Un joven practica en un centro de Formación Profesional de Vitoria. / jesús andrade

El Congreso aprueba la nueva FP que potencia el aprendizaje en la empresa

La ley, avalada por todos los grupos salvo PP y Vox, permite una formación a la medida y establece pasarelas con la universidad

Alfonso Torices
ALFONSO TORICES Madrid

El pleno del Congreso ratificará en dos semanas la nueva Ley de Formación Profesional, aprobada este miércoles por la Comisión de Educación de la cámara. Dicha norma pretende potenciar y modernizar unos estudios que, a partir del próximo curso, desarrollarán en todos sus niveles una parte sustancial del aprendizaje de los alumnos en las empresas del sector en el que pronto buscarán su primer empleo.

El texto, que en febrero o marzo recibirá el aval definitivo del Senado, obtuvo el mayor respaldo parlamentario a una norma educativa en muchas legislaturas. La ley no cosechará el próximo 16 de diciembre ni un solo 'no' del pleno del Congreso y logrará más de 200 síes, lo que supone el apoyo de casi tres quintos de la Cámara baja. Toda la izquierda, Ciudadanos y los nacionalistas. La unanimidad no será posible, porque tanto el PP como Vox han decidido abstenerse.

Esta ley tiene como objetivo fundamental duplicar el número de jóvenes técnicos y especialistas –para responder a los perfiles profesionales que el mercado laboral español demandará a partir de 2025– y crear un sistema ágil y flexible que también asuma la formación de los ocupados y el reciclaje de desempleados –sobre todo en las áreas rurales–, y la actualización de conocimientos de todos los trabajadores a lo largo de la vida.

El proyecto de ley, elaborado por el Ministerio de Educación, pero con notable implicación de autonomías, empresarios y sindicatos, contará con 5.500 millones de euros hasta 2025 para asegurar la puesta en marcha de todas sus reformas. Se propone, además de ampliar y modernizar las titulaciones, crear un mínimo de 200.000 nuevas plazas en los ciclos formativos en un cuatrienio, acreditar en igual período las competencias profesionales de más de tres millones de españoles que carecen de certificación oficial alguna de sus habilidades, y ser la gran vacuna contra el abandono educativo temprano, mal en el que España está a la cabeza de Europa.

La reforma fusiona en un solo sistema la antigua FP reglada –la que cursan los jóvenes en los institutos– con los programas y cursos de formación continuada y para el empleo, en muchas ocasiones gestionados por patronales, sindicatos o empresas. Para que sea posible el cambio, diseña un sistema flexible y acumulativo de formación, con un fuerte impulso de la docencia 'online', que permitirá itinerarios académicos a la carta, sobre todo para quienes aprenden y trabajan a un tiempo.

Los itinerarios contemplan cinco grados de conocimientos sucesivos y acumulativos. En el primero (el A), los beneficiarios recibirán microformaciones de pocas horas, por las que logran una «acreditación profesional de competencia». El grado B otorgará un «certificado de competencia profesional» tras completar un módulo. Y el C, que reúne la aprobación de varios módulos, dará derecho a un «certificado profesional». Los dos últimos niveles, el D y E, se corresponden con los actuales ciclos reglados, la FP básica, media y superior. Con el D se logrará el título de técnico básico, técnico o técnico superior en cada disciplina y con el E, el de especialista (grado medio) o máster profesional (superior).

Pero el itinerario de formación profesional no se agota ni en el ciclo superior ni en el posible máster. La ley anima a los responsables educativos (autonomías y universidades) a firmar convenios para crear conexiones entre los institutos y los campus. Los acuerdos permitirían que unos y otros alumnos cursen materias o hagan prácticas en el otro ámbito académico y que exista la posibilidad de un reconocimiento mutuo de créditos para establecer pasarelas de continuación de estudios entre la FP superior y los grados y viceversa.

Titulos dobles y bilingües

El otro gran eje de la reforma es su intención de transformar todo el sistema en dual. Es decir, que una parte notable de la formación se imparta directamente en el lugar de trabajo y que los centros de prácticas dispongan de un tutor y se responsabilicen de parte de la evaluación.

Habrá dos escalas. Los ciclos generales, con una estancia en la empresa de entre el 25% y el 35% de la duración de los estudios. Y los ciclos intensivos, los que tendrán un aprendizaje a pie de obra de más del 35% del curso. Los intensivos, dada su duración, exigirán que la empresa firme con el estudiante un contrato de formación y le remunere por ello en los términos que determine la legislación complementaria.

La reforma también busca dar solución a otra carencia de la FP española, la falta de internacionalización de los estudios. En los ciclos profesionales medio y superior se deberá aprender una lengua extranjera, se pondrán en marcha formaciones bilingües y se crearán dobles titulaciones, como ocurre ya en los grados. Se podrán implantar formaciones conjuntas con centros extranjeros y se fomentará la movilidad académica a otros países de estudiantes y de profesores.