De izquierda a derecha, Irene Álamo, su hija Iko, Mariam y su padre, Sergio González. / ARCADIO SUÁREZ

Una larga espera por la bomba de insulina

Diabetes. Familias de menores canarios denuncian la demora de la entrega de los dispositivos

Luisa del Rosario
LUISA DEL ROSARIO Las Palmas de Gran Canaria

Mariam tiene 9 años y hace dos «debutó» como diabética tipo I, una enfermedad autoinmune que frecuentemente aparece en la infancia y que necesita tratamiento con insulina. Iko tiene 13, también es diabética, en su caso desde hace cuatro años. Las dos llevan su 'kit' de supervivencia y se manejan bien con los llamados sistemas flash, un sensor que a través de un filamento que se coloca debajo de la piel monitorea cada cinco minutos los niveles de glucosa. El de Iko trae su propio lector, el de Mariam se sigue a través del móvil. Esta tecnología ha supuesto un gran avance para las personas diabéticas porque con ella se evitan los innumerables pinchazos en los dedos para tener controlada la enfermedad, además alerta si los niveles bajan o suben peligrosamente.

Irene Álamo y Sergio González, madre y padre de Iko y Mariam, respectivamente, saben bien lo que significa estar «pendientes» de esas mediciones de las que depende la vida de sus hijas. Y también saben lo que es esperar porque el Servicio Canario de Salud les apruebe obtener una bomba de insulina, una tecnología que, sin duda, coinciden ambos, mejorará «la calidad de vida» de las niñas porque el aporte de insulina es constante y según lo requieran los niveles de la persona que la lleva lo que significa que se acabaron los pinchazos. Iko la espera desde hace cuatro años, Mariam cerca de uno.

«Lo primero que te preguntas cuando tu hijo o tu hija tiene diabetes es si es culpa tuya», reconoce Sergio González. Pero enseguida aprendes que no, que es una enfermedad «y no porque no cuidas lo que come, como me han dicho a mí», responde Irene Álamo.

Las niñas también coinciden en que el desconocimiento de la diabetes tipo I entre la población es generalizado. Se confunde con la diabetes tipo II, que sí está relacionada con los hábitos de vida tanto de alimentación como de actividad física y que es la que más se da en Canarias.

Aún así, Mariam e Iko siguen dietas respetando el número de carbohidratos que comen y adaptando la insulina que se ponen a la actividad e ingesta. Aprender todo esto ha sido un proceso que se inició en el hospital, donde ambas tuvieron que permanecer una semana ingresadas para que el personal sanitario les prescribiera una terapia adecuada para controlar sus niveles de glucosa e insulina.

El año de su debut Iko pasó los reyes magos en el hospital. «Yo estaba en shock», reconoce su madre. «Al principio es un montón de información», añade insistiendo en que los profesionales del hospital, en este caso de Materno, «son encantadores». A la familia de Mariam, quien tuvo que superar su «pánico» a las agujas, la salida del hospital la cogió en pleno confinamiento.

A juicio de ambas familias, el problema es la «falta de personal» en Gran Canaria la que les impide acceder de forma rápida a los recursos. En Tenerife, señalan, hay más. Sin personal no hay formación y sin formación para saber manejar los aparatos no hay posibilidad de utilizarlos. «Es que aunque yo lo pudiera comprar no sabría usarlo», afirma Sergio González «¿y se me equivoco y lo programo mal?» se pregunta.

Irene Álamo también recuerda lo que tuvo que batallar para que su hija contara con el sistema de medición automatizado. De hecho, al principio la familia de Iko lo costeaba -unos 140 euros cada dos semanas que es lo que dura el aparato-. Un esfuerzo económico que se justifica en evitarle a su hija más pinchazos. Por eso reclaman ahora la bomba de insulina. Las niñas tendrían más calidad de vida mejoraría y sus familias estarían mucho más tranquilas.

Plan de choque

La directora gerente del Materno-Insular, Alejandra Torres, reconoce los «retrasos» y entiende la «demanda» de las familias porque «la mejor alternativa para estos niños es la colocación de la bomba». Pero, efectivamente, conlleva un período de aprendizaje que se hace de forma presencial. Según Torres, «a raíz del confinamiento y las visitas hospitalarias reducidas se optó por otras alternativas terapéuticas» como el pinchazo y esto ocasionó «un retraso» pese a que se continuó con los trámites burocráticos. Ahora aplicarán un «plan de choque» con la contratación de dos personas más. «Esperamos eliminar el retraso antes de que acabe el año y poder atender el año que viene a la creciente demanda» porque «entendemos que queremos seguir apostando por las bombas porque son la mejor alternativa en la mayoría de los casos», asegura. Aún así, Sanidad señala que en 2021 Canarias ha entregado unos 1.300 dispositivos para el control de la glucemia, incluyendo bombas (a 36 pacientes pediátricos) o aparatos de control.