Canarias planta cara al plástico

03/06/2018

La contaminación del mar por plásticos empieza a ser un grave problema también para las islas. Sus playas no solo están llenas de residuos de gran tamaño, sino infestadas de microplásticos. El Gobierno quiere tener en 2019 una estrategia para hacer frente a esta plaga

Esta invención resultará importante en el futuro», escribió en su diario el 11 de julio de 1907 Leo Baekeland. Y no se equivocó: acababa de desarrollar el primer plástico totalmente sintético. Han pasado 111 años desde que el químico norteamericano descubriera lo que él mismo denominó como «el material de los mil usos» y, ciertamente, el plástico, casi indestructible, maleable, impermeable y de bajo coste, ha revolucionado la vida cotidiana y se ha hecho imprescindible. Pero, paradójicamente, también se ha convertido en uno de los mayores problemas medioambientales a los que se enfrenta el planeta.

Una problemático global

Canarias no queda en absoluto libre de una problemática global que vislumbra un nada halagüeño futuro para el mar, donde, si no se actúa de inmediato, se estima que en 2050 haya más plásticos que peces.

Las imágenes que llegan de las desembocaduras de ríos o del litoral de países asiáticos, cubiertos de plásticos, no son un asunto lejano, sino que cada vez están más cerca de captarse también en las costas de las islas. De hecho, las playas canarias están «al mismo nivel que las de Hong Kong», en lo que a presencia de microplásticos (de menos de cinco milímetros) se refiere.

Lo afirma la bióloga, doctora en Oceanografía, Alicia Herrera que, junto a otros integrantes del Grupo de Investigación Eomar del Instituto EcoAqua de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), estuvo durante un año, entre 2015 y 2016, tomando muestras cada 15 días en la línea de marea de las playas de Las Canteras, en la capital grancanaria, Famara, en Lanzarote, y Lambra, en La Graciosa, para constatar que todo el plástico que se arroja al mar en Europa, el norte de África y la costa este de Estados Unidos es arrastrado por la corriente del Golfo y la de Canarias y «acaba en las playas del archipiélago abiertas al norte y noreste». Pero también hay muchos plásticos que se arrojan al mar en las islas o en tierra y que acaba en el mar.

Daño. Esta investigación, la única en microplástico que se ha llevado a cabo en las islas, vuelve a encender las alarmas sobre el grave daño que conllevan los vertidos de plásticos al mar. Si se habla de macroplásticos, los de más de cinco milímetros, el panorama no difiere mucho. El Programa de Seguimiento de Basura Marina del Ministerio de Medio Ambiente de 2016 (el último informe publicado) también evidencia que en las dos playas de Canarias en las que se lleva a cabo la campaña (Janubio, en Lanzarote, y El Socorro, en Tenerife,) el 54% de los desperdicios recogidos eran plásticos.

Con estos datos y con los que llegan del resto del mundo, donde se estima que cada año acaban en el mar unos ocho millones de toneladas de plástico, Canarias trabaja ya en una estrategia sobre plásticos para abordar su control porque, según apunta la viceconsejera de Medio Ambieente del Gobierno canario, Blanca Pérez, «o se toma conciencia o se va al desastre».

Tomar conciencia es sumarse a las estrategias europeas de reducir los residuos plásticos, incrementando su reciclaje y reutilización y cumplir con la legislación comunitaria, que ya ha dado lugar a una reducción significativa del uso de las bolsas de plástico y que ahora pone en marcha nuevos planes con los plásticos de un solo uso.

Tanto Blanca Pérez, como Aridane González, director del Comité de Expertos para el Estudio del Cambio Climático y el Fomento de la Economía Circular en Canarias, recalcan que «no se trata de eliminar todos los plásticos, sino los de un solo uso o de uso innecesario», tal y como establecen las medidas acordadas esta semana por la Comisión Europea para luchar contra la contaminación de residuos plásticos y mitigar su impacto directo en el mar.

Ambiciosa. Canarias, dice González, es más ambiciosa incluso que Europa y quiere una estrategia que convierta a las islas en «referencia internacional por su propia condición de archipiélago».

La iniciativa europea contempla la prohibición de materiales plásticos de un solo uso como bastoncillos, cubiertos, y pajitas para beber, agitadores de bebidas y varillas de globos, que tendrán que ser fabricados «exclusivamente» con materiales sostenibles.

Además, los envases para bebidas de plástico sólo estarán permitidos si el diseño permite que las tapas y tapones estén adheridos al resto del producto. Bruselas también plantea obligar a los Estados miembros a recolectar el 90% de las botellas de bebidas de plástico de un solo uso para el año 2025.

También pide Europa un esfuerzo a la industria pesquera, responsable del 27 % de la basura que se acumula en las playas europeas. Los productores de aparejos de pesca plásticos tendrán que sufragar los costes de la recogida de residuos.

Colectivos ecologistas como Greenpeace, WWF o Ecologistas en Acción consideran que la propuesta de la Comisión Europea avanza en la dirección correcta para abordar la problemática que la contaminación por plásticos genera, pero también avisan de que al dejar el establecimiento de estos objetivos en manos de los estados miembros, con seis años de plazo para trasponer la Directiva a su normativa interna, previsiblemente, no se aplicarán antes de 2027. Y eso, auguran, es «demasiado tarde».

También lo cree así Alicia Herrera, que entiende que la única solución a la contaminación marina por plásticos es «frenar su producción y evitar que lleguen al mar, porque limpiar los microplásticos que ya hay es imposible», sentencia. Y avisa de que «se tiene que hacer ya. Solo si desde ya mismo dejan de llegar residuos plásticos, con los tiempos de degradación de los plásticos -desde un año hasta 450 años-, podría ser que en 20 años el mar empezara a limpiarse».

Las medidas, dice, tienen que ser efectivas, y lo más importante, aplicarse «a nivel global» porque de «nada vale que en Europa las normas sean estrictas si en otros lugares no se hace nada».

Sensibilizar. Blanca Pérez cree que, además de prohibir los plásticos, hay que sensibilizar y educar a la población, a las administraciones y a las empresas del grave problema que suponen y señala que hay que ir hacia un cambio de modelo. Aridane González pone el énfasis en los que a su juicio es «una oportunidad única para Canarias», la de enlazar la reducción y eliminación de plásticos con la economía circular en las islas a partir de la implicación de la comunidad científica y, sobre todo, de la industria que, además, explica Pérez, se puede beneficiar de los incentivos para innovación tecnológica y reconversión que ofrece Europa. «Canarias puede estar en ese salto tecnológico», vaticina la viceconsejera, que anuncia que en 2019 el archipiélago ya tendrá su propia y consensuada estrategia sobre plásticos.

La primera medida que ya ha anunciado Blanca Pérez es la de «recomendar» que no se usen vasos de plástico en los edificios públicos de la Comunidad Autónoma.

La aportación canaria a la lucha contra los plásticos en el mar pasa por recoger los residuos, reducir el uso del plástico y aumentar el reciclaje.

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