Alfredo Mayor: «Es la historia de un padre indefenso»

Casi tres años de lucha y litigios por obtener la custodia compartida de una niña que tuvo con su expareja llevaron al grancanario Alfredo Mayor a vivir una pesadilla que define como ‘kafkiana’ y donde sintió que debía probar lo que no había hecho. Y no al revés.

Francisco José Fajardo
FRANCISCO JOSÉ FAJARDO

¿Puede resumir lo que le ocurrió?

— En el proceso judicial de familia en el que pedí la custodia compartida, le realizaron a mi hija y a los progenitores, mi ex pareja y yo, un peritaje psicológico. En este peritaje se empleó una metodología inadecuada para valorar a mi hija. Concretamente, se utilizó con mi hija de tres años un test que era a partir de seis años, y otro que era para adolescentes. A partir del resultado del peritaje es cuando recibí varias demandas por maltrato infantil hacia mi hija (por jurisdicción voluntaria y por vía penal) y también por violencia de género, en este último caso fue por una presunta pareja que no existía.

¿Cómo es exactamente eso de una pareja que no existía?

— La denuncia de violencia de género no fue sobre la madre de mi hija, sino que ella la puso diciendo que yo tenía una pareja y que le pegaba. Yo no tenía pareja. Lo curioso es que además de estar en la policía con la consiguiente investigación policial acabé en el Juzgado de Violencia sobre la Mujer número 2. Todo un surrealismo. Un disparate.

¿Cómo se resolvió todo?

— Todo, cuando digo todo, es que todas las denuncias y demandas quedaron archivadas o sobreseídas. Y con respecto al perito psicólogo que realizó el peritaje le denuncié en el COP Las Palmas (Colegio Oficial de la Psicología de Las Palmas), y le inhabilitaron por un mes de ejercicio profesional y no puede hacer peritajes en tres años.

¿Y al final la custodia compartida?

— Así es. Al final se firmó la custodia compartida sin tener que llegar a la vista final. Esto es incomprensible, porque después de todos los procedimientos dirigidos por la madre en mi contra y que fueron archivados, lo único que me pidió para firmar la custodia compartida, era que yo pagara las cuotas del colegio íntegras y así lo hice y lo continuaré haciendo.

Entonces, ¿estuvo con frecuencia en los juzgados?

— Sí, en esos dos años, lamentablemente estuve bastantes veces. Tengo que decir que en este sinuoso camino con final feliz me he encontrado con unos magníficos profesionales en los juzgados (jueces y fiscales) y fuera de ellos a mi abogada y mi perita-psicóloga.

¿Se llega a tener miedo en una situación como esa?

— Por supuesto que sí. Claro que se tiene. El miedo en sí no es malo, lo que es malo es no controlarlo, que domine tu vida y eso en estos más de dos años no ocurrió. O por lo menos no fui consciente de que el miedo dominase mi día. Ahora, lo que ocurrió, de manera injusta, no se lo deseo a nadie. Realmente, lo mío es la historia de un padre indefenso, pero que decidió que no se podía rendir.

¿Qué le diría a alguien que pueda verse en una situación a la que usted ha vivido tal y como relata?

— Ante todo, quisiera decir que ésto le puede pasar tanto a mujeres como a hombres. Hablo de personas. Le diría que tengan paciencia y que la verdad tarde o temprano triunfa. El relato importa, pero no podemos pensar que la verdad no se va a imponer.

¿Qué es lo que cree que falla?

— Está claro que el sistema falla. Nada es perfecto. Mi hija y yo tuvimos la mala suerte en coincidir con un perito psicólogo adscrito a la lista del Instituto de Medicina Legal, que vulneró dos artículos del Código Deontológico del Psicólogo cometiendo infracciones graves y después entre este peritaje que se anula finalmente y el otro nuevo que se pide puede aparecer la figura del litigante temerario. Creo que el sistema va lento. Es cuestión de tiempo y eso va relacionado con que están desbordados por la falta de personal.

¿Durante todo este proceso llegó a sentir indefensión?

— No me sentí indefenso. Tal vez sí que pensaba que si dejaba de luchar iba a perder lo que quería y era, y es, darle la mejor vida posible a mi hija, dentro del entorno de unos padres que no conviven. Tuve un sentimiento de extrañabilidad, una pesadilla kafkiana. Piense usted que tener que defender y demostrar algo que no existe, que no ocurrió, no es lo más lógico. Creo que debería ser al revés, que se demuestre lo que se denuncia. Pero estamos en un estado de derecho, donde para mi el sistema judicial funciona bien, tarde pero bien.

¿Qué sentimiento le queda?

— Lo primero es tristeza y a la misma vez alivio, porque piense que en todos los procedimientos iniciados por la progenitora se pedía la suspensión inmediata del régimen de visitas y que viera a mi hija en el punto de encuentro familiar, o sea, que hubiese estado sin ver a mi hija varios meses ya que existe retraso burocrático en este servicio.

¿Y lo segundo?

— A eso voy, me intento explicar a mí mismo como es posible que no se entienda como viéndose claramente el comportamiento temerario de la progenitora no tuviese algún tipo de sanción, aunque sea pagar las costas, la pena es que esto no pudo ser, porque en todos estos procesos anteriormente citados la ley no lo contempla. La vida.