Los frailes ilegales que hicieron las Américas

07/01/2019

El catedrático de la ULL Manuel Hernández reconstruye los avatares de los clérigos regulares de las islas que emigraron al Nuevo Mundo en contra de las órdenes reales y sin permiso del Consejo de las Indias. Ofrece una perspectiva inédita sobre su contribución a la sociedad colonial americana

La Corona española «desconfiaba» de los frailes canarios y por eso, tras la Conquista, los excluyó de las misiones de evangelización y, expresamente, les prohibió emigrar al Nuevo Mundo. Al principio, al clero regular instalado en Canarias no pareció tentarle la idea de cruzar el Atlántico, pero a partir de 1680, cuando en el archipiélago comenzaron a notarse síntomas de crisis y los conventos, «que habían crecido de manera extraordinaria», vieron mermados sus ingresos, centenares de frailes comenzaron a embarcarse rumbo a América de manera absolutamente irregular y al margen del control de la Corona.

Lo hacían, eso sí, con el beneplácito de los responsables de sus respectivas órdenes, en una suerte de «pacto entre los conventos y los frailes que les permitían viajar a pesar de la obligación de la Corona y de no contar con el obligatorio permiso del Consejo de Indias», explica Manuel Hernández, catedrático de Historia de América de la ULL, que a través del estudio de infinidad de fuentes documentales de archivos insulares, estatales e hispanoamericanos ha reconstruido la trayectoria histórica de un hecho que «se quedó al margen de la investigación» pero que, a su juicio, es «muy singular».

La investigación de Hernández ve ahora la luz en Al margen de la Corona. La emigración del clero regular canario a América en la edad moderna, publicado por Ediciones Idea. Un libro en el que evidencia la singularidad de la emigración de los frailes canarios, «que se apartaba totalmente de la peninsular», y el «importante papel» cultural, ideológico y económico que jugaron en México, Cuba, Venezuela e incluso las Antillas, amén de las relaciones de poder de las que participaron.

Pero, ¿por qué el clero regular canario quedó al margen de las misiones en el Nuevo Mundo? Manuel Hernández está convencido de que tuvo mucho que ver con el recelo de la Corona a que los religiosos canarios empatizaran con los criollos y sus luchas por el poder en contra de los peninsulares.

«La prohibición se mantuvo siempre», pero a partir de expulsión de los jesuitas, en 1767, se permitió a los franciscanos canarios emigrar. «Muchas regiones se quedaron vacías y se necesitaban clérigos». La Corona se topó, como temía, con unos frailes con intereses distintos a los que guiaron a los misioneros.

Los regulares canarios no tenían demasiado interés por las misiones, más bien por el comercio e incluso el contrabando: había que mantener los conventos pobres en las islas.

Eclosión migratoria

Manuel Hernández calcula que entre un 20% y un 30% de los más de 1.000 frailes que podía haber en Canarias a mediados del siglo XVII -repartidos en más de 40 conventos franciscanos, agustinos y dominicos, principalmente- se marcharon a América a partir de 1680 hasta el último tercio del siglo XVIII, periodo en el que se produjo una «eclosión de la emigración de regulares isleños».

Y lo mismo que el resto de la población, el clero regular «vulneraba sistemáticamente las leyes migratorias», dice Hernández, que además sostiene que la evangelización no era precisamente el objetivo de los frailes canarias, sino «garantizar la subsistencia del convento al que pertenecían en una época en la que en Canarias no había dinero ni para limosnas».

Canarias y el Nuevo Mundo se conquistaron y colonizaron al mismo tiempo y la Corona estaba convencida de que «los frailes canarios se dedicaban al contrabando y a los negocios lo mismo que el resto de emigrantes canarios». Y no estaba muy equivocada.

De los frailes que Hernández localizó en los archivos, y cuya vida relata en el libro que acaba de publicar, son pocos los que solo dedicaron su vida en América a Dios. Con el comercio y también con el contrabando, algunos de los clérigos canarios amasaron verdaderas fortunas que, en última instancia, acababan en los conventos canarios.

Tampoco erró la Corona al recelar de los frailes canarios porque, como sospechaba, se aliaron con los religiosos criollos en las luchas que mantenían por el control de las órdenes con los peninsulares.

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    ¿Las momias guanches deben ser consideradas bienes muebles, como prevé la ley que prepara el Parlamento de Canarias?

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