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Jenny de la Rosa y Arcadio Suárez

«Estoy al límite, solo pido un techo», dice la madre de Hugo

uNA CASA ADAPTADA ·

Jenny de la Rosa denuncia que las instituciones se «pasan la pelota» sin dar respuesta a su hijo, tetrapléjico e ingresado en el Insular

Luisa del Rosario

Las Palmas de Gran Canaria

Lunes, 23 de enero 2023

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Hace siete meses Hugo (16 años) tuvo en su barrio, Guïmar, en Tenerife, un accidente en el que se lesionó gravemente la médula. La tetraplejia que le provocó no es el único cambio al que ha tenido que adaptarse su familia. Hugo está ingresado en el Hospital Insular, en Gran Canaria. A esta isla también se trasladó su madre, Jenny de la Rosa, dejando a su otro hijo en Tenerife. Jenny perdió su trabajo y se vio obligada a dejar el piso en el que vivían de alquiler. Su vida hoy, dice, está guardada «en cajas» que tiene repartidas entre familiares y amistades. 600 euros es lo que percibe esta familia monomarental a través del ingreso mínimo vital de Jenny, que durante este tiempo se viene alojando en una habitación que le ha dejado Cruz Roja.

Con ese dinero, explica Jenny, mantiene a su hijo mayor, que está estudiando en Tenerife y vive con uno de sus tíos. A él le paga dos veces al mes un billete para que venga a ver a su hermano, ambos están muy unido. Y a Hugo le compra cremas y algunos medicamentos. «También una pizza los viernes», dice. Con 600 euros no puede alquilar un piso para su familia, con los gastos añadidos de agua y luz, además de la comida. Jenny ha intentado que las administraciones públicas les echen una mano y les den acceso a una vivienda adaptada en Tenerife o «a un bajo, que yo lo arreglo», dice. Pero, de momento solo tiene una respuesta vaga: «Estamos trabajando en ello». Hugo aún no tiene el alta médica, hace rehabilitación en el hospital y está en tratamiento contra la depresión. Ha pedido tres veces la eutanasia porque se cree «una carga» para su familia.

Visita a Tenerife

A Hugo le dieron un permiso en el hospital para regresar a su barrio en Navidad. Según Jenny fue «un auténtico calvario». Manejar una silla de ruedas en lugares no adaptados requiere el concurso de varias personas. «A él le viene bien que vuelva a su entorno, con su familia y sus amigos, así vuelve motivado a la rehabilitación y es una manera de que esa idea que tiene de no continuar [de la muerte] se marche de su mente» le dice el psicólogo a Jenny, pero no pueden volver porque lo han perdido todo. «Ese maldito día perdí mi trabajo y con ello mi piso de alquiler», lamenta. La discapacidad de Hugo es del 93% y tiene un grado III de dependencia. Ayer le llegaron los papeles a Jenny. «Se los llevé a la asistente social. Ahora falta el PIA», dice, en referencia al plan individualizado de atención y que, al parecer, dice Jenny, le corresponde «ayuda a domicilio», pero «¿a qué domicilio'? Si no tenemos», dice desesperada.

Carta abierta al Gobierno canario

40.000 personas han leído la carta abierta que Jenny publicó en sus redes sociales dirigida al Gobierno canario. «La ha leído todo el mundo menos ellos», lamenta. En esa carta denuncia que las instituciones públicas «se pasan la pelota» de un lado a otro. «He acudido a Visocan, asistentas, sociales y Rafael Yanes está mediando en este asunto pero todos se tiran la pelota, me mandan al ayuntamiento, el ayuntamiento me manda a Visocan y Visocan me manda a las asistentas. No puedo más, estoy al límite tanto emocional como psicológicamente», señala en ese texto. Jenny insiste en que está «al límite. Me estoy enfermando. Tengo una psoriasis nerviosa y se me está cayendo el pelo».

Pese a eso, añade, cuando entra a la habitación de hospital de su hijo, donde pasa el día, debe «poner una sonrisa».

«Nunca he pedido una ayuda, ni cuando me separé por violencia de género. Que tuve que sacar a mis hijos adelante», pero ahora lo necesita, insiste, y cree que le están dando la espalda. «Solo pido un techo para poder hacer más llevadera está desgracia».

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