La Princesa de Asturias y su hermana la Infanta Sofía, durante al acto de entrega de los galardones. / ANDER GILLENEA / AFP

Leonor y Sofía marcan perfil propio sobre la alfombra azul del Campoamor

La reina Letizia demostró que hay vida después de Felipe Varela, con un impresionante vestido de tafetán

S. RODRÍGUEZ

En junio de 2014, con la proclamación de don Felipe como Rey de España, Leonor asumió el título de princesa y un papel institucional entonces aún por perfilar. Aquel día, Leonor y Sofía vistieron de forma idéntica, una de rosa y la otra de azul, con dos vestiditos de tela brocada que llevaba, precisamente, la firma de una diseñadora asturiana. Hace dos años, en su debut en la ceremonia de los premios a los que da nombre la heredera de la Corona, Leonor -más bien su madre- eligió para tal acontecimiento otro vestido aniñado, esta vez en azul.

Este viernes, la llegada de la Princesa y la Infanta al teatro Campoamor, la puesta en escena sobre la alfombra azul, lanzó un mensaje al mundo: se acabaron las niñerías. Las hijas de los Reyes, una a punto de cumplir los 16 y la otra camino de los 15, son ya dos jóvenes llamadas, sí, a copar las listas de las más elegantes. Y cada una con un estilo propio, muy diferente.

La princesa Leonor, que este curso dejó su casa, a su familia y amigos, como tantos adolescentes de su edad, para cursar el bachillerato en un internado en Gales, sorprendió con un vestido cóctel de Bgo & Me, que bien podría convertirse en su firma de cabecera, puesto que también la vistió en los Premios Princesa de Girona, entonces de rojo. Esta vez se trataba de un modelo de cuadros negro y blanco, con corto recto hasta la cadera, de donde partía una falda con vuelo. Se calzó para su tercera ceremonia de los Premios Princesa de Asturias unos zapatos de salón negros, sobrios, con los que no parecía sentirse muy cómoda en un primer momento. Y es que era la primera vez en que Leonor usaba tanto tacón. Completó su look con una coleta alta, muy parecida a la que emplea con asiduidad su madre, y unos aros de oro con forma de bambú, pendientes que de vez en cuando también comparte con la Reina.

Si bien Leonor acaparó la atención porque, evidentemente, es protagonista principal de la ceremonia, quien atrajo más miradas fue la infanta Sofía. La benjamina de don Felipe y doña Letizia, ya más alta que su madre –hay quien dice que tiene la elegante planta de la infanta Elena–, arriesgó con una falda larga de tul rosa, firmada por Psophía, y un jersey negro con pedrería prestado por su madre. La Reina, entonces princesa, se lo puso para la cena de gala –junto a una falda larga negra– en honor al presidente de Chile, Sebastián Piñera, en marzo de 2011. Como calzado, de nuevo una bailarinas planas negras.

De negro riguroso regresó con fuerza doña Letizia a Oviedo. Esta ceremonia siempre ha sido especial para ella. Porque juega en casa. Durante años triunfó con los estilismos que Felipe Varela creaba para ella. Ya el año pasado, en la sobria entrega a causa de la covid, no se decidió por ningún vestido de quien había sido su diseñador de cabecera. Y este viernes, tampoco. Eligió un modelo de tafetán, de aire retro, de The 2nd Skin, impresionante, que dio más realce a las pulseras gemelas y los pendientes de chatones, joyas que solo pueden emplear las reinas de España.

Precisamente, doña Sofía, fiel a la ceremonia de Oviedo, vistió un dos piezas en rosa, con estampados y degradé. Un tono mucho más alegre de los que suele emplear la reina emérita. De blanco y negro vistió Paloma Rocasolano, la otra abuela de la princesa de Asturias, que siempre ocupa lugar preferente en el patio de butacas desde que su hija se casó con don Felipe.