Un almendro en flor con el Alcázar de Toledo al fondo.

Un estudio demuestra la relación entre el cambio climático y las alergias

La contaminación también provoca que las plantas generen proteínas más agresivas

J.M.L. Toledo

Un estudio del Servicio de Alergología del Complejo Hospitalario Universitario de Toledo ha demostrado la relación entre el cambio climático y el incremento de las enfermedades alérgicas por pólenes. El trabajo subraya que el aumento de las temperaturas está adelantando el periodo de polinización y retrasando su finalización, ampliando así el tiempo de exposición a los pólenes.

Según el responsable de esta unidad y presidente del Comité de Aerobiología de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica, el doctor Ángel Moral, «el cambio climático es una realidad incuestionable y uno de sus múltiples efectos es el aumento de las enfermedades alérgicas debido a tres circunstancias: el aumento en las concentraciones de pólenes, el mayor tiempo de exposición a los mismos y, por último, su mayor agresividad».

El trabajo se basa en el estudio de los datos del captador volumétrico que en 1995 se instaló en la azotea del hospital «Virgen del Valle» de Toledo. Desde entonces se ha contabilizado una media de 51.546 pólenes anuales, con un máximo en el año 2021 de 79.016 y un mínimo de 22.862 en el año 1995, coincidiendo con una importante sequía que se vivió aquel año. Según el doctor Moral, «con estos datos recogidos a lo largo de estos 27 años se demuestra que existe una tendencia ascendente en el número de pólenes en relación con el cambio climático, que es consecuencia del aumento de los gases con efecto invernadero y de la contaminación».

Pólenes más agresivos

Según este estudio, el aumento de la temperatura ocasionado por el cambio climático, junto a los gases de efecto invernadero como el CO2, actúan como fertilizante de las plantas contribuyendo al incremento en la producción de pólenes. Este hecho está adelantando el periodo de polinización y retrasando su finalización, ampliando el periodo de exposición a los pólenes.

Además, «los contaminantes químicos actúan sobre las plantas y, como éstas no pueden desplazarse, tienen que defenderse y lo hacen modificando su metabolismo y produciendo nuevas proteínas, denominadas de stress que les permiten subsistir y que aumentan la agresividad de los pólenes», explica el doctor Moral. Según los datos recogidos por el captador volumétrico de pólenes a lo largo de los últimos 27 años, la mayoría procede de las cupresáceas, el olivo y las gramíneas. El 60 por ciento de estos pólenes se recoge durante los meses de primavera, seguido de los meses de invierno donde se recoge el 21 por ciento, un 16 por ciento en verano y un 3 por ciento en otoño.