Aliados para luchar contra el acoso escolar

17/03/2019

La figura del agente tutor se suma a la comunidad educativa canaria para evitar en las aulas y fuera de ellas agresiones físicas o a través de las redes sociales ente el alumnado. Alrededor del 20% de los escolares afirman haber sufrido algún tipo de hostigamiento

Un policía uniformado impone, sobre todo a los más pequeños. «Te ven como un modelo, pero también como autoridad» y de esos dos roles se vale Marcos Val, policía local de La Orotava y primer agente tutor de Canarias, para afrontar una de las funciones de esa figura pionera en Canaria, la de luchar contra el acoso escolar, una problemática de la «todavía no se habla lo suficiente» y de la que apenas hay datos -ni siquiera la Consejería de Educación los difunde-, pero que comienza a ser «alarmante», sostiene Lorena Martín, presidenta de la Asociación Canaria No Acoso Escolar (Acanae).

La labor del agente tutor es preventiva y abarca ámbitos como el absentismo escolar o la prevención del consumo de alcohol en menores, pero la formación específica de Marcos Val lo llevó a enfocar su labor hacia al acoso escolar, un problema de «difícil solución» que únicamente se puede atacar de raíz, «con educación en valores y desde la infancia», dice.

Val solo desarrolla su labor en colaboración con los centros educativos de La Orotava -ya hay, dice, «mucho interés» por implantar la figura en otros municipios de Canarias-, pero ha detectado, en el año que lleva trabajando, que «el acoso comienza cada vez a edades más tempranas» y que «hay que trabajar ya con niños de 9 y 10 años», dice.

El sociólogo de la ULL Josué Gutiérrez también considera que en las islas, como a nivel nacional, el acoso se comienza ya a dar edades muy tempranas. El equipo que elaboró el Análisis del acoso escolar en Gran Canaria: prevalencia en educación primaria y secundaria, que él dirigió en 2017, tuvo que «bajar hasta quinto de primaria» para hace el estudio, el primero publicado en Canarias sobre bullying, al detectar que «cada vez se adelanta más la edad a la que comienza el acoso». Y eso, tanto Val como Gutiérrez y Martín, lo achacan al uso de internet y las redes sociales, al que los escolares tiene acceso cada vez más pronto a través del teléfono móvil. «No es malo que tengan móvil, pero se les debe de enseñar sobre su buen uso», dice Martín.

El estudio que dirigió Gutiérrez estimaba que en torno al 20% de los escolares de Gran Canaria podían estar sufriendo acoso escolar por su identidad sexual (27%), por tener sobrepeso (20%) o por el color de su piel (17%), pero no abordaba el ciberacoso, lo que a juicio del sociólogo, eleva «la problemática». El informe PISA da valores similares para Canarias en acoso escolar, con una prevalencia de entre el 15% y el 20% y el informe sobre la Situación de la infancia y la familia en Canarias encargado por la Consejería de Políticas Sociales, con datos de 2017, arroja idénticos porcentajes.

El impacto del suicidio en 2004 de Jokin, un adolescente de 14 años de Guipúzcoa que fue la primera víctima de acoso escolar visibilizada en España, hizo que el bullying se dejara de considerar como una cosas de niños y se comenzara a atender y a mejorar la prevención y la intervención. Quince años después, el problema no solo sigue produciéndose en las aulas, sino que, además, ha saltado de los colegios a cualquier espacio. «Ya no se diferencian el acoso y ciberacoso, un acompaña el otro», explica la presidenta de Acanae, que alerta de lo que significa para un menor «que lo acosen a todas horas todos los días».

Los expertos coinciden en que la prevención del acoso está en la formación del alumnado, del profesorado y de los padres y Jusué Gutiérrez pone el acento en la que, a su juicio, es «la conclusión más importante» del estudio que en Gran Canaria: «En centros donde se ejecutan programas de convivencia, tanto del Cabildo como de la Consejería de Educación, aumenta la sensibilidad contra el acoso escolar en los menores».

El Gobierno de Canarias aprobó en 2011 el decreto que regula la convivencia en el ámbito educativo que da pie a la puesta en marcha de protocolos de actuación para los acoso escolar y en el curso 2016-2017 activó el teléfono de atención para el acoso escolar, que, según la Consejería de Educación, en una respuesta publicada en el Boletín del Parlamento, en junio de 2017 había atendido 181 llamadas por posibles casos de acoso escolar, 66 de ellos confirmados.

El último dato sobre casos confirmados de acoso escolar en las islas es de la Policía Nacional y la Guardia Civil y arroja que en 2017 hubo 100 casos de bullying en Canarias, la cuarta comunidad que registró más casos de acoso escolar tras Andalucía, Madrid y Valencia.

Más formación

Si hay algo en los que coinciden los tres expertos en acoso escolar consultados, el agente tutor de La Orotava, Marcos Val, la presidenta de Acanae, Lorena Martín, y el sociólogo Josué Gutiérrez es que la comunidad educativa (profesorado, alumnado y familias) adolece de falta de formación en bullying.

Uno de los principales problemas con los que se han encontrado es que el profesorado no sabe aplicar el protocolo contra el acosos escolar establecido por la Consejería de Educación tras el que se encuentra el Spacae, el Servicio de Prevención y Ayuda Contra el Acoso Escolar. «El protocolo es bastante completo y cuenta con buenas herramientas, pero hemos detectado que el profesorado no sabe como aplicarlo ni como proceder», dice Lorena Martín. Marcos Val cree que hace falta «más formación para ir aprendiendo a identificar y manejar las situaciones de bullying».

Otro asunto sobre el que los tres insisten es sobre la formación para identificar las situaciones de acoso. Y aquí no solo destacan el papel que juega el profesorado y las familias, sino el de los compañeros de clase de los niños que peden ser objeto de bullying. Se les llama testigos y son «fundamentales» no solo para identificar el acoso, sino para anularlo totalmente. ¿Por qué? pues porque «los acosadores necesitan llamar la atención y que el resto refuerce su conducta», dice Marcos Val, que añade que «si el agresor no tiene quien lo acompañe en su agresión su acción no tiene sentido». Los testigos, dice Martín, «son fundamentales para la prevención», pero además, añade «hay que trabajar mucho con víctimas y agresores».

El papel de las familias, dicen, muy importante para saber si un niño está siendo acosado, pero también para detectar al acosador, indice Val. Y con los niños, apunta Martín, «hay que trabajar desde pequeños en autoestima y confianza en si mismos y en que aprendan a conocer sus emociones y a canalizarlas».

Cercanía

Marcos Val, agente tutor de La Orotava, tiene muy claro cual su papel: la resolución de cualquier incidencia relacionada con el acoso escolar rápida y eficazmente. Y utiliza los medio que le proporciona la figura que representa y que existe en varias comunidades gracias a la Federación de Municipios y Provincias (Femp) y a Sanidad. Su papel es puramente preventivo y su objetivo es «dar con el foco del conflicto», por eso no se queda en las charlas, sino que interactúa con las familias, con los chichos y con el profesorado. El mismo se autodefine como «una herramienta» más en manos de los centros para luchar contra el acoso escolar».