Cuatro rectores para la ULPGC: una odisea con un balance positivo

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26/04/2019

La Universidad de Las Palmas de Gran Canaria cumple hoy 30 años y los cuatro catedráticos que han tenido su bastón de mando hablan juntos por primera vez de un apasionante viaje que tiene sus cimientos en una movilización popular sin precedentes.

Se sienten en casa, lo están. Una casa levantada a partir de los cimientos de una movilización popular histórica. Hablan de forma distendida de uno de los hitos educativos más determinantes del archipiélago del que han sido protagonistas directos. Hoy se cumplen 30 años de la aprobación en el Parlamento canario de la Ley de Reorganización Universitaria que supuso la creación de la ULPGC y los cuatro rectores que han tenido su bastón de mando se sientan para rememorar estas tres décadas, sus peores y mejores momentos, sus luchas por la financiación. Recorren un tiempo en el que la ULPGC ha pasado de ser la única institución que cubría el déficit de formación universitaria de un pueblo a lidiar en un espacio de enseñanza superior donde la competencia está a la orden del día. Coinciden en que siempre han apreciado una «falta de visión» de los diferentes gobiernos para saber qué es la universidad y el papel esencial que tiene para ayudar al desarrollo de la sociedad. «Está desaprovechada», sentencian.

Regidor: «El valor de la universidad la mediría mirando hacia fuera: ¿cuántos egresados hay ahora trabajando en Canarias?

Francisco Rubio Royo, Manuel Lobo, José Regidor y Rafael Robaina han comandado, por este orden, la ULPGC. Los cuatro catedráticos charlan en la sala 26 de abril de la sede institucional –detrás de ellos, un cartel con el lema Lo imposible fue posible– y las coincidencias, a pesar de vivir etapas diferentes, son muchas. La primera, el «orgullo» de haber estado al frente de la universidad grancanaria.

«Mi resumen es de haber asistido a un hito en el devenir de la historia de Canarias y la satisfacción de haber sido rector de la Universidad Politécnica de Canarias y el primer rector de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria», señala Rubio Royo. «El balance, con sus luces y sus sombras, tiene que ser siempre positivo», añade Lobo, «porque se puso una institución al servicio de la sociedad, mucho más en el caso de la ULPGC, que es de las pocas universidades que tienen en su currículo haber nacido por una demanda social». «Sí, el balance es necesariamente positivo», repite Regidor, quien cree cumplidas las expectativas de las personas que reivindicaron en la calle la universidad. «Su valor lo mediría mirando hacia fuera: ¿cuántos egresados de la ULPGC hay ahora trabajando en la sociedad canaria? Ese papel en la formación de estos hombres y mujeres nos dice que se ha cumplido el objetivo, y la tarea es seguir haciéndolo y dar respuesta a la sociedad», afirma.

Cuatro rectores para la ULPGC: una odisea con un balance positivo

Rafael Robaina llegó al Rectorado en 2016, pero ha vivido desde dentro «cómo se ha levantado la casa». «He visto cómo se han construido los campus, cómo se han dotado de infraestructuras, crecer al personal hasta el punto de que puedo ser el primer rector que puede decir que esta universidad es el mejor instrumento que tienen las islas para eso que tanto se dice del cambio de modelo, porque ahora sí que está madura», sostiene. Queda, asegura, que se entienda «que aquí formamos y somos capaces de dar soluciones reales que puedan convertir la economía de las islas».

Rubio: «Al inicio había penurias, pero no importaba porque teníamos la comprensión, tolerancia y complicidad de la sociedad»

Rubio, Lobo y Regidor señalan que con el tiempo los tragos amargos se diluyen, salvo la muerte de colaboradores cercanos, de docentes, de estudiantes. Y nombran, entre otros, a Alfredo Bescós, Manolo Betancor, Lothar Siemens, Cristóbal García Blairsy, Juan Pulido Castro...

«Siempre recuerdo que cuando veíamos difícil desde la Politécnica la creación de la universidad por nuestra situación económica, Lizardo Martell me dijo ‘vamos a conseguirla y luego nos ocuparemos de la condición económica’. En aquel momento se trataba de poner cimientos y apuntalar algo para que no se cayese, cosa que hizo magníficamente luego Manolo Lobo», explica el primer rector de la ULPGC, catedrático de Física Aplicada.

Y Lobo resume su etapa con la palabra «consolidación». Del campus de Tafira, de sus accesos, de los complementos retributivos, de la puesta en marcha de nuevas titulaciones; de cerrar el primer contrato programa que planificaba la financiación y marcaba objetivos para conseguirla... Pero de lo que más orgulloso se siente es de haber puesto en marcha los estudios para personas mayores. Otro de los hitos importantes fue para el catedrático de Historia Moderna que el rey inaugurara el curso 2001-02 porque «fue un espaldarazo, poner en solfa que la ULPGC estaba consolidada».

