Un conflicto que lleva cincuenta años enquistado

P. GARCÍA

En Logroño se está escribiendo el penúltimo capítulo de una historia larga y turbulenta que arranca en 1973, cuando un grupo de activistas que pretendían la independencia del Sáhara Occidental, todavía colonia española, decidieron coger las armas y fundar el Frente Popular de Liberación de Seguia al-Hambra y Río de Oro (más conocido como Frente Polisario). El joven Brahim Gali (Esmara, 1949) era ya uno de sus cabecillas. El enemigo español se esfumó en 1976 y Marruecos ocupó su lugar. Desde entonces el reino alauita ha desoído los avisos de la ONU para celebrar, como estipula la legislación internacional, un referéndum de autodeterminación en los territorios descolonizados.

La población saharui rebelde lleva casi medio siglo hacinada en los campos de refugiados de Tinduf (Argelia), controlados por el Frente Polisario. En 1976 se proclamó la llamada República Árabe Saharaui Democrática (RASD), cuya entidad estatal no ha sido reconocida por España ni por ningún país de la Unión Europea, aunque sí por la Unión Africana y por estados como Argelia, Cuba, Irán o Sudáfrica. Brahim Gali, que fue su primer ministro de Defensa, asumió la presidencia en 2016. Dirigente controvertido, considerado de la «línea dura», antes había sido representante del Polisario en España desde 1999 hasta 2008.

Desaire a Rabat

Marruecos y el Frente Polisario acordaron un alto el fuego en 1991. La ONU envió una misión para preparar un referéndum, pero no ha logrado resultados apreciables en 30 años y el reino alauita, consciente de su importancia geopolítica, saca músculo diplomático y exhibe apoyos tan relevantes como los de Francia y Estados Unidos. España hace equilibrios de funambulista para no desairar a Rabat. Para colmo, la paz del año 91, siempre frágil, se rompió hace unos meses, lo que todavía complica más la resolución del caso Gali.