Ciudadanos pasean frente a la sede del Palacio de Justicia de Murcia, una de las sedes judiciales. / J. Carrión

Despedido por enviar fotos de su pene erecto a una compañera

El acusado aseguró a la afectada que no pretendía humillarla con las imágenes sino hacerle «un halago» porque «le ponía»

ALICIA NEGRE Murcia

El Juzgado de lo Social número 7 de Murcia ha declarado procedente el despido del trabajador de una empresa de Alguazas que envió varios correos electrónicos -hasta siete- a una compañera con fotografías de un pene erecto. Según constaba en la carta de despido, que recoge la sentencia, el empleado trató de hacer desistir a la mujer de denunciar los hechos ante la Policía asumiendo que él era el emisor de esos correos y afirmando que su intención no era humillarla, sino enviarle las imágenes a modo de «halago» «porque le ponía».

El juez, en su resolución, considera que la actuación del trabajador fue de especial gravedad por el contexto en que esta se desarrolló y por ampararse en el anonimato «para el hostigamiento» de su compañera. «No se trata de que se hayan utilizado palabras o expresiones inapropiadas, o que resulten groseras o puedan ser soeces o, como en el presente caso, imágenes eróticas», explica la sentencia. «Dichos envíos van más allá. Supone (en su continuidad) una persecución de contenido o trascendencia sexual, pretenden una provocación que carece de causa alguna».

El empleado, en su defensa, sostuvo que los hechos se habían producido fuera del horario laboral y utilizando medios privados. Un argumento que no ha convencido al juez. «El envío que realizaba el actor de imágenes de su pene en erección no puede tener cobertura o exculpación por la simple circunstancia de que algunos de esos envíos se hubiesen realizado por medios privados o fuera de la jornada de trabajo», subraya la sentencia.

Según recoge la carta de despido que desgrana la sentencia, la mujer, en un primer momento, pensó que las imágenes de penes que le llegaban al correo eran mensajes spam. Después, sin embargo, comprobó que iban dirigidos a ella y, tras recibir varios, comunicó a su superior que iba a denunciarlo ante la Policía. El jefe habló entonces con los compañeros por si sabían algo de lo ocurrido. Al percatarse el ahora despedido llamó a su compañera y le pidió que regresara a la empresa porque tenía que contarle algo.

Fue en ese momento cuando el empleado reconoció ser el autor de los correos y pidió disculpas a la mujer que, pese a ello, decidió interponer denuncia. La sentencia aún puede ser recurrida ante el Tribunal Superior de Justicia (TSJ).

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