Lobo: «La ULPGC es de las pocas universidades que tienen en su currículo haber nacido por una demanda social»

Regidor destaca de su gestión el campus de excelencia internacional, «un proyecto de envergadura que las dos universidades canarias hicimos solas, sin el apoyo del Gobierno». «Fuimos juntas pero diferenciándonos, nos definió en una de nuestras grandes capacidades, el área marina y marítima, y supuso una inyección económica importante», explica. El catedrático de Biología Celular se lamenta, sin embargo, de haber vivido lo peor de la crisis. «En 2007 cuando tomé posesión se suponía que éramos ricos y en 2008 éramos pobres como piojos, fue un golpe fatal al desarrollo de la ULPGC», relata Regidor. El Gobierno canario, entonces presidido por Paulino Rivero, canceló el contrato programa, lo que «fue un punto de inflexión». «Siempre se recorta primero en educación y creo que el Gobierno regional no ha sido plenamente consciente del valor de las universidades públicas canarias», añade con el asentimiento de sus tres contertulios. Regidor viaja a la erupción submarina de El Hierro de 2012 para ejemplificar su opinión: «Fue un acontecimiento extraordinario y a nuestra universidad, puntera en ciencias del mar, y a nuestros científicos se los marginó».

«En los diferentes gobiernos, la universidad se ha visto siempre como una hermana pobre; a veces se la ningunea porque los que están arriba no tienen ni idea de lo que es la universidad», añade Lobo. «En los últimos presupuestos regionales ni nos llamaron para hablar de lo que íbamos a tener...», dice Robaina, quien se lamenta de que el Ejecutivo actual no haya cerrado un modelo de financiación tras tres años de trabajo. Hablando de las relaciones «tensas e intensas» con el Gobierno, Lobo recuerda su amenaza de cerrar la ULPGC si no se equiparaba la inversión por alumno con la de La Laguna. «Siempre recordaré que Adán Martín, presidente del Gobierno, se levantó de la cama, porque estaba con la quimio, me llamó, empezamos a hablar y todo fue a mejor», dice.

Cuatro rectores para la ULPGC: una odisea con un balance positivo

Rubio Royo reconoce que pesar de las diferencias y de los momentos duros que vivió –su etapa fue la «más sangrienta», dice con una sonrisa– guarda un recuerdo «entrañable» del entonces presidente Manuel Hermoso: «En las aperturas de curso que vino siempre me decía ‘qué gran error haberme opuesto a la creación de esta universidad’». «Yo me encontré en una circunstancia distinta a la de los rectores posteriores; había penurias económicas, pero no importaba porque contábamos con la comprensión, tolerancia y complicidad de toda la sociedad y la comunidad universitaria tenía cultura organizativa, un objetivo común. Ese es el mayor bien económico que tenía la universidad», resume Rubio.

Robaina: «La ULPGC sigue siendo muy querida, y ese cariño hay que saber corresponderlo»

¿Y ha perdido la ULPGC ese vínculo con la sociedad de sus inicios? «Yo viví todavía la efervescencia del alumnado y de sus familias, y me sentí muy arropado», dice Lobo. «En mi etapa lo que hubo fue la normalización, y cuando algo se normaliza hay una pérdida emocional de lo que pasó anteriormente, y como ya es normal ahora queremos que sea mejor, y entramos en esa nueva dinámica», continúa Regidor, quien incide en no olvidar que la educación pública, como la sanidad, es uno de los grandes logros de la sociedad y sus profesionales merecen un respeto que, afirma, se está perdiendo. «Recordar estos 30 años debe servir también para reforzar los lazos que culminaron en 1989 para que se siga teniendo el aprecio, el cariño y la emoción que hubo entonces», añade.

Desde su perspectiva del actual rector, Robaina cree que la ULPGC «sigue siendo una institución muy querida», pero en estos tiempos «hay que corresponder a ese cariño» para que en los próximos años «esa percepción de distanciamiento merme». ¿Cómo? «Teniendo una comunicación más extensa, produciendo ciencia divulgada para que lo entienda la gente y sepa lo que está ocurriendo». «Ahora está pasando algo que los otros rectores no vivieron», destaca el catedrático de Biología, «y es el cambio de paradigma». «Hay que ser mejor que los competidores, tenemos que participar activamente en el ecosistema innovador para hacernos más fuertes», añade. «Pero sin olvidar que una de las competencias que tienen que tener nuestros estudiantes es la del pensamiento crítico y creativo», apunta Rubio.

La ULPGC cumple 30 años y sigue en movimiento, adaptándose a una realidad diferente a la de 1989 y con el reto de seguir respondiendo a las demandas de la sociedad que logró convertir en realidad un sueño, hacer posible lo imposible.