Educación

Enseñar sin libros ni deberes

10/05/2018

El Consejo Escolar de Canarias aprecia que se marcan excesivas tareas. El colegio Arucas, en cambio, apenas manda trabajo para casa a su alumnado y aprende. En el centro se trabaja «por proyectos», una metodología que incentiva la participación de los estudiantes.

Hace unas semanas el informe del Consejo Escolar de Canarias sobre los deberes avivó un debate que invita a reflexionar sobre si es adecuado marcar tareas para casa o no y en qué proporción. ¿Es posible enseñar sin deberes? El CEIP Arucas trabaja por proyectos, prácticamente sin libros y sin tareas. ¿La ventaja? Docentes y alumnado van «ilusionadísimos» a clase.

¿Recuerda cuando aprendió los ríos de España? Pues si ya entonces la asignatura de Sociales y los respectivos mapas físicos y geográficos eran el testigo de una en enseñanza repetitiva, memorística y sin emoción, imagine que hoy siguiera igual. El Colegio de Educación Infantil y Primaria (CEIP) Arucas renunció a esta estandarización e introdujo lo que llama el «trabajo por proyectos».

«Es una manera diferente de aprender. Intentamos hacerle atractivo a los niños el aprendizaje. No es lo mismo abrir un libro por la página 47 y hagan estos ejercicios que trabajar por proyectos. Nosotros hacemos nuestro propios cuadernillos y diseñamos nuestras situaciones de aprendizaje», explica la directora del centro, Andy Marrero.

En realidad al ver el colegio por fuera no parece nada diferente a cualquier otra escuela levantada en el franquismo. Un viejo edificio en La Montaña de Arucas que pide a gritos varias capas de pintura como muchos otros centros públicos. Por dentro, en cambio, han creado su propio mundo. Tienen su moneda, el Aruquito, que sirve para crear empresas o comprar objetos que después revierten en más inversiones; su propia cafetería, gestionada por los más pequeños y que ofrece a padres y docentes una carta de servicios; un canal de noticias televisadas, una emisora de radio, un canal de Youtube (Aprendiendo con Aruquito), una zona chill out, un huerto, animales, una agencia de viajes, clases de yoga y sesiones de mindfulness, robótica o cálculo computacional.

Los padres y madres han ayudado a pintar las distintas estancias y los niños, afirma Marrero, «vienen privados». A los padres «les gusta nuestra metodología de trabajo porque los niños aquí son felices. ¡Es que trabajan en la hora del recreo!», añade la directora poniendo el énfasis en que renuncian a su tiempo de descanso.

Para el profesorado también es ilusionante. «Yo me aburría más que los niños con eso de ‘página 5 ejercicio tres’. Toqué fondo. Y ese aburrimiento lo transmites», afirma May Aria, una de las profesoras del centro, que asegura que sus alumnos aprenden ahora mucho más.

En el colegio Arucas hay unos 200 alumnos y 16 docentes. Los alumnos se reúnen en grupos para trabajar en los diferentes proyectos con los que aprenden el currículo escolar que marca Educación. La gran diferencia es que, por ejemplo, los más pequeños aprenden los primeros números y operaciones matemáticas gestionando una cafetería. «Así saben para qué les sirve», explica la profesora.

Y no, no cuentan con más presupuesto, sino con el justo. «Buena parte del material tecnológico que utilizamos lo gana el alumnado en los distintos concursos escolares a los que nos presentamos», explica Andy Marrero.