El arquitecto Luis Vidal, en la sede de Vocento, en Madrid. / Pablo Cobos

Luis Vidal / Arquitecto

«En Marte pensaría en construir un aeropuerto con material local»

Vidal diseña el primer terminal poscovid del mundo y proyecta un puerto espacial para los vuelos del futuro

Doménico Chiappe
DOMÉNICO CHIAPPE Madrid

El proyecto de modernizar el aeropuerto internacional de Pittsburgh, desarrollado por el estudio español Luis Vidal + Arquitectos, estaba en marcha cuando se declaró la pandemia del coronavirus y llegó el confinamiento, las muertes, el miedo. Y el entendimiento de que el mundo sería otro. Después de un «diálogo» con su cliente –la Autoridad Aeroportuaria del Condado de Allegheny– Vidal y su equipo comenzaron a trabajar en una «iniciativa» que consistía en adaptar «todo su diseño. Llegamos a estar 200 personas y nos reuníamos todas las semanas para poner en común lo que pensábamos que teníamos que afrontar», rememora Vidal, que participó en el foro 'Tiempo de moverse', organizado por XL Semanal. «El aeropuerto de Pittsburgh va a ser el primero poscovid, en el que se introducen muchas medidas visibles e invisibles».

Este arquitecto, que empezó su carrera proponiendo la ampliación del aeropuerto de la City de Londres en su tesis de grado y dirigió con 28 años la T4, hace un repaso por lo que será el futuro de las terminales: grandes espacios de terrazas y jardines, un sistema de seguridad que registrará desde varios ángulos al pasajero y todo su equipaje a medida que camina, sin pasar por detectores; sensores y cámaras «de todo tipo» que harán reconocimiento facial de los usuarios para saber incluso el vuelo que le corresponde. «El aeropuerto será capaz de introducir medidas flexibles para conducirle en momentos de mucha aglomeración, aumentando espacios y gestionando las colas».

–¿Qué tienen los aeropuertos para atraparle de esa manera?

–Yo estudiaba fuera de España y comencé a viajar muy joven. Siempre encontraba los aeropuertos inhóspitos, difíciles, agresivos. Y pensaba: ¿por qué no podemos hacer que el pasajero tenga una mejor experiencia y que los mismos procesos se mejoren?

–Los aeropuertos siempre han sido espacios hostiles que minimizan al individuo. ¿Cómo transformarlos?

–Creando una navegación intuitiva por el terminal, sin que el pasajero deba leer la cartelería o cambiar de dirección. También con la luz natural, con espacios más abiertos y naturales, con el uso del color y una buena acústica. Hay un montón de elementos subliminales, que facilitan que el pasajero se sienta en un lugar más confortable.

–Ya son 15 los proyectos aeroportuarios. ¿Cómo se gana un concurso de éstos?

–Como siempre: intentando ser el mejor. Suelen ser procesos muy largos y es muy importante contar con un muy buen equipo. Al final, un arquitecto es como un director de orquesta.

–¿Qué importa más? ¿El diseño visual, la funcionalidad o lo invisible?

–Lo que más importa siempre es que el edificio sea lo más funcional posible. Después que sea fácil de operar y mantener para el gestor, y cómodo para las aerolíneas y todo el que trabaja allí. Y por supuesto tiene que ser un edificio muy bello. Los aeropuertos son las catedrales de siglo XXI.

–¿Puede explicar el símil?

–Las catedrales antes eran un punto de encuentro en el centro de las ciudades; eran un hito visual; en la plaza de afuera sucedía todo el intercambio comercial y social. En el fondo, un aeropuerto es hoy lo mismo. Es la primera y última imagen de una ciudad, un punto de encuentro social, donde ocurren transacciones económicas, y son frontera. Son los iconos y catedrales de este siglo XXI.

Vuelos suborbitales

El despegue y aterrizaje de cohetes como los de SpaceX con tripulación civil necesitarán, al hacerse más frecuentes, sus propios aeropuertos. Luis Vidal trabaja en el proyecto de uno en Denver (Colorado, Estados Unidos), un «puerto espacial» para esas naves que podrían alcanzar los 100 kilómetros de altura (varias veces más que el transporte aéreo habitual). «Son naves supersónicas que van a acercarnos a puntos distantes del planeta, de un hemisferio a otro, en dos horas y media, aprovechando la altura que alcanza y la rotación de la Tierra», explica Vidal.

–¿Qué ha proyectado para esta estación espacial terrestre?

–Un pequeño edificio terminal para procesar a los pasajeros con dos satélites, cada una para cuatro aeronaves de este tipo. Hay dos tecnologías: la de despegue horizontal y la de despegue vertical, y diferentes fabricantes están trabajando en estos vehículos. Incluso se preparan híbridos de despegue horizontal y aterrizaje vertical. Y hay tres tipos de vuelos. Los turísticos, como los de SpaceX; los experimentales para trabajar con la gravedad cero, y los viajes de punto a punto, que se usarán primero para casos de emergencia o catástrofes. Eventualmente llegarán los pasajeros convencionales.

–¿Como haría un aeropuerto en Marte?

–Hay que tomar en consideración todos los condicionantes que existen para habitar ese planeta, no sólo para llegar. En Marte pensaría en construir con material local. Transportar impresoras en 3D y utilizar polvo, arena y roca marciana como material de construcción. Además la energía solar debería propulsar y mover toda esta maquinaria. La tecnología existe.

–¿Lo de utilizar material del propio lugar lo suele hacer en sus proyectos 'terrestres'?

–Para nosotros es muy importante ser locales, adaptarnos al entorno y a las condiciones climatológicas, geológicas y ambientales. Siempre que podemos, utilizamos materiales locales o los transformamos.

Sostenibilidad responsable

–¿Qué rol tienen las estructuras para lograr cumplir con los objetivos del Acuerdo de París?

–Nuestra responsabilidad es ir introduciendo todas las medidas para reducir las emisiones de CO2, ser energéticamente independientes, conseguir que realmente los materiales sean locales y sostenibles. No hacer ninguna barbaridad que, cuando lo ves, queda muy bien para la fotografía pero que no es sensata.

–La construcción es uno de los sectores que más contamina.

–La construcción, sí, y el transporte. Así que si escogemos materiales que están a 10.000 kilómetros de distancia hay que traerlos para la obra. Por eso hay que usar materiales locales para reducir el impacto del transporte.

–¿Y los edificios inteligentes?

–Cada vez serán más inteligentes. Por ejemplo, ya hay vidrios que se oscurecen en función de la radiación solar, miden el CO2 del interior de los espacios de oficina y tienen reconocimiento facial. Si siempre te sientas en un sitio, sabe que tú eres tú y tu preferencia de temperatura, mientras lo adapta también al que está al lado y que prefiere dos grados más o menos.

–¿En España es posible aplicar esta tecnología con las leyes de protección de datos?

–Por mucho que tengamos protección de datos para la identidad, los datos son públicos, estamos fichados por todos lados. Google ya te da el anuncio de lo similar que compraste la vez anterior. La cuestión está en conseguir que esos datos tengan un fin útil y que no haya ninguna utilización fraudulenta.

–También ha diseñado varios hospitales. ¿Qué tiene un hospital de aeropuerto y un aeropuerto de hospital?

–Tienen la misma complejidad. Los hospitales son edificios muy poco humanos, inhóspitos. A diferencia de los aeropuertos, nadie quiere ir a un hospital por propia voluntad. Nosotros pensamos: ¿por qué no hacemos hospitales que traten al paciente igual de bien que tratamos ahora al pasajero en los aeropuertos? Esa fue la primera motivación. ¿Cómo? Haciendo que los edificios sean humanos, que la orientación sea intuitiva, con el uso adecuado de la luz natural, del color y la acústica, generando volúmenes y espacios conectados con el exterior. Los mismos valores que usamos en un aeropuerto, llevados con otra escala.

–¿De todos sus proyectos cuál elegiría?

–El próximo.