El tercer género exige ser legal

04/02/2018

Joana y Marcos recorrieron un camino vital parecido hasta identificarse como personas no binarias. Desde la niñez tenían claro que no eran niña ni niño, respectivamente, su sexo asignado. Pero tampoco se sentían niño ni niña. Pasados los 20 años salieron de esa especie de limbo al nombrar su identidad. Son transgénero, quieren visibilizarlo y exigen su reconocimiento legal.

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Al nacer te asignan un sexo legal, lo que te dicen que tú eres, y aquí en España solo hay dos. Es decir, que todas las personas que no nos identificamos con una de esas dos opciones nos sentimos desamparadas. Legalmente se nos identifica con algo que no somos», explica Joana Cabrera. «Legalmente no existimos», apostilla Marcos Ventura.

No hablan de sexo biológico ni de orientación sexual, sino de identidad de género. Marcos y Joana son activistas de Gamá y dos personas transgénero que explican su realidad en este reportaje para visibilizar algo que «siempre ha existido» y dar la posibilidad a las personas que se identifican de la misma forma de nombrarlo. Y como las leyes siempre van por detrás de la realidad, exigen que España reconozca un tercer sexo legal que evite «una discriminación que es bastante más sangrante porque está interiorizada».

Alemania ha sido el primer país europeo en abrir la puerta al registro de personas de un tercer género más allá del masculino o femenino, sobre todo encaminado a no obligar a inscribir a bebés con genitalidad no marcada en la casilla de hombre o mujer, lo que se conoce como personas intersexuales. El objetivo es que se contemple esta realidad también para las personas que al desarrollar su identidad de género no se sientan dentro de esta división binaria apuntalada con roles sociales desde nacer.

Cuando Joana y Marcos pudieron nombrar cómo se habían sentido desde niños –ambos lo lograron con 22 años– dieron un paso de gigante. «En mi infancia me socializaron como una niña y ya entonces tenía muy claro que no lo era, pero tampoco te sientes un niño. Sin alternativa, te mantienes en un limbo durante muchos, muchos años», explica Joana, que no se identificó como una persona de género no binario hasta que un compañero activista del movimiento LGTB le dio la posibilidad de nombrarlo. «Me dijo ‘Joana, yo soy transgénero’, y le pregunté qué era eso y me respondió que ‘las personas que no somos ni un hombre ni una mujer’. Le puso nombre a lo que yo soy».

Y fue ella la que nombró esta realidad a Marcos, quien explica que en su proceso de identificación siempre supo «que algo no cuadraba». «Cuando se desarrollaron los caracteres sexuales secundarios como el pelo en el cuerpo o la barba me conflictuaba y no entendía por qué, ya que era consciente de que no me sentía una mujer y por descarte me quedaba ser un hombre». Cuando supo del género no binario descubrió que era «lo que más encajaba» con su identidad. «Por eso es tan importante la visibilidad. No te puedes identificar con una realidad que no concibes. Y por eso es tan importante también un reconocimiento legal, por una cuestión de dignidad. Nuestra realidad es esta y merece estar reconocida legalmente», dice.

Exigen que las leyes y los DNI incluyan esta diversidad en la identidad de género, una realidad que va más allá del masculino o femenino. De hecho, dentro de las personas transgénero hay también realidades diversas –personas que fluyen del género femenino al masculino, que sienten los dos al mismo tiempo, que el su género no es ni lo uno ni lo otro– , «tantas como personas hay», dice Joana.

Ley LGTB. Para salir del binarismo legal –y social– una oportunidad única está en la ley de no discriminación LGTB que se debate –y se dilata– en el Congreso de los Diputados, señala Marcos. «El texto reconoce la realidad de las personas transgénero y dentro de su articulado las define y las considera como sujetos del derecho a la no discriminación qe la ley establece. En sus disposiciones adicionalesrecoge la modificación en el Registro Civil para inscribir a los bebés intersex, que no tengan que estar asignados a uno de los dos sexos legales», explica. El objetivo, insisten, es adaptar la ley a las diversas realidades, no encajar a éstas en dos divisiones que sustentan un sistema no igualitario. Porque en este binarismo, añade Marcos, «estamos hablamos también de una división sexual de los trabajos reproductivos y productivos y eso solo encaja en un sistema en el que hay un género por encima de otro».

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