Foto de archivo de dos científicos del IGN caminando por el cráter del volcán palmero. / COBER

El último enjambre sísmico de La Palma se calma: «Al volcán se le revolvieron las tripas»

El enfriamiento del magma en el subsuelo provocó 74 seísmos en dos días. Sin deformación del terreno ni actividad continuada, se descarta la reactivación

Carmen Delia Aranda
CARMEN DELIA ARANDA Las Palmas de Gran Canaria

Las alarmas volvieron a saltar la semana pasada en el Valle de Aridane al producirse un nuevo enjambre sísmico. En total, entre el jueves y el viernes pasados se produjer on 74 temblores, entre ellos alguno sentido por la población, según los registros del Instituto Geográfico Nacional (IGN). Para tranquilidad de los palmeros, este repunte de la actividad sísmica no responde a una reactivación del sistema volcánico de Cumbre Vieja, sino a una recolocación de los fluidos y gases que emite el magma que reposa en el subsuelo a unos 10 kilómetros de profundidad. Además, desde el sábado hasta este martes al mediodía solo se ha registrado un total de siete terremotos, todos de magnitud inferior a 2.

«El enjambre sísmico es un evento que tiene relación con los fluidos que quedan enfriándose. Debajo de la isla queda mucho magma que genera gases. El movimiento de esos fluidos genera esta actividad», explica sobre este fenómeno el sismólogo del IGN, Itahiza Domínguez. « Al volcán se le revolvieron las tripas», resume gráficamente Domínguez que no descarta que este tipo de episodio se vuelva a repetir en La Palma.

En todo caso, el vulcanólogo señala que no hay motivo para la alarma ya que no se ha producido ninguna deformación del terreno y ni una actividad sísmica continuada que puedan indicar una reactivación del sistema.

De hecho, Domínguez sostiene que este episodio es habitual en la etapa posteruptiva. «Es un proceso muy largo porque el magma va a tardar mucho tiempo en enfriarse. Lo vemos en superficie donde hemos encontrado zonas con temperaturas aún muy altas», explica el sismólogo. En este sentido subraya que en algunas grietas del cráter se puede ver todavía material incandescente que alcanza los 900 grados centígrados. «No sabemos el ritmo al que se va a enfriar pero no vemos que sea un proceso rápido», señala el sismólogo.

Además, añade, el material depositado encima del magma que queda en el sistema hace las veces de aislante, por lo que el calor se conserva durante mucho tiempo. «En estos días de lluvia hemos visto mucho vapor de agua en la zona. Al filtrarse el agua por las grietas sale evaporada», relata el miembro del equipo de vigilancia volcánica del IGN que continúa destacado en La Palma. «Estaremos atentos por si vuelve a producirse un episodio así para ver si hay una aceleración de los seísmos o una deformación del suelo», afirma el vulcanólogo.