen más a la costa. En ocasiones se han producido casos de aproximaciones a la orilla de nuestro litoral, incluso de grandes cetáceos, pero da la sensación de que desde que se impusieron limitaciones a los movimientos interinsulares cada vez hay más referencias a la presencia de ballenas y delfines a escasos metros de nuestras orillas. Aparte del caso de la aparición más que probable de la ballena franca en Santa Cruz de La Palma también se han documentado otros grandes cetáceos en Barlovento, en la misma isla; y otras especies de mamíferos marinos en varios puntos de Tenerife y La Gomera.

«No hay una única razón», expone el director de Canarias Conservación, Manuel Carrillo, quien apunta que hay una gran cantidad de atunes, barrilotes y sardinas en el mar en estos momentos, lo que puede atraer más a estos animales. Además, hay una época de calma chicha bastante pronunciada que facilita los avistamientos de cetáceos. «También hay que tener en cuenta que no hay tantos barcos», expone este especialista.

Comparte esta opinión el veterinario del centro de recuperación de fauna silvestre del Cabildo de Gran Canaria, Pascual Calabuig, quien solicita ayuda a todos aquellos que pudieran tener una grabación o fotografía del cetáceo de La Palma para esclarecer si era una ballena franca. «Es probable que la restricción del tráfico marítimo sea un eslabón más de la cadena».

Vidal Martín recuerda que el tránsito de barcos genera una gran contaminación acústica que acaba ahuyentando a los cetáceos de las fuentes de sonido.

El tráfico marítimo es una de las grandes amenazas para los cetáceos en Canarias. De acuerdo a los datos facilitados por Manuel Arbelo, del Instituto Universitario de Sanidad Animal de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, en los últimos veinte años se han registrado 79 casos de colisiones, de las que 32 fueron confirmadas por estudios postmortem. Estos accidentes afectaron a doce especies diferentes, si bien la población de cachalotes fue la más dañada, con el 56% de los casos.