Los pedófilos tienen un gran enemigo: el ciberagente encubierto

La detención de un militar profesional en la Operación Magnesio, acusado de haberse –presuntamente– descargado y producido pornografía infantil utilizando a su hija menor de edad, además de haberla agredido sexualmente a ella, a su expareja y una amiga, ha puesto de relieve el trabajo que desarrolla el Grupo de Delitos Tecnológicos de la Brigada Provincial de la Policía Judicial de Las Palmas. Estos profesionales, liderados por el inspector César Fernández Alonso, utilizan medios de última generación y una figura que es fundamental: el ciberagente encubierto.

Francisco José Fajardo
FRANCISCO JOSÉ FAJARDO

Es clave porque llega al tuétano de los grupos de pedófilos y pederastas que navegan en la internet oscura, la Deep Web y su servidor Tor. «Es la manera de introducirnos en estos grupos cerrados y que tienen grandes medidas de seguridad», detalla Fernández. El ciberagente encubierto está sometido a control judicial tanto por el juez como por el fiscal de Criminalidad Informática ya que los archivos pedófilos que usan para entrar son muy sensibles.

Los ciberagentes se adentran en la internet oscura y buscan posibles grupos de pedófilos para infiltrarse, una «tarea laboriosa» ya que es complicado que acepten a nuevos miembros y los horarios de trabajo son muy dispares al tratarse de redes internacionales. «De ahí salen las grandes operaciones y se hace mucho daño ya que, si logramos desactivar esa estructura, podemos llegar a la persona que realmente distribuye de primera mano, o crea las imágenes», apunta el inspector.

«Antes de aceptarte te estudian, tienes que aportar pornografía infantil y no les vale los que ya pulula por la Red, sino tienen que ser novedosos. Debes acreditar tu condición de pedófilo y tu predisposición a facilitar archivos porque ellos se retroalimentan», narra Fernández, apuntando como objetivo la producción de pornografía infantil.

El líder.

Durante estas investigaciones, los ciberagentes van subiendo escalones en las organizaciones. Los primeros en aparecer son los delincuentes que solo se descargan, pero ofrecen información para ir a por los cabecillas, «los que producen la pornografía infantil». Para los ciberagentes, es como cualquier investigación criminal: «La gente piensa que las investigaciones en internet distan mucho de las convencionales, pero los mecanismos son los mismos y vamos subiendo escalones hasta llegar a la cúpula, que es lo que interesa desarticular. Cuanto más arriba, más fuerte es el golpe», dice.

Identificar la víctima.

Todos los países adheridos al convenio internacional de lucha contra la pornografía infantil tienen como objetivo primordial identificar a las víctimas de ambos sexos que han utilizado las mafias para producir los archivos.

En España existe el Grupo de Identificación perteneciente a la Unidad Central de Ciberdelincuencia (UCC) que trabaja buscando pistas en la víctima y, sobre todo, en su entorno como detalles en la habitación donde está, los objetos que hay en la misma, las profundidades de campo con edificios o paisajes... «Todo ayuda a identificar la ciudad ya que esa información se distribuye entre todas las policías del mundo», sostiene el inspector jefe.

Los investigadores van aportando datos para lograr la identificación de las personas que están siendo explotadas, no solo para su protección, sino para saber a qué familia pertenecen. «Cada objeto se analiza por si aparece en otro vídeo o si nos ayuda a identificar, al menos, el país», apunta Fernández. Para el responsable, es básica la «fluidez» que hay entre los grupos policiales de lucha contra la ciberdelincuencia de todos los países «porque es nuestra obsesión».

El objeto final de las intervenciones de los archivos de pornografía infantil, aparte de quitar de en medio las imágenes, es «identificar víctimas sin descanso». ya que pueden estar en riesgo y ser vendidas o secuestradas, puede ser un familiar el que las esté explotando o también, sus padres pueden estar recibiendo dinero por dejar al menor para producir estas imágenes.

Un trabajo arduo y complejo pero vital para acabar con la lacra de la pornografía infantil.

Un éxito del 100%.

El porcentaje de éxito en estas investigaciones «es el 100%», tanto en lo que se refiere a la pornografía infantil como al grooming –hacerse pasar por alguien para obtener imágenes por medio de este engaño–, afirma César Fernández.

«El proceso es sencillo: investigación, resolución y condena. No falla», determina el jefe del grupo. Destaca que, para ello, es básica la buena relación entre el Grupo de Delitos Tecnológicos y la Sección de Criminalidad Informática de la Fiscalía Provincial de Las Palmas liderada por José Antonio Díez. «Mantenemos un vínculo estrecho, fundamental para sacar adelante las investigaciones. Tienen un equipazo de profesionales muy implicados y expertos en la materia», destacó.

La propia Fiscalía reconoció públicamente la labor llevada a cabo por los investigadores hace unos años. Además, el grupo cuenta con tecnología de última generación para luchar contra estos delitos contra las personas y económicos.