ENTREVISTA CON OCTAVIO SALAZAR

«Hay que cuestionar al machista que llevamos dentro»

06/03/2019

Octavio Salazar se presenta como feminista, cordobés, padre Queer y constitucionalista heterodoxo. Profesor titular de Derecho Constitucional, acreditado como catedrático, en la Universidad de Córdoba, Salazar es el ejemplo de que la lucha por la igualdad no tiene género. Con sus gafas violeta mira e interpela a los hombres, los hace reflexionar y los acerca al feminismo real, no al que ven con recelo. La semana pasada estuvo en la ULL impartiendo el curso ‘Reflexiones y propuestas sobre la revolución masculina pendiente’ organizado por el Vicerrectorado de Docencia.

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— Se me hace raro entrevistar a un hombre para hablar feminismo...

— (Risas) Yo llego al feminismo por múltiples circunstancias y por múltiples vías. En el ámbito del derecho constitucional trabajo sobre todo en temas relacionados con la igualdad de género, de derechos, la situación jurídica de la mujer e, inevitablemente, ese trabajo me lleva a tener que analizar todo lo que es el feminismo y la teoría feminista. Luego, a nivel personal, he tenido la suerte de estar muy cerca de mujeres muy feministas, que me abrieron muchas ventanas. Y en mi propio desarrollo personal me planteo que en el feminismo también hay muchas cosas que a mí me afectan porque, como hombre, también soy prisionero del patriarcado y del machismo.

— ¿Qué papel han de jugar los hombres en el movimiento feminista?

— Tenemos que acompañar en esa lucha, no asumir liderazgos, y muy especialmente trabajar con nosotros. Creo que el principal papel de los hombres dentro del feminismo es interpelar a los propios hombres para cuestionar al machista que llevamos dentro.

— ¿Son conscientes los hombres de los privilegios que tienen por el mero hecho de serlo?

— Creo que en buena parte no lo son y cuando sí lo son, no quieren saberlo. Estar en una posición privilegiada es cómodo y renunciar a privilegios siempre es complicadísimo. Partimos de ahí y creo, además, que muchos hombres no han hecho ese trabajo de mirarse a sí mismo y decir, bueno, de esta situación de injusticia que sufren las mujeres yo también soy partícipe, a veces de manera inconsciente.

— ¿Se puede hablar de nuevas masculinidades?

— No me gusta ese término, porque no es cierto, no hay una nueva masculinidad, hace falta una nueva construcción de la masculinidad.

— ¿Se corre el riesgo de que los hombres se acerquen al movimiento feminista solo por prestigio social?

— Claro que sí. Cuando veo a líderes políticos lanzar determinados discursos sobre este tema me pregunto si lo hacen porque es una etiqueta que da más prestigio o políticamente correcto. Habrá que estar muy atento a sus programas, a qué políticas hacen, hasta qué punto son capaces de renunciar para que las mujeres ocupen posiciones de liderazgo. Los pongo en cuarentena.

— Y luego están los que ponen los derechos de las mujeres como eje de sus discursos políticos.

— A esos sí que me los creo porque están construyendo su discurso político. Ese es el peligro en el que estamos, que tenemos fuerzas políticas que están incorporando un antifeminismo evidente en su programa.

— ¿Cala ese discurso entre los que se sienten amenzados por el feminismo?

—Absolutamente. Yo creo que ahora mismo los hombres estamos en una doble tesitura. Por un lado, hay una situación de confusión, de no saber muy bien como resituarnos en un escenario donde las mujeres cada vez han ido adquiriendo más presencia, más poder y donde, con todo este protagonismo del feminismo, el viejo modelo de hombre ya no sirve, pero tampoco tenemos muy claro cómo actuar de acuerdo con otros parámetros. Y, por otro, en ese contexto de confusión, hay muchos hombres que se acogen a lo más fácil, a lo seguro, al modelo de toda la vida y de así no se cuestionan nada: sigo disfrutando de mi privilegio y, encima, tengo un montón de fuerzas y discursos públicos que me respaldan, con lo cual ahí no me siento perdido, sino que hay todo un movimiento que me respalda. Ese es el peligro.

— ¿Nos estamos equivocando en cómo se educa para la igualdad? Es que a veces parece un espejismo.

— Absolutamente. Cuando trabajo con adolescentes o con mis alumnos en la facultad y planteo estas cuestiones me doy cuenta de que esa sigue siendo una asignatura pendiente en este país. No estamos educando para la igualdad en el sentido profundo del término. Hemos vivido años, pues eso, un espejismo en el pensamos que por tener leyes de igualdad, leyes contra la violencia o determinadas políticas públicas parecía que ya vivíamos en el mejor de los mundos y no es así y se nos está cayendo todo.

— Habla de leyes y es el mismo mundo judicial el que devuelve a la realidad, lo evidenció la sentencia de La Manada.

— Eso ha sido como el velo que se ha destapado, pero ese mundo está ahí y es uno de los mundos que más sirven para la consolidación del patriarcado. Es bochornoso que en la facultad de Derecho no se enseñe perspectiva de género ni haya asignaturas sobre igualdad porque toda la cultura jurídica es absolutamente machista. Se nos sigue lanzando la idea de que somos los hombres los únicos que tenemos ahí la palabra y el rigor científico y los que podemos aportar cosas. El año pasado, unos 600 profesores de universidad y académicos firmamos el compromiso, No sin mujeres, por el cual nos comprometíamos a no participar en actividades académicas donde no hubiese mujeres. Es importante que esto lo hagamos nosotros, que estamos, por así decirlo, al mismo nivel, y creo que el efecto es mucho más potente y, además, dejas en evidencia a los que se quedan callados.

— Su último libro #WeToo está dirigido a los más jóvenes..., que están igual de perdidos que los adultos.

— Completamente. Perdidos y, además, reproduciendo incluso comportamientos que podemos pensar que ya estaban superados. Repiten estereotipos y esquemas de masculinidades tremendamente violentas, en las que las mujeres son seres absolutamente disponibles. Es urgente que se haga educación afectivo sexual en la escuela y en las familias, cosa que no se hace, porque el hecho de que vean porno es que no tiene la contrapartida de que alguien les esté diciendo que hay una manera más saludable de disfrutar del sexo.

— ¿Cómo se avanza con unos hombres hostiles, con una educación que ni se educa en igualdad ni hay programas de educación afectivo sexual?

— En general soy optimista y creo que las cosas pueden mejorar. Hay que actuar justamente en todo esto. En la educación, esto debería ser central en el sistema educativo. Los chicos tienen que saber colocarse en esta nueva situación y también las chicas, que reciben mensajes contradictorios: les dicen que tienen que ser feministas, que tienen que empoderarse, pero al mismo tiempo las están cosificando, sexualizando..., y las ves posando en Instagram como si fueran objetos sexuales.

— ¿Los profesores, educadores que trabaja con adolescentes están formados para abordar estos temas?

— Cuando me preguntan por el libro, que está pensado para adolescentes, yo digo que casi que tendrían que leerlo antes los padres, los educadores, porque sigue fallando muchísimo eso. En el ámbito educativo tiene que haber gente forma y gente sensibilizada con estos temas.

— La maternidad subrogada y la legalización o no de la prostitución...

— ...que van muy de la mano. En esos dos temas se unen las dos lógicas que están generando más dificultades para las mujeres, que son, la del patriarcado y la del mercado y el modelo neoliberal donde todo se compra y todo se vende, buscando siempre satisfacer nuestros deseos, los deseos sexuales, el deseo de ser padres, hasta el punto de instrumentalizar a un ser humano para conseguirlo. Y esa es la lógica que hay en la prostitución y en los vientres de alquiler: utilizas a una tercera persona para satisfacer tus deseos y a través de prácticas que ponen en peligro su dignidad, su integridad física, moral. No la estás tratando como a un sujeto equivalente, sino como un sujeto subordinado. Y esto es muy perverso porque nos está llevando a un modelo de sociedad de locura. A partir de ahí podríamos justificar cualquier tipo de explotación y sobre todo de las mujeres. Si legitimas la prostitución estás legitimando la cosificación y la sexualización de las mujeres, pues toda esa crítica que hacemos de la publicidad sexistas se cae. Si tu dices que una mujer es libre para ser trabajadora sexual y vender su cuerpo a cambio de dinero, pues te quedas sin argumentos para criticar un cartel en el que te están vendiendo un coche con una mujer desnuda en lo alto, porque al final estás diciendo lo mismo.

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