Los abogados de familia temen una avalancha de divorcios tras el confinamiento

25/03/2020

La Comunitat registra anualmente más de 11.500 rupturas matrimoniales y el encierro provocará un repunte similar al que se produce tras las vacaciones de verano y Navidad

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Esto también pasará y las cosas volverán a ser como antes... O no. La frase motivacional vinculada a que también superaremos el coronavirus olvida otra frase, no motivacional y bastante tópica, pero que presagia una tormenta sentimental: «Cariño, tenemos que hablar». Pues sí. Muchas parejas tendrán que hablar. Si no se lo han dicho ya todo estos días de encierro. Los abogados de familia valencianos temen una avalancha de peticiones de divorcio una vez los juzgados vuelvan a ponerse en marcha.

En 2018, se registraron en la Comunitat más de 1.500 divorcios. Un año, aquel 2018, sin cuarentena y confinamiento forzoso, ni casos de enfermedad acechando, ni la crisis económica que se avecina. Entonces, una treintena de rupturas diarias, más de una cada hora que pasa. Teniendo en cuenta que los juzgados van a permanecer parados, como mínimo y en el mejor de los casos, un mes, saldremos del confinamiento con una ‘deuda’ en las tramitaciones de separación de un millar de rupturas. Pero serán más. Porque en 2018 no se produjo una situación como la actual, y las actuales circunstancias pondrán mucho más a prueba la ‘affectio maritalis’.

«Es lo que estamos comentando entre los abogados de familia. La gente está confinada. Todos los años, tras Navidad y verano tenemos una avalancha de trabajo, pero lo del coronavirus va a ser tremendo«, señala María Jesús Torres, prestigiosa abogada valenciana especialista en divorcios y en su gestión posterior, ante la cual también advierte de una situación muy preocupante: «Ya estamos recibiendo llamadas de clientes angustiados, porque la situación económica está empeorando mucho y muy rápido, así que habrá que presentar modificaciones de medidas porque no se va a poder hacer frente igual a las pensiones de alimentos, o a la compensatoria, y se va a solicitar cambios, lo que provocará más tensión. Va a ocurrir. Es una pena pero es una consecuencia lógica«.

El periódico ‘Global Times’ informó hace tres semanas de que en China, donde la situación parece ya más controlada que en Europa, se han registrado un incremento de las rupturas matrimoniales en algunas zonas donde se tuvo que tomar medidas de reclusión para frenar la pandemia. En la localidad de Xi’an, capital de Shaanxi, se produjo «un número sin precedentes de citas de divorcio».

«Hay dos problemas: el primero, vivir juntos y confinados, lo que acentúa los desencuentros (como durante las vacaciones pero con menos vías aún de escape); y el segundo, algo que es habitual también: el distanciamiento, no infrecuente, cuando un miembro de la pareja contrae una enfermedad grave y de largo tratamiento, que rompe las pautas de vida de la pareja«, señala María José Ferrer San Segundo, actualmente concejal del PP en el Ayuntamiento de Valencia, pero que hasta 2015 ejerció de manera ininterrumpida durante 30 años como abogada en esta clase de litigios.

Ferrer San Segundo, doctora en Derecho y que fue profesora de Derecho Civil de la Universitat advierte de que pasar el coronavirus no es sólo un problema de salud del individuo afectado. También pone a prueba sus relaciones: «Vivir una situación crítica abre los ojos y hace ver las cosas más claras. He escuchado a especialistas sanitarios en especialidades graves lamentando la gran cantidad de separaciones, tras un periodo de enfermedad y enfriamiento, por huida de la pareja, sobre todo cuando ya las cosas no estaban bien. Pero también por decepción del enfermo«.

«Los abogados de familia tenemos dos picos de trabajo, a la vuelta de verano y en Navidad, porque la gente está acostumbrada a una rutina laboral, con los niños... pero con todo el tiempo juntos, y a veces viviendo en casa de familiares políticos... el matrimonio que está medio en crisis o que se ha dejado llevar por la rutina, sufre», explica Torres.

La letrada apunta, además, a una situación que ahora mismo se está viviendo, la tensión de lo que fueron parejas, personas que, por ejemplo, tras la Navidad, iniciaron un periodo de reflexión (desde el típico «vamos a darnos un tiempo» pasando por el «vamos a intentarlo») y que en febrero pusieron las cartas sobre la mesa, algunos con una tercera persona ya muy presente, y que el estado de alarma obliga a una convivencia forzosa. Verbalmente separados, pero físicamente juntos. O aquellas personas que salieron del domicilio conyugal tras ese periodo navideño, con menores de por medio, y que tienen pendiente ponerse de acuerdo, hablar con sus hijos para comunicárselo... «Tengo a varias personas en esa situación de separarse, o de querer separarse... y como está todo parado... es gente sin regular, que están en el limbo, sin un convenio de acuerdo por la custodia, con los plazos judiciales paralizados... y en esa fase en la que todo el mundo pretende ser el padre del año o la madre. O personas con las demandas medio redactadas y que no se pueden presentar hasta que no se reanuden los plazos procesales. Hay gente que está desesperada... en cuanto el confinamiento se levante, el sistema judicial va a ponerse al borde del colapso«, lamenta Torres.

Frente a estas situaciones, en situaciones que deben resolverse por la vía civil, sin tratos degradantes («ante los cuales hay que denunciar, la vía penal debe iniciarse de inmediato»), Ferrer San Segundo aconseja una serie de pautas:

• Intentar mantener la calma, sin precipitarse, hasta que los cauces legales estén abiertos.

• No transmitir a la pareja la voluntad de ruptura sin haber hablado antes con un profesional que aconseje, y pueda acompañar, en hacer un itinerario tan duro sin errores. Es uno de los actos jurídicos más trascendentes de la vida, desde luego cuando hay hijos comunes, pero mucha gente piensa que eso lo puede resolver por sí misma, con su sola voluntad o intuición, sin conocer sus derechos, los de la pareja y los de los menores, que son el bien superior más protegido. No hay que proponer, y menos aceptar, medidas sobre la vivienda, custodia, pensiones... sin estar asesorados por un profesional.

• En caso de urgencia, contactar con un letrado (si no se encuentra, llamar al Colegio de Abogados de la zona), para que analice si es posible un procedimiento de medidas provisionalísimas de urgencia.