Los pedófilos: hombres y sin perfil concreto

¿Cuál es el perfil del pedófilo? La respuesta es muy concreta ya que estos delincuentes suelen ser personas normales, sin antecedentes penales y sin un perfil definido. «Eso sí, siempre son varones», detalla César Fernández y añade como ejemplo que él jamás ha detenido a una mujer por estos delitos en siete años en el grupo «y eso que hablamos de centenares de personas».

Francisco José Fajardo
FRANCISCO JOSÉ FAJARDO

Unas conductas delictivas que aumentan cada año y, por ende las detenciones: «Nuestras técnicas de investigación son más depuradas, sibilinas y exactas y también cada día los menores tienen más acceso a internet y con menos control», destaca como posibles motivos.

Estos agentes luchan contra enemigos de todo tipo, desde niños de 12 años inimputables a jubilados, de cualquier clase social, estatus o nivel educativo. No hay un perfil concreto del pedófilo y el único punto de conexión entre todos es que son varones que solo necesitan un móvil e internet.

El Grupo de Delitos Tecnológicos de la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV) de la Brigada Provincial de la Policía Judicial de Las Palmas trabaja siempre mano a mano con el Equipo de Investigación Tecnológica (Edite) de la Unidad Orgánica de Policía Judicial de la Guardia Civil. «La fluidez de la comunicación entre ambos es total y absoluta y tenemos una relación perfecta ya que así optimizamos recursos».

El Grupo de Delitos Tecnológicos lo integran ocho componentes en la provincia de Las Palmas y además cuentan con antenas, que son otros agentes de la Policía Judicial que se han especializado en este tipo de investigaciones. En concreto, tienen antenas Telde, Maspalomas, Puerto del Rosario y Arrecife: «Son muy necesarios para darnos apoyo en el terreno, gestiones previas, vigilancias, seguimientos, etcétera. Se han formado en la nuestra unidad con cursos de una semana y una actualización cada dos años», refleja Fernández.

Las investigaciones que desarrollan son individualizadas y cada agente lleva entre 14 y 16 diligencias ya que no solo trabajan en delitos contra las personas, sino también en económicos y fiscales.

Inmunizados.

¿Llegan a acostumbrarse los agentes a lidiar a diario con imágenes de menores extremadamente duras? A esta pregunta responde el inspector jefe del grupo de forma concluyente. «Sí se llegan a inmunizar, es algo muy importante que tienen que entender y yo les insisto en ello. Esto es trabajo y no puedes llevártelo a casa. Como lo personalices, estás hundido porque todos tenemos hijos o sobrinos y se puede sufrir», destaca. «Nosotros tenemos claro que hay que mirar las pruebas como si fuesen películas y nos ponemos una coraza a base de ejercicio mental y por eso yo les insisto en eso, que lo que ven ficción. No puedes trabajar con la realidad de esas imágenes, porque si no, saldríamos locos. Además, hablamos mucho entre nosotros y compartimos mucha información y eso nos ayuda bastante y hacemos equipo».

Según el inspector jefe, su equipo está compuesto de grandes profesionales que «por la noche es cuando más nos suena el WhatsApp hablando entre ellos de que encontraron información o nuevas vías de investigación. Es genial y clave para funcionar de la mejor manera posible. Son investigaciones apasionantes y que enganchan porque se parte de muy poco y vas avanzando hasta llegar al final de la misma».

También siempre tratan de implicar a jueces y fiscales para «meterles en la investigación y que nos den el impulso necesario», sostiene César Fernández.

De mirones a productores.

En la pornografía infantil, los delincuentes suelen seguir unos patrones bastante definidos. Primero les gusta mirar y se van descargando archivos de forma gradual. Pero llega un momento en el que siempre ven lo mismo porque las imágenes se repiten y entonces es cuando buscan algo más. En ese punto, profundizan y ya intentan meterse en algún grupo de intercambio, pero los responsables de los mismos les pegan con la puerta en las narices porque son simplemente mirones que no aportan nada.

En ese instante aplican una especie de plan B usando las redes sociales o el propio domicilio para producir imágenes. Para ello se ayudan de perfiles falsos en redes como Instagram y empiezan a desnudar a niños y niñas, es decir, a conseguir que los mismos les envíen archivos pornográficos.

Cuando logran dichas imágenes, las comparten y pueden acceder a los grupos, dejando de ser consumidores para convertirse en auténticos productores.

Encontrar estos archivos en la Red es «sencillo».

El acceso a la pornografía infantil es «más sencillo» ahora que hace cinco años ya que «con los móviles de última generación se pueden descargar archivos como un tiro», destacó César Fernández Alonso, jefe del Grupo de Delitos Tecnológicos de Las Palmas.

En la pornografía infantil lo que más valoran los pedófilos a la hora de compartir archivos «son las imágenes de penetraciones, las felaciones y, sobre todo, que los menores interactúen con adultos», apuntó. «Hay para todos los gustos porque hay usuarios que les gustan los menores de hasta los tres años, otros los adolescentes... por desgracia hay mercado para todos y cada uno se acopla al que más le gusta, es una selección natural y cuando analizamos los archivos que se descarga un sujeto, de inmediato nos damos cuenta de qué es lo que busca», se lamenta Fernández.

En cuanto a tendencias, los archivos compartidos se reparten al 50% entre relaciones heterosexuales y homosexuales, «por lo que están en el mismo riesgo los varones y las mujeres menores de edad». Según Fernández, «la pantalla da mucha privacidad y ahí es donde realmente el pedófilo muestra lo que es y si tienen una tendencia sexual concreta, la van a buscar sin reparo alguno».

Alerta el investigador de lo sencillo que es encontrar pornografía infantil en la Red: «Solo con ponerlo en el Google se encuentran páginas que se dedican a eso o te redireccionan a otras que, en muchos casos, también se trata de estafas que meten virus en los ordenadores para sacar información».

En la actualidad, plataformas de la relevancia social como son, por poner ejemplos, Facebook, Google, WhatsApp o Telegram «son muy ágiles para que los pedófilos compartan archivos», dice el inspector. Pero estas empresas «protegen mucho al menor» y tienen protocolos de detección de estos delitos muy estrictos. «Aquí trabajan también mucho los agentes encubiertos y los grupos suelen ser internacionales, con miembros de países muy variados», añade